Uribe y Petro: dos llamados a la resistencia civil

Uribe y Petro: dos llamados a la resistencia civil

Han cuestionado la legitimidad del gobierno de turno, pudiendo causar daños a la institucionalidad.

22 de julio 2020 , 09:25 p. m.

Pocos conceptos resultan tan ambiguos ante los ojos de la ciudadanía como el de la ‘resistencia civil’ que hace poco fue convocada por el senador Gustavo Petro. Hace cuatro años, el expresidente Álvaro Uribe había acudido a una figura muy similar, que trajo más preguntas que hechos puntuales. A los llamados de los dos los unen la sed de impacto mediático y el deseo de enviar mensajes de ultimátum político que, al final de cuentas, no traen ningún cambio sustancial a la realidad política.

La idea de la resistencia civil fue introducida en 1849 por el escritor y pensador norteamericano Henry David Thoreau. En su ensayo titulado ‘Resistencia al gobierno civil’, Thoreau explicaba que ante las “leyes injustas” los ciudadanos están en su derecho de buscar mecanismos para la “negación práctica y deliberada de su autoridad”. No en vano, tal como cuenta su ensayo, Thoreau decidió dejar de pagar impuestos al Estado a modo de protesta y fue detenido en una cárcel de Massachusetts en consecuencia. Los postulados de Thoreau fueron devueltos al debate público décadas más tarde por líderes como Gandhi y Martin Luther King.

En Colombia, la resistencia civil fue durante una inmensa parte de la historia un concepto poco utilizado en la agenda nacional, quizás por la fuerte estigmatización de términos como el de ‘resistencia’ en el contexto del conflicto. Hasta que a mediados de 2016, y en plena recta final del proceso de paz con las Farc, la muy radical oposición uribista contra el gobierno Santos había agotado casi todas sus estrategias mediáticas para reiterar sus tres o cuatro tesis en contra de los diálogos. Entre ellas rezaban enunciados como que el acuerdo llevaría al país al borde de la impunidad, que las Farc llegarían al poder por la vía democrática y que Colombia repetiría la marcha fracasada hacia el socialismo que tanto sufrimiento ha causado en Venezuela. El tiempo ha permitido saber con claridad, por si acaso quedaban dudas, que aquellas desproporcionadas advertencias estaban lejos de convertirse en realidad.

Pero cuando la repetición sistemática de esos postulados parecía ser insuficiente para el uribismo en su búsqueda de eco mediático y de golpes a la credibilidad del gobierno Santos, dar un siguiente y más drástico paso parecía ser la solución. En mayo de 2016, cinco meses antes de la votación del plebiscito por la paz, el expresidente Uribe logró un golpe de opinión al convocar a la resistencia civil. En ese entonces, definió aquel movimiento —que poco se movería— como “la suma de un gran grupo de ciudadanos” en contra de lo que llamaba, como bien es recordado, la “entrega de Colombia a las Farc”. Desde luego que semejante ‘entrega’ jamás tuvo lugar, aunque sí resultó útil esta narrativa para el proyecto del regreso al poder del uribismo.

Lo curioso es que la resistencia civil uribista, a pesar de recibir inmenso cubrimiento mediático, se quedó en poco más que palabras, jornadas de recolección de firmas contra la JEP y tendencias en las redes sociales. En esencia, su impacto fue mediático y su mayor logro fue la amplia difusión de los planteamientos del uribismo contra el proceso de paz. Y si bien no afectó de manera directa al gobierno de turno, sí consiguió elevar dudas sobre su legitimidad, acusándolo de buscar nada menos que la ‘entrega’ de la institucionalidad a un grupo armado ilegal.

Por otro lado —y desde la contraria orilla política—, el excandidato presidencial Gustavo Petro ha convocado en las recientes semanas, y con solo cuatro años de diferencia con aquel intento uribista, a una resistencia civil que también ha despertado preguntas de todo estilo. Acusando al gobierno Duque de ilegítimo y de haberle robado las elecciones en 2018, Petro ha llamado a la resistencia civil, insistiendo en métodos que ningún defensor de la institucionalidad debería celebrar en momentos tan complejos, como la suspensión de los pagos de servicios públicos.

Este llamado a la resistencia civil ha significado una larga jornada de visibilidad para Petro, a quien medios de comunicación del país entero han buscado para averiguar más sobre su ambigua invitación. Sus seguidores, desde luego, han amplificado notoriamente el alcance de esta convocatoria desde las redes sociales. Y aunque desde hace varias semanas Petro ha insistido en que la ciudadanía debe movilizarse desde las calles —tamaña irresponsabilidad en plena pandemia—, hasta ahora ninguna movilización ha tenido lugar.

¿Qué tienen en común las resistencias civiles convocadas por Uribe y Petro con apenas cuatro años de diferencia, desde orillas diametralmente opuestas? En esencia las unen los cuestionamientos directos a la legitimidad del gobierno de turno (aunque en esto Petro ha sido más enfático), en medio de palabras y acciones que pueden causar serios daños a la institucionalidad. Pero, sobre todo, el mayor logro de estos llamados a la resistencia civil ha sido su gran impacto mediático, quedándose al final del día en poco más que titulares que refrescaron la vigencia de sus líderes.

Tanto Petro como el uribismo han gozado al recordar a Gandhi desde sus llamados, pero han sido incapaces de lograr la más mínima acción concreta por medio de esa figura. Si algo han conseguido estas dos campañas, es inflar la imagen personalista e intimidante frente a la institucionalidad de estos dos líderes, y darle una connotación de miras electorales a una figura sagrada de la ciudadanía.

Fernando Posada
Twitter: @fernandoposada_

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