Ahora, la ilusión

Ahora, la ilusión

Son tiempos propicios para la ilusión. Al fin y al cabo, es una puerta que se abre al inicio de año.

04 de enero 2021 , 09:25 p. m.

Oía en la mesa de al lado, que no estaba tan al lado por aquello del distanciamiento, a una pareja que discutía sobre lo bueno y lo malo que nos dejó el coronavirus en 2020. Él trataba de exprimir el jugo de una fruta bastante más seca de lo que él quería imaginarla. Con más fantasía que optimismo, quizás. Ella, en cambio, convencida de que la cosecha se había echado a perder, no encontraba algo para rescatar del peor año de su vida. Así lo veía. Y así lo decía, sin atenuantes.

Que nos reunió en familia y nos evitó desplazamientos y nos hizo un poco más solidarios, decía él.

Patrañas, decía ella. Nos encerró, nos alejó de la gente que queremos, nos llenó de pánico, arruinó a muchos y enloqueció a unos cuantos.

Allí estaban, en todo caso, celebrando el comienzo del año de la ilusión.

No tuvo aquella mujer el pesimismo suficiente –que muchos exhiben por estos días– para decir que este año será una copia del que acabamos de sepultar. Que ya vamos por el segundo pico, engordado por los desórdenes de fin de año, y las clínicas no darán abasto. Que la vacuna, demorada e insuficiente, no solucionará el problema tan pronto como quisiéramos. Que regresó la cuarentena, que se habla de nuevas cepas del virus, que el personal médico es escaso.

Pudo más la ilusión. Al fin y al cabo, es una de las puertas que se abren al comienzo de los años, y dura no más que unos pocos días. Pero basta con cruzarla para refrendar las ganas de vivir y de gozar: precisamente dos de los verbos más amenazados por causa de la pandemia. Para planear tantas cenas aplazadas, para abrazar a los que llevamos tantos meses viendo no más que a través de las pantallas, para imaginar vuelos más allá de las fronteras imaginarias que en todo caso han cerrado, para sentarnos de nuevo en las barras e intercambiar unas cuantas palabras con aquel que las atiende y que oficia no solo como mezclador de bebidas, sino también como confesor y consejero.

Son tiempos propicios para la ilusión, multiplicados este año por el virus infame. Por las ganas de recuperar el tiempo perdido... Como si en realidad fuera posible recuperar aquellas horas en las que el destino nos cambió el libreto y nos propuso representar un papel que no habíamos estudiado: nos obligó a improvisar. Otro aprendizaje que el hombre de la mesa de al lado podría sumar a su listado.

Fernando Quiroz@quirozfquiroz

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.