El inconveniente proyecto de voto para militares y policías

El inconveniente proyecto de voto para militares y policías

Podría ser el primer paso de un proceso de politización con destino incierto y de riesgos profundos.

14 de septiembre 2020 , 10:19 p. m.

Es verdaderamente peligroso e inconveniente el proyecto de ley que busca reformar la Constitución para permitir el voto de los miembros activos de la Fuerza Pública. La ventana para que los militares y policías en ejercicio participen en elecciones va en contravía del necesario proceso de profesionalización y despolitización de las Fuerzas Armadas en una era que demanda un respeto irrestricto hacia la institucionalidad y los derechos humanos.

El proyecto de ley presentado por el senador Édgar Palacio, del partido cristiano Colombia Justa Libres, busca acabar con la separación entre las Fuerzas Armadas y la política electoral que desde mediados del siglo XX tomó forma de ley (aunque no siempre se cumplió). La prohibición de la participación electoral de los miembros activos de la Fuerza Pública fue también enunciada con claridad en la Constitución del 91: el artículo 219 reglamenta que “los miembros de la Fuerza Pública no podrán ejercer la función del sufragio mientras permanezcan en servicio activo, ni intervenir en actividades o debates de partidos o movimientos políticos”.

La separación entre las Fuerzas Armadas y la participación política se ha buscado mantener por casi cien años en Colombia, haciendo caso a un principio elemental y fundamental de la teoría política: que el Estado deposita en sus Fuerzas Armadas toda su capacidad de ejercer la fuerza, y estas, a cambio, deben garantizar al Estado y a la ciudadanía su absoluta obediencia al orden institucional. Cualquier posible politización de las Fuerzas Armadas representa un riesgo inmenso a esa búsqueda permanente de estabilidad y separación de poderes por parte de los Estados. La historia nos recuerda que las afiliaciones políticas y las divisiones de esa naturaleza entre la Policía y el Ejército durante los años de la Violencia condujeron a numerosos horrores que dejaron claro que una línea muy gruesa debe separar a los cuarteles de la política.

Es por eso que abrir la puerta hacia la politización y el activismo en instituciones sobre las cuales recae tanta responsabilidad frente al cumplimiento de un proyecto democrático es realmente peligroso e innecesario. Porque así se argumente que el eventual voto de los miembros de la Fuerza Pública será privado y libre, se trata de instituciones en las que la obediencia abarca todos los niveles de la vida, con una autonomía individual realmente limitada; algo que de ninguna manera podrá ofrecer garantías para el voto libre de sus integrantes. Las posibilidades de que la desinformación y las presiones influyan en el voto de los miembros activos de las Fuerzas Armadas con el objetivo de convertirlas en un poderoso bloque electoral son latentes. El paso de una Fuerza Pública en camino hacia la profesionalización a una institución con banderas electorales representaría un gravísimo retroceso para la estabilidad democrática del país.

Pero sobre todo porque la experiencia de varios países de la región, como Venezuela, Argentina y Chile, en los últimos cincuenta años, ha dejado más que claro que la politización de las Fuerzas Armadas es un factor capaz de conducir hacia caminos de verdadera oscuridad. Todos los sectores políticos en Colombia, el único país latinoamericano que no ha sufrido una dictadura tan temible como las que se establecieron en el resto del continente (aquí los horrores los hemos vivido en tiempos de democracia), deberían mantener como objetivo común la despolitización de la Fuerza Pública.

No es exagerado advertir que un proyecto de esta naturaleza, que varias veces antes ha sido planteado desde la arena política, bien puede poner en peligro una de las bases principales de nuestra democracia: la concepción de las Fuerzas Armadas como instituciones obedientes de las decisiones de gobiernos civiles y a una distancia prudente de los procesos políticos. Cambiar la Constitución para permitir el voto de los miembros activos de la Fuerza Pública podría ser el primer paso de un proceso de politización con un destino incierto y de riesgos profundos.

Fernando Posada@fernandoposada_

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