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No tan rápido

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¿Hay alguien que no haya estado a punto de ser atropellado por un mensajero en bicicleta o en moto?

12 de abril 2021 , 01:13 p. m.

Acabo de llegar a casa, luego de haber estado a punto de ser atropellado dos veces en un mismo día por mensajeros que se movilizaban en bicicleta. El primero de ellos, en bicicleta motorizada. A pesar del llamativo color naranja que llevaban a manera de insignia, no advertí su presencia a tiempo. En el primer caso, porque el hombre avanzaba en contravía y a gran velocidad. Esperaba la luz verde en el semáforo peatonal de la calle 65 con carrera 4.ª, cuando sentí el roce de la bicicleta. En el segundo caso, porque caminaba en familia –niños y ancianos incluidos en el plan– cuando el mensajero irrumpió en un camino peatonal del parque del Virrey.

Hoy fueron dos de la compañía que se distingue por el color naranja los que estuvieron a punto de arrollarme. Pero me ha sucedido con repartidores de muchas firmas, de diversas tiendas, de muy variados uniformes. Y suelto una pregunta, al menos para quienes viven en Bogotá: ¿hay alguien que pueda levantar la mano y decir que en los últimos años no ha estado a punto de ser atropellado por un mensajero que se moviliza en bicicleta o en moto?

Tal vez las autoridades no han advertido el peligro, de manera que puedan tomar con urgencia y decisión las medidas necesarias para corregir este problema que se está saliendo de cauce y que está afectando la calidad de vida de los ciudadanos.

Pero antes que represión se requiere educación. Es lamentable que los empresarios de las grandes agencias de mensajería no se hayan ocupado de instruir adecuadamente a sus empleados en el respeto por los peatones y en las normas básicas de la movilidad.

Por cierto, ¿son estos mensajeros empleados formales de las empresas que les asignan los pedidos? ¿Tienen estas empresas mecanismos para controlar el buen comportamiento de los repartidores?

Y eso para no hablar de las normas de higiene, sobre las cuales me asaltan grandes dudas: solo hace falta verlos en las esquinas a la vuelta de las zonas en donde se concentran los restaurantes. ¡Juzguen ustedes!

Lo más grave es que el servicio a domicilio se ha multiplicado de manera sorprendente durante la pandemia. La firma Rappi, por ejemplo, se ufana de contar con más de 400.000 rappitenderos. Les creo: aparecen por todas partes y en todas las direcciones.

Es hora de tomar medidas y de recuperar el placer de caminar por las calles bogotanas.

Fernando Quiroz@quirozfquiroz

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