¿Hay lugar para el optimismo?

¿Hay lugar para el optimismo?

El fútbol o el ciclismo no pueden ser un antifaz que nos impida ver la realidad de un país enfermo.

24 de junio 2019 , 11:18 p.m.

Iba a decir que se vienen tiempos difíciles, pero oí la voz sensata de muchos que conozco hablándome en voz baja y diciéndome que los tiempos difíciles ya llegaron.

Iba a decir, entonces, que quizás van a empeorar. Y asintieron todos aquellos que antes me habían corregido. Todos, menos uno que me trató de pesimista... y me quedé pensando que tal vez tenía razón, que debería ver ese tal vaso medio lleno del que suelen hablar, como disco rayado, los conferencistas de las sonrisas y la actitud positiva.

Y eso iba a decir: que tal vez estaba viendo las cosas con las gafas del pesimismo, pero todos aquellos que habían asentido volvieron a cuestionarme, y me dijeron que, por estos días, la única posibilidad para el optimismo era la desinformación.

Sí. Dijeron que la única posibilidad para ignorar lo mal que anda el país es no haberse enterado del asesinato cruel y doloroso de María del Pilar Hurtado en Córdoba, no haber visto las imágenes indignantes de los agentes de policía que atropellaron a un grupo de ‘skaters’ en las calles de Bogotá, no haber caído en cuenta de que no hay semana en la que no sea asesinado al menos un líder social en Colombia y no haber comprobado la desidia del Gobierno ante esta situación; no haberse enterado de las investigaciones que dan cuenta de la manera como el Ejército presiona a los hombres de la institución que pretenden denunciar las actuaciones ilegales de algunos de sus superiores, no haber visto los testimonios que cuentan cómo se hundió el proyecto para castigar a los corruptos mientras la selección nacional de fútbol jugaba un partido de la Copa América.

La única posibilidad para el optimismo, decían aquellos y digo yo, es haberse limitado a las buenas noticias del fútbol o del ciclismo. Que merecen ser celebradas, pero que no pueden convertirse en un antifaz que nos impida ver la realidad de un país enfermo. Herido de muerte, tal vez.

Ante este panorama desolador, decía en estos días un reconocido presentador radial que este país no era viable. Estaba indignado, como estamos muchos con las noticias que se repiten sin cesar. ¿Será necesario convertir en movimiento la indignación o al menos hacerla más evidente? ¿Será necesario recordarles su indignación a tantos amigos y familiares que suelen sufrir ataques de amnesia cada vez que van a las urnas?

FERNANDO QUIROZ
En Twitter: @quirozfquiroz

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