Motivo de gozo

Sin duda, Beethoven puede convertirse en un gran aliado de las horas quietas de la cuarentena.

13 de abril 2020 , 05:04 p. m.

La banda sonora de mi infancia la integran obras de muy variados géneros: el 'Pueblito viejo', de José A. Morales, que mi madre se propuso enseñarme quizás con la única pretensión de que aprendiera a querer la música de mi tierra; la muy festiva 'Danza de la chiva', que repetían Los Melódicos cada vez que en mi casa paterna se prendía la fiesta; algunos tangos con los que le rendíamos homenaje a una tía porteña que los bailaba con especial emoción; las baladas de Mocedades y de Nino Bravo, que mis hermanas repetían sin descanso, y el inmenso repertorio clásico de mi padre, que tenía especial devoción por Bach y por Beethoven.

Era común que los domingos, mientras en la cocina el fuego lento empezaba a alborotar aromas de recetas centenarias, en el estudio en el que mi padre se retiraba largas horas a repasar a Azorín o a Montaigne y a enseñarme las bondades de Dickens, las sonatas de Beethoven alegraran la mañana. Como la alegra ahora, tantas veces, mi pequeña hija cuando interpreta Para Elisa.

A fuerza de estar presente en tantos momentos de mi vida, aquella música se fue metiendo en lo más profundo de mi ser, y no importa cuándo y dónde la oiga, siempre me alegra el alma.

Ahora que el mundo celebra los 250 años del nacimiento de Beethoven, recuerdo que con el primer bono que me regalaron para reclamar un disco compacto la elegida fue la 'Appassionata', una de las sonatas para piano que más me emocionan. Adoro esa fuerza con la que hace honor a su nombre, pero también esos momentos cercanos al silencio en los que parece aludir a la seducción.

Es triste haber tenido que renunciar a los conciertos en vivo que se habían programado en varios escenarios para rendir homenaje a uno de los más grandes compositores de todos los tiempos. Pero, sin duda, Beethoven puede convertirse en un gran aliado de las horas quietas de la cuarentena. Recomiendo, por ejemplo, buscar al pianista y director de orquesta argentino Daniel Barenboim, gran intérprete del músico de Bonn.

En medio de la incertidumbre de estos días, alegrarán el corazón las flautas juguetonas del segundo movimiento de la Quinta sinfonía, el piano travieso del concierto Emperador, los contrastes maravillosos de la sonata Pathétique, la fuerza con la que se impone desde los primeros acordes la Novena sinfonía.

Un enorme motivo de gozo: eso es la música de Beethoven.

Fernando Quiroz
@quirozfquiroz

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