¿Se acordarán cuando llegue el día?

¿Se acordarán cuando llegue el día?

De poco sirve quejarse hoy si el día de elegir pueden más la desidia y la falta de compromiso.

13 de octubre 2020 , 12:27 a. m.

No es que se quejen por oficio –aun- que motivos habría para quejarse a diario, para convertirlo en otra de las actividades de rutina–, pero se quejan con una frecuencia que se hace sentir. Y se quejan con razón. Leo sus trinos, oigo sus voces, y encuentro en sus quejas muchas verdades. ¡Hay tantas que comparto! ¡Hay tantas que suscribo a diario! ¡Hay tantas que dicen lo que yo habría querido decir! Protestan con razón. Y saben que la protesta es un derecho, aunque haya quienes quieran borrarlo de la Constitución, aunque haya quienes quieran castigar a los que no están de acuerdo, aunque haya quienes solo quieren oír el eco de una voz: esa voz que incendia y ese eco que retumba, que ensordece, que lastima.

Sí, se quejan con razón y protestan con derecho. Pero les pregunto: ¿se acordarán de sus quejas y de sus reclamos legítimos el día que haya que refrendarlos en las urnas, el día que haya que traducirlos en el más poderoso de los gritos y en la más contundente de las arengas?

Lo pregunto ahora, cuando falta aún tanto tiempo para tener la oportunidad de volver a elegir –¡tanto!, ¡en la relatividad del tiempo hay ciertos gobiernos que se asemejan a la eternidad!–, porque cambiar esa historia de la que hoy se quejan, de la que hoy nos quejamos, está precisamente en manos de los inconformes. De poco sirve quejarse hoy si el día de elegir pueden más la desidia y la falta de compromiso; si la amnesia cae como un velo que impide recordar tantos motivos por los que hoy nos quejamos con razón y con derecho.

Habrá que tenerlo presente cuando llegue la hora: no hay pancarta más poderosa que el voto. Habrá que tenerlo presente y convertirlo desde ahora en un compromiso.

* * * *

Una paradoja enorme: esta noche, a las siete y media, cuando encendamos los televisores en casi todos los rincones del país, estaremos unidos con un solo propósito: animar a nuestra selección de fútbol, hacer fuerza y enviarle la mejor energía con la ilusión de que derrote al onceno de Chile. Y seremos una sola voz. Un solo corazón. Y seguramente –y algunos olvidarán el distanciamiento social y el tapabocas– nos abrazaremos cuando James haga uno de sus pases de lujo y Duván deje el balón en el fondo de la red. Lástima que esa unión y esa capacidad de reunirnos en torno a un solo anhelo solo duren noventa minutos.

FERNANDO QUIROZ
En Twitter: @quirozfquiroz

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