Menos que un piojo

Menos que un piojo

Son poquísimos los expresidentes que gozan de una lucidez como la de José Mujica.

04 de septiembre 2018 , 12:00 a.m.

Cada vez que abre la boca dice cosas inteligentes y conmovedoras. José Mujica lleva mucho tiempo poniendo a pensar a los latinoamericanos, y ahora su buena fama lo ha convertido en una suerte de rockstar que ha cruzado fronteras insospechadas para decir lo que piensa sin tapujos, sin reverencias.

Es cierto que hay muchos que no quieren entender lo que dice este hombre de 83 años que estuvo preso por revolucionario y que más tarde llegó a la presidencia de Uruguay, en donde se convirtió en un modelo de mandatario que muchos quisiéramos para nuestros países. No quieren entender porque sus palabras suelen incomodar, cuestionar y señalar. Porque no se conforma con las cifras oficiales. Porque critica –sobre todo con su ejemplo– las veleidades del poder.

Por estos días, Mujica se encuentra en el Festival de Venecia, en donde dos películas sobre su vida se roban la atención de los asistentes: 'La noche de doce años', del uruguayo Álvaro Brechner, y 'El Pepe, una vida suprema', del serbio Emir Kusturica. Y también en Italia ha lanzado frases que uno se queda masticando con la certeza de que son poquísimos los expresidentes que gozan de tal lucidez.

Mojica fue torturado y vivió momentos muy difíciles, y está convencido de que uno se arma “unos líos bárbaros por nada”.

El periodista Tomasso Koch da cuenta en El País de España de algunas de las anécdotas y de las certezas que sacó a relucir en esta ocasión. Contó sobre esa larga estancia en la cárcel y dijo que “después de la pena de muerte, la soledad es uno de los castigos más duros”, pero también señaló que el hombre aprende más de la adversidad que de la bonanza.

Fue torturado y vivió momentos muy difíciles, y está convencido de que uno se arma “unos líos bárbaros por nada”. Y aunque no sabe muy bien cómo logró sobrevivir –mientras que perdió a muchos de sus compañeros de lucha– cree que por algo “la naturaleza nos puso los ojos hacia delante”, y no se permite el rencor.

Hace poco renunció al Senado porque no quiere estorbar, no quiere convertirse en “un árbol viejo que no deja ver los que hay abajo”: reflexión que tantos otros deberían acatar por el bien de las instituciones y de sus países. Alejado también de las vanidades, se pregunta con humor “¿qué es el legado de un tipo en el universo?, somos menos que un piojo; el legado es haber vivido al mango, con aciertos y con errores”. Y enseña que “triunfar no es tener plata, es levantarse cada vez que uno cae”. ¡Inmenso!

FERNANDO QUIROZ

Columnistas

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