Maravillosa Bogotá

Maravillosa Bogotá

Comparto la admiración por la ciclovía dominical como una suerte de mirador móvil de la ciudad.

09 de diciembre 2019 , 07:00 p.m.

Tiene mucho más que siete maravillas esta Bogotá que anda más viva que nunca. Acepto la invitación que consignó en su columna del fin de semana Ernesto Cortés, editor jefe de este diario, de seguir descubriendo y proponiendo lugares fascinantes de la capital.

Coronada por los imponentes cerros orientales que delimitan su geografía, Bogotá les ha propuesto a los arquitectos de todas las épocas jugar con este marco espectacular. Nadie lo ha entendido mejor que el genial Rogelio Salmona, y para la muestra están las Torres del Parque, con esa geometría que emparenta al mismo tiempo a estos edificios icónicos con el cerro de Monserrate, la plaza de Santamaría y el parque de la Independencia.

También de Salmona, incluiría en el listado de maravillas la biblioteca Virgilio Barco: emocionante descubrir este edificio en medio de ese gran pulmón que es el parque Simón Bolívar, emocionante subir a los techos de la edificación, diseñados a manera de escenario, y emocionante también contemplar la postal capitalina desde el ángulo particular que ofrece.

Adoro ese punto conocido como el Centro Internacional, en el que, desde el imponente Museo Nacional, se contempla la consolidación del modernismo

Comparto con Cortés Fierro la admiración por la ciclovía dominical como una suerte de mirador móvil de la ciudad: resulta fascinante, por ejemplo, recorrer a paso de atleta lento la larga carrera séptima y contemplar esa suma de épocas, de símbolos y de estilos que pueblan la calle más larga de la capital: lo colonial y lo republicano, las sedes del poder político y del económico, la huella viva del crecimiento de la ciudad hacia ese norte que alguna vez fue rural. No es casualidad que sea la carrera séptima escenario principal de las marchas de estos días: y que en ella se sigan dando gritos de independencia.

Adoro ese punto conocido como el Centro Internacional, en el que, desde el imponente Museo Nacional, se contempla la consolidación del modernismo.

Hay muchas más maravillas en Bogotá que espacio en esta columna: ¿qué tal los barrios rojos de Teusaquillo o Quinta Camacho, el cerro de La Conejera, el parque lineal de El Virrey, la vieja estación de La Sabana o la vibrante calle 81 con carrera novena, en plena metamorfosis?

¿Qué tal el café Pasaje, el parque de Usaquén, las empinadas calles de La Candelaria o el sendero diseñado por Karl Brunner –el Park Way–, que permite viajar en el tiempo en medio del inspirador barrio La Soledad?

¡Maravillosa, Bogotá!

@quirozfquiroz

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