¿Y la voluntad de paz del Gobierno?

¿Y la voluntad de paz del Gobierno?

Es inmensa la incertidumbre que genera la decisión del presidente Duque sobre el futuro de la JEP.

13 de marzo 2019 , 07:00 p.m.

El anuncio de las seis objeciones a la ley estatutaria de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) por el presidente Iván Duque no sorprendió a nadie, a pesar del enorme desconcierto entre un sector de la sociedad que ha apoyado la creación de ese tribunal de justicia transicional para finalizar el conflicto con las Farc.

Durante la alocución presidencial del domingo pasado, muchos líderes de opinión y de la política concluyeron de manera inmediata que Duque había dado finalmente el golpe que haría trizas el acuerdo de paz, como muchos de sus copartidarios lo han deseado. Debe decirse que se trata de una tesis que, aunque cargada de merecida preocupación, es exagerada, dado que el acuerdo de paz hace parte del marco constitucional y su futuro está más allá de las voluntades de los políticos de turno.

Como su propia presidenta lo ha dejado claro, la JEP mantendrá todas sus competencias a pesar de los vacíos en materia de procedimiento y funcionamiento por la falta de la ley estatutaria.

También debe decirse que la objeción de la ley estatutaria de la JEP, un tribunal que ya ha entrado en funcionamiento, de ninguna manera puede equipararse con la eliminación de su existencia. Como su propia presidenta lo ha dejado claro, la JEP mantendrá todas sus competencias a pesar de los vacíos en materia de procedimiento y funcionamiento por la falta de la ley estatutaria. Que la JEP haya sobrevivido a un gobierno crítico de su propia existencia, como tantas veces el presidente Duque y miembros de su partido lo han manifestado en sus discursos, demuestra que el acuerdo de paz cuenta con una institucionalidad sólida.

Sin embargo, es inmensa la incertidumbre que genera la decisión del presidente Duque sobre el futuro de la JEP y su funcionamiento. En primer lugar porque al facultar de nuevo al Congreso para darle forma a la estructura del acuerdo de paz, serán muchos los interesados en incidir en la normativa final desde sus propios intereses. Esto último es especialmente grave si se tiene en cuenta que el presidente Duque no cuenta con una mayoría significativa en el Congreso, donde ya ha pasado por momentos difíciles en busca de la aprobación de la Ley de Financiamiento y del Plan de Desarrollo.

En ese sentido, Duque se jugará en el Congreso un capital político que todavía no está claro que tenga, y las presiones que recibirá, empezando por el propio partido de gobierno, serán inmensas, dado que durante años varios pesos pesados de esa bancada han dejado claro que sus críticas a la JEP no son un asunto de forma ni de detalles menudos. Han sido muchas las voces que desde el partido de gobierno han atacado desde el día cero la opción de acabar con el conflicto armado por medio de un tribunal de justicia transicional. Sería optimista esperar que las fuertes críticas del amplio sector que se identifica con esa narrativa (el mismo que eligió como presidente a Duque) serán resueltas por medio de algunos cambios puntuales a la ley estatutaria de la JEP.

Otra de las mayores preocupaciones sobre el largo camino que le espera a la ley de la JEP radica en el hecho de que tanto el presidente Duque como el presidente del Congreso, Ernesto Macías, se han caracterizado por sus largas demoras a la hora de tomar decisiones relacionadas con el acuerdo de paz. Así ocurrió con la ley estatutaria de la JEP, que antes de llegar al Palacio de Nariño permaneció largas semanas sobre el escritorio del presidente del Congreso, y con el nombramiento por el presidente Duque de directores de entidades claves para el posconflicto.

El Presidente de la República y su partido político, en quienes depende en buena parte el futuro de la JEP, han manifestado varias veces que también apoyan la búsqueda de una paz definitiva, aunque han mantenido sus críticas sobre algunos elementos del acuerdo. Debe decirse que el Centro Democrático ya ha tenido al menos dos oportunidades históricas para incidir de manera constructiva en la construcción de un mejor acuerdo de paz. La primera tuvo lugar tras la derrota del primer acuerdo en el plebiscito. En esa ocasión, los líderes del No sostuvieron encuentros con el equipo negociador, pero finalmente decidieron mantenerse a un lado, con claras miras electorales.

La segunda oportunidad de alcanzar una paz más incluyente, que hasta ahora no dan señales de haber aprovechado, la lograron al ganar la presidencia. Por eso son razonables, cuando menos, las dudas sobre la voluntad política del partido de gobierno a la hora de construir una mejor ley estatutaria de la JEP.

@fernandoposada_

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