Secciones
Síguenos en:
Correr

Correr

Correr es una manera de ejercitar el espíritu y acceder a una dimensión más profunda de lo que somos

27 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

Todo eso de lo que estamos hechos se requiere para llegar a la meta: los pies en la tierra, la cabeza en efervescencia, el corazón a buen ritmo, los ojos para admirar y no solo para ver los carteles que anuncian en qué kilómetro vamos... en el caso de las carreras largas y cuando se corre en otras ciudades, admirar es una motivación enorme y una fuente de distracción bastante útil mientras la energía se va consumiendo.(Lea además: Sin cortapisas)

De todo eso se requiere. Y de los músculos, por supuesto. Casi todos. Muchos, incluso, que ni siquiera sabíamos que existían, hasta que decidieron hacerse sentir a la vuelta del kilómetro catorce o del diecisiete, y que son como un pequeño tornillo de esa maquinaria admirable que es el cuerpo humano.

Y de la posibilidad del gozo –que en algunos es una vocación y en otros tan solo un reflejo– convertida en ganas y convencida de que, después de cruzar la meta, será la dueña de la escena.

También de la terquedad, que es un paso adelante de la voluntad, y que muchas veces es lo único que queda cuando se han agotado los músculos y la meta parece aún lejana. Entonces toma el control de la situación sin pedir permiso, sin levantar la mano, y nos recuerda que habíamos soñado con esa carrera, que muchas mañanas madrugamos para entrenar sin importar si hacía frío o caía la lluvia, que deshicimos muchos otros planes al elegir este. Así, cuando estamos a punto de tirar la toalla, la terquedad nos saca adelante. Y, si es necesario, acude a la vergüenza y se alía con ella; esa que nos recuerda que hay mucha gente esperando para preguntar cómo nos fue, y no querremos decirle que nos rendimos.

Hay quienes dicen que los primeros kilómetros de una carrera se corren con músculos y pulmones, y los últimos a punta de cabeza. Adhiero. Y añado ese algo que nos habita que no es carne ni pensamiento, y que no hace falta descubrir en otro templo que el propio cuerpo. Correr es, sin duda, una manera de ejercitar el espíritu, de acceder a una dimensión más profunda de esto que somos, de esto que vemos a primera vista al contemplarnos. En algunas ocasiones, más que un deporte, correr es un ritual.

Han vuelto las maratones –Madrid, Berlín y Londres por estos días– y a los que nos gusta conjugar de manera asidua y religiosa el verbo correr estamos felices. Este fue otro de los planes que la pandemia arruinó por largo tiempo.

FERNANDO QUIROZ
@quirozfquiroz

(Lea todas las columnas de Fernando Quiroz en EL TIEMPO, aquí)

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.