La falacia de la edad

La falacia de la edad

Rara vez la participación de un joven en un debate termina sin haber enfrentado ese argumento.

19 de enero 2020 , 11:43 p.m.

Con inmensa frecuencia, quienes vivimos ahora mismo el turno de ser jóvenes debemos enfrentar toda forma de maromas argumentativas en escenarios de debate con un objetivo evidente: el intento de descalificación –casi siempre fallido– de nuestras posturas, con motivo de nuestra juventud.

Es casi una regla general que en contextos de debate, si algún joven osa cuestionar las decisiones del líder político de la predilección de algún contertulio, este responda haciendo alusión a su corta edad, intentando desvirtuar su argumento. “¿Usted cuántos años tenía cuando eso ocurrió?”, suele ser una salida recurrente en esos debates, seguida usualmente por un comentario de calidad anecdótica: “porque mientras usted era un niño, yo sí tuve que vivir ese momento y lo recuerdo muy bien,” agrega.

Rara vez la participación de un joven en un debate –sea desde un privilegiado espacio televisado o en la intimidad de una cena familiar– termina sin haber enfrentado ese argumento abundante en falacias. Su objetivo, antes que demostrar los errores y las contradicciones en una tesis ajena, es descalificar a quien lo enuncia, y no por las falencias y vacíos de su contenido argumentativo, sino por algo tan elemental como los años que ha vivido.

La falacia de la edad no puede seguir manteniendo terreno en el debate público, no solamente por la manera en que reduce el nivel argumentativo de las discusiones, sino también porque descalifica a los más jóvenes sin siquiera tener en cuenta su conocimiento. Es precisamente por los vacíos casi infinitos que nos atormentan que tantos jóvenes y viejos hemos decidido informarnos más allá de lo que nuestro contexto nos ha permitido intuir y presenciar de manera directa. Para llenar nuestros vacíos más profundos es que la humanidad ha desarrollado formas de conocimiento asombrosas y en constante transformación, capaces de inspirar e informar a cada nueva generación que llega al mundo.

Porque si fuera por la falacia de la edad, escasamente podría hablarse de eventos históricos anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Sencillamente porque cada vez existen menos sobrevivientes de momentos de la historia previos a ese y, según aquel absurdo razonamiento, la forma testimonial del conocimiento es la única válida, o más valiosa que todas las demás. Siendo así, alguno de los cada vez menos sobrevivientes de aquel momento histórico –sin importar qué tan sabio o ignorante sea– podría decirle a un ilustrado pero más joven historiador que su entendimiento sobre esa complejísima guerra no es adecuado. ¿Por qué? Porque “todavía no había nacido.”

Este ejemplo, elevado por la exageración, deja en evidencia algo de lo más elemental: en una discusión seria y balanceada –es decir, al lado contrario del fanatismo y lo irracional– poco puede importar la edad de los participantes si el conocimiento y la información están del lado de ambos. Así como la vejez no es garantía de sabiduría, tampoco la juventud es sinónimo de ignorancia por la falta de años vividos. La experiencia de primera mano no es siempre prueba de conocimiento, y en cambio sí puede inducir a sesgos.

Pero sobre todo porque es una tarea pendiente en el debate público avanzar hacia formas más sólidas y valiosas de información, y distanciarse de los métodos más primitivos. Reducir el conocimiento a las vivencias de primera mano es restar un inmenso espacio a la conceptualización y el análisis a profundidad, formas de estudio que solo los años pueden ofrecer y que están al alcance de todos, jóvenes y viejos.

Y más aún: ¿no es deber de todos, sobre todo los más viejos, motivar a los jóvenes a preocuparse por los asuntos más agudos de su presente y su pasado, y adoptar posiciones innovadoras y sensatas al respecto? Definitivamente la descalificación nunca será el camino hacia ese destino –y menos cuando se recurre a argumentos tan absurdos como la falacia de la edad para ese fin–.

FERNANDO POSADA
En Twitter: @fernandoposada_

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