Lugares comunes

Lugares comunes

Los comienzos de año nos hacen creer que las cosas van a ser mejores. Y que uno mismo lo será.

07 de enero 2019 , 11:33 p.m.

Hay lugares comunes que evito. Otros que detesto. Ciertas frases, por ejemplo. Fórmulas aprendidas a fuerza de oírlas, y grabadas a fuerza de repetirlas. Pero no me detendré en ellas ahora porque lo que me ocupa es precisamente lo contrario: un lugar común que adoro. El de los comienzos de año que nos hacen creer –aunque sea por un momento, presente aún la espuma de las celebraciones– que las cosas van a ser mejores. Y que uno mismo lo será.

Con ilusión: tanta ilusión que no le permita el paso a la culpa, porque eso de empezar el año dándose golpes de pecho es deprimente.

Ya sé que hay rincones del planeta en donde amanece con evidente pereza los primeros días de enero, y la tarde cae apenas un rato después del almuerzo. Tal vez sea difícil sacar fuerzas y exprimir la imaginación para soñar con un nuevo año radiante en medio de tanta y tan temprana oscuridad. Porque he aquí otro lugar común: el de la felicidad hermanada con los cielos azules. Y ese también me gusta, quizás porque la mayoría de mis comienzos de año los he vivido bajo cielos inspiradores.

La Bogotá de enero no tiene comparación. La fría capital que tanto asusta a los calentanos, la de esa llovizna eterna de la que hablaba García Márquez, vive en estas primeras semanas su efímero verano: y los parques revelan escenas que parecen traídas de la orilla del mar y la algarabía de los niños por fin suena más fuerte que el exceso de vehículos y el rojo de los atardeceres tiñe de ocres maravillosos esos cerros orientales que constituyen el mayor encanto de la ciudad.

También es un lugar común decir que enero es el mejor mes para vivir a Bogotá, cuando millones de quienes la habitan les dejan la verdad de sus montañas imponentes y de sus cielos de dos mil seiscientos metros a unos pocos. Volverán pronto: y casi todos volverán a quejarse de la ciudad de las oportunidades que les tendió la mano. Y con ellos volverán el gris y la realidad de las noticias de un país mal gobernado e inequitativo como pocos.

Y no es que crea en este enero radiante que los males quedaron atrás… pero me tomo la licencia de tener ilusiones. De creer que Colombia es viable. De soñar, por ejemplo, con un país en el que se respete la vida –por lo menos la vida– de los líderes sociales. Lo sueño: aunque las primeras noticias del año pretendan despertarme a la fuerza.

FERNANDO QUIROZ
En Twitter: @quirozfquiroz

Columnistas

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