Un peligro llamado xenofobia

Un peligro llamado xenofobia

Cualquier ciudadano extranjero en Colombia tiene derecho a vivir una vida digna y a no ser vulnerado

02 de marzo 2020 , 07:40 p.m.

La semana antepasada un video que circuló en las redes sociales y en la televisión mostró el lado más insensible y agresivo de una ciudadana colombiana, a quien no le faltó vergüenza para atacar a dos venezolanos en una zona residencial de Bogotá. El inaceptable episodio nos recuerda una tesis que debería ser un imperativo para todos los líderes políticos y los gobiernos en tiempos de migraciones masivas: que la totalidad de sus fuerzas y capacidades deben destinarse a evitar cualquier forma de violencia contra los migrantes.

Porque la desinformada y nada solidaria ciudadana colombiana parecía no tener idea de que en un Estado como el colombiano cualquier ciudadano extranjero tiene garantizados los mismos derechos humanos que los locales. No solo sus ataques carecían de la más mínima humanidad, sino que también faltaban a la verdad. El hombre venezolano a quien le dijo que en el país “no tiene voz ni voto” en realidad cuenta no solo con el mismo derecho a la libre expresión que la irrespetuosa mujer, sino que también puede registrarse en cualquier puesto de votación, como todos los extranjeros residentes en el país, y votar en elecciones de autoridades locales, como lo garantiza la Ley 1070 de 2006. Voz y voto sí tiene en Colombia.

El ciudadano venezolano atacado de manera injusta, que soportó con inmenso respeto la gritería y las ofensas de aquella señora, merece las más sinceras excusas de parte de la totalidad de la ciudadanía colombiana, que de ninguna manera se identifica o se ve representada por ese discurso intolerante, pero sobre todo insensible ante la tragedia ajena. Y debe recordarse, de paso, que en nuestro país todos los ciudadanos extranjeros cuentan con el mismo derecho de cualquier colombiano a expresarse en total libertad y a que su tranquilidad sea respetada en todo momento.

Pero por encima de todo, cualquier ciudadano extranjero en Colombia tiene derecho a vivir una vida digna y a nunca ser vulnerado –mucho menos de manera premeditada–. Porque ataques como el visto en aquel video divulgado en las redes sociales no solo muestran lo peor de la condición humana, ciega ante el sufrimiento del otro y capaz de pronunciar palabras de odio sin ningún tipo de vergüenza, también evidencian la forma en que personas que han llegado a Colombia en medio de profundos dramas personales y familiares son revictimizadas por medio de tratos crueles. Los colombianos no podemos caer en semejante carencia de humanidad.

Nadie merece pasar por algo así, y en Colombia –un Estado social de derecho– un ataque de ese calibre no puede pasar por alto sin consecuencias para sus perpetradores. Precisamente porque uno de los mayores retos que enfrenta la nación colombiana en estos tiempos de migración masiva desde Venezuela es eliminar cualquier forma de prejuicios y malos tratos hacia los migrantes, garantizando el respeto de los derechos humanos y la dignidad de los varios millones de venezolanos que han llegado al país buscando un mejor futuro.

Y es ahí donde una inmensa responsabilidad cae sobre los partidos políticos y las instituciones de gobierno, pues son los responsables inmediatos de que el respeto por los derechos humanos de los más vulnerables sea garantizado. Ningún sector político que se defina como sensato –una virtud de por sí difícil de encontrar en la política por estos tiempos– debe hacerle el juego a los discursos de la xenofobia ni darle lugar a ambigüedades frente a un asunto que merece un rechazo categórico y nada menos que eso.

Pero sobre todo porque pocos países han sufrido tanto la estigmatización de sus ciudadanos en decenas de naciones como Colombia, como para repetir desde su propio territorio los tratos inhumanos de los cuáles durante tantas décadas han sido víctimas en el exterior. Culpar a los venezolanos que recientemente han llegado al país, como algunos insisten, de nuestras desgracias y nuestros problemas como país es una salida mediocre y distante de la realidad que a ningún futuro sostenible conduce, y sí abre la puerta a riesgos inmensos que ningún Estado comprometido con el respeto de los derechos humanos puede permitir.

¡Frenar cualquier forma de discursos xenófobos es responsabilidad de todos nosotros!


Fernando Posada
Twitter: @fernandoposada_

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