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Los últimos días de Gabo

Los últimos días de Gabo

Un libro íntimo y nostálgico que los admiradores de García Márquez nos hemos volcado a leer.

24 de mayo 2021 , 09:25 p. m.

Cuenta su hijo Rodrigo que Gabriel García Márquez lamentaba de la muerte, que sería la única faceta de su vida sobre la cual no podría escribir.

Y, aunque diarios, revistas y telenoticieros de todo el mundo dieron cuenta de su deceso y vimos salir de su casa en la calle Fuego el vehículo que llevaba su cuerpo inerte y compartimos en la distancia el homenaje que ofrecieron en su honor en ese bello templo de la cultura mexicana que es el Palacio de Bellas Artes, aunque lamentamos su muerte como tantas veces celebramos su vida, apenas ahora tenemos la oportunidad de descorrer el velo, cruzar la frontera de la intimidad y asomarnos a la habitación en la que se apagó la vida del colombiano más importante de la historia.

Gabo no pudo escribir sobre su propia muerte, pero lo hizo su hijo Rodrigo, cuyo oficio también es el de contar historias, solo que en el cine y en la televisión. Durante la agonía de su padre y en los días siguientes a su muerte, tomó notas y consignó recuerdos que le dieron forma a Gabo y Mercedes: una despedida, un libro pequeño, íntimo, nostálgico que acaba de aterrizar en las librerías, y que los admiradores de García Márquez nos hemos volcado a leer, como un nuevo homenaje a quien nos ofreció tantas horas de buena lectura y le dio a este país sojuzgado y violento tantos motivos de regocijo.

Más allá de las reflexiones sobre la muerte de sus padres –hay un capítulo dedicado a la despedida de su madre, a quien Gabo consideraba el personaje más sorprendente que había conocido–, el libro de García Barcha ofrece anécdotas sobre la vida privada de un hombre público e inmensamente famoso, da cuenta de la disciplina con la que complementó su desbordado talento, revela detalles dolorosos de la pérdida de la memoria que lo agobió en los últimos tiempos, aunque también de los destellos de buen humor con que le sacó punta a su enfermedad, mientras pudo: “Estoy perdiendo la memoria, pero por suerte se me olvida que la estoy perdiendo”.

Y, así como cuenta que, tal vez a la luz de lo literario, Gabo decía “nada interesante me ha pasado después de los ocho años”, Rodrigo García reconoce que “ningún director, escritor, poeta –ninguna pintura ni canción– han influido más en mí que mis padres, mi hermano, mi esposa y mis hijas. Casi todo lo que vale la pena saber se aprende todavía en casa”.

Fernando Quiroz@quirozfquiroz

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