Secciones
Síguenos en:
Antes

Antes 

Antes de mirarlos a la cara y juzgar deberíamos entender que en esos cuerpos había más que piel.

10 de mayo 2021 , 09:25 p. m.

Antes de mirarlos a la cara y suponer –maldita manía de suponer, de juzgar, de pensar por los demás–, antes de buscar banderas o insignias, tatuajes o leyendas, antes de mirar a las manos de aquellos que han caído y comprobar que llevan, quizás, un bolígrafo para disparar palabras en las hojas en blanco –en las temidas hojas en blanco–, una estampa que a la postre no resultó efectiva, una argolla en nombre de ella o en nombre de él y de aquellos que vinieron en nombre de ambos, por quienes tantas veces se han jugado la vida, antes de determinar si esa mancha es de la tierra en la que han caído o de la pólvora que ha salido de sus manos o que ha llegado a ellas desde el otro lado de la calle –que es, a veces, y sobre todo en estos días, otro flanco, otra manera de pensar, otra patria que en realidad no es otra, pero que así lo parece–, antes de buscar detrás de la tierra, de la pólvora y de la sangre que cubre su cara si es aquella la piel de un joven y decir –se dicen tantas cosas y con tanta facilidad desde la barrera– que han debido guardarse la rebeldía para otras causas, para otros escenarios –tal vez los virtuales, ahora que tratamos de acostumbrarnos o ahora que nos negamos a aceptarlo... para el efecto da lo mismo–, antes de imaginar que andaba allí a escondidas de los que se atrevieron a advertirle que no fuera –y hay que aceptar que la imaginación se toma atribuciones de jueces, de oráculos y a veces de matronas–, antes de decir que andaba por allí cumpliendo órdenes que ni siquiera entendía o que andaba allí porque le habían metido ideas raras en la cabeza, y limitar así la capacidad que tuvo de tomar sus propias decisiones, de ejercer su voluntad, de ir en contra de la corriente si le daba la gana o, si le daba la gana, de plegarse al designio de la tribu, antes de llamarlo incendiario o represor, desobediente o alienado, guerrillero o torturador, antes incluso de desearle que descanse en paz –porque nadie nos ha asegurado que en adelante venga el descanso o venga alguna posibilidad, algún mundo o alguna dimensión– deberíamos –simplemente lo propongo, lo insinúo nada más– entender que en ese cuerpo había mucho más que piel y sangre y músculos y esos huesos que quedaron hechos astillas, había una vida que sintió, que soñó, que buscó, que pretendió, que quiso, y que no ha debido terminar así.

Fernando Quiroz@quirozfquiroz

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.