Una nueva ciudadanía

Una nueva ciudadanía

El resultado de la consulta popular anticorrupción representa un logro histórico.

01 de septiembre 2018 , 12:00 a.m.

Los 11,67 millones de votos alcanzados por la consulta anticorrupción han marcado un hito en el capítulo de la participación y el activismo político en Colombia, al superar cualquier precedente en la historia de la votación a favor de una causa de interés nacional. El resultado alcanzado por la consulta hace evidente el surgimiento de una nueva ciudadanía colombiana que desde el descontento y la indignación demanda transformaciones reales.

Lejos de haber significado una derrota, el resultado de la consulta popular anticorrupción representa un logro histórico de proporciones hasta ahora desconocidas por el país, a pesar de no haber alcanzado el altísimo umbral del 33 por ciento del total del censo electoral. Para entender la magnitud de la manifestación del pasado domingo es necesario citar algunos de los más recordados episodios de la historia moderna por medio de los cuales la ciudadanía expresó sus deseos de transformación y de rechazo hacia las prácticas de la política tradicional.

Según señala la investigadora Julieta Lemaitre, existe registro de al menos 1,3 millones de ‘séptimas papeletas’ simbólicas en las urnas durante las elecciones de marzo de 1990, lo que llevó a la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente. Hasta la fecha es recordado como el proceso de participación ciudadana con mayor impacto en los años recientes del país. Y la ‘ola verde’ convocada por Mockus en el 2010, otro de los movimientos más emblemáticos por su distancia de la política partidista y su llamado a la activa participación ciudadana, alcanzó un total de 3,6 millones de votos en la segunda vuelta presidencial de ese año.

El reto mayúsculo de ese movimiento será conseguir que el multitudinario mensaje de rechazo contra la corrupción se traduzca en medidas concretas.

Más recientemente, un total de 6,38 millones de colombianos aprobaron con su voto el acuerdo de paz con las Farc en el plebiscito de octubre del 2016 (mientras que 6,43 millones optaron por rechazarlo). Así mismo, durante la contienda presidencial de este año, dos candidatos ajenos al sistema partidista tradicional sorprendieron por su capacidad de convocatoria, desde plataformas políticas convocadas por firmas ciudadanas: Sergio Fajardo, quien en primera vuelta logró 4,6 millones de votos, y Gustavo Petro, que luego de alcanzar un lugar a la segunda vuelta obtuvo 8 millones de votos, marcó el récord electoral de la izquierda en Colombia.

A comparación de todos los anteriores precedentes históricos, la votación obtenida por la consulta anticorrupción es inédita. Ningún partido o jefe político se ha acercado a un resultado similar a esos 11,67 millones de votos a lo largo de la historia del país. Lo anterior evidencia el surgimiento de una ciudadanía cada vez más activa, que demanda reformas y soluciones estructurales para los problemas que más entorpecen la prosperidad del país. Aquella noción de que Colombia es una nación mayoritariamente conservadora lentamente tambalea, mientras que las estadísticas electorales demuestran que un creciente número de votantes piden cambios con urgencia y prefieren opciones de renovación.

Y al mismo tiempo queda claro que un sector del país cada vez menor, pero que aún conserva un inmenso poder político y económico, busca frenar esas transformaciones (que tarde o temprano tendrán que llegar). Los grandes perdedores de la jornada fueron precisamente los jefes políticos que les apostaron a la división y a la desinformación para evitar la participación de millones de colombianos. Para muchos líderes el egoísta cálculo era sencillo: sin sus votos, la consulta a duras penas alcanzaría la mitad del umbral, y entonces podrían demostrar, por medio de su ausencia, su inmenso poderío como electores. Pero el tiro les salió por la culata y la consulta, sin ellos y a pesar de ellos, estuvo a escasos 500.000 votos de alcanzar el objetivo. Una ausencia que a duras penas se sintió y que, en cambio, dejó en evidencia la terquedad y la mezquindad de algunos sectores políticos.

En el centro del trascendental resultado de la votación de la consulta se concentra una creciente congregación ciudadana que comparte como común denominador el llamado a la erradicación de las prácticas corruptas en la política. El reto mayúsculo de ese movimiento será conseguir que el multitudinario mensaje de rechazo se traduzca en medidas concretas para enfrentarlas desde la legalidad y en mantener despierto el interés ciudadano frente a la causa anticorrupción. A su vez, será fundamental para el futuro de las transformaciones demandadas que aquella nueva ciudadanía prefiera optar siempre por el camino de la defensa de la institucionalidad antes que caer en las tentaciones del populismo.

FERNANDO POSADA

Columnistas

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