El contrincante favorito

El contrincante favorito

Ningún sector le ha hecho un mayor favor a Petro que el uribismo al denominarlo como su contrincante

16 de febrero 2021 , 09:25 p. m.

Hace casi cuatro años, de cara a las elecciones de 2018, coincidí en un debate radial con una conocida figura del ahora partido de gobierno. Cuando le preguntaron a quién le temían más como un eventual contrincante en la segunda vuelta, se refirió a Fajardo y a Vargas Lleras. Al final del debate le pregunté contra quién les convenía más enfrentarse en ese escenario. La respuesta fue inmediata: Petro era su rival predilecto para la segunda vuelta.

Lo anterior estaba lejos de ser una simple impresión. La mayoría de encuestas durante esa época electoral dejaban claro que de enfrentarse a Petro, el candidato Iván Duque tendría amplias posibilidades de quedarse con la Presidencia. Según Guarumo-EcoAnalítica, la diferencia era de 52,5 % a 36 %. Para la firma encuestadora Yanhaas, era de 52 % a 34 %. Y de acuerdo con Invamer, era de 57,2 % a 37,5 %. Dada la coyuntura de Colombia y América Latina para 2018, al uribismo le funcionaba como estrategia presentarse como el movimiento que evitaría que Colombia se convirtiera en una segunda Venezuela.

No deja de resultar curiosa aquella paradoja de que en el sector político del uribismo, que promete salvar al país de un gobierno de Petro, al mismo tiempo dependan de él para llegar al poder. A falta de Farc y tras el fin de una larga era del conflicto armado, las opciones de construir una campaña política sobre amenazas y miedos –una de las prácticas favoritas de la derecha en Colombia– son cada vez más limitadas. Mentiras malintencionadas como que ‘Timochenko’ sería presidente de Colombia en caso de ser aprobado el acuerdo de paz y que con él iniciaría una transición hacia otro sistema han demostrado no tener la más mínima probabilidad de ocurrir.

Por eso, los líderes del partido de gobierno, que pronto cumplirán veinte años buscando controlar el poder político a nivel nacional, han olvidado a las Farc como el enemigo máximo del país desde su retórica del miedo, para entregarle de a pocos ese lugar a Petro. El problema es que ese irresponsable discurso del borde del abismo, que desde ya anticipa que hay que tener “cuidado con el 2022”, es que de tanto vaticinar las catástrofes también han posicionado a su ‘coco’ favorito como su contrincante predilecto y como una alternativa natural a los fracasos de su proyecto de derecha.

Ningún sector le ha hecho un mayor favor a Petro que el uribismo al denominarlo como su contrincante natural, permitiéndole reinventarse audazmente luego de haber sufrido pérdidas en su popularidad tras su paso por la alcaldía de Bogotá y por cuenta de varias polémicas en el interior de su proyecto político, mientras el gobierno Duque consigue aciertos tan limitados. El discurso de miedo del uribismo terminó conduciendo a Petro a la zona más cómoda y conveniente para su proyecto de llegar al poder, donde le basta con ser un claro opositor de la administración de Duque y abanderar los reclamos masivos de la ciudadanía contra el Gobierno Nacional. En pocos años, y gracias a las ayudas de la derecha uribista, Petro ha pasado de ser un líder de la oposición a la figura más visible de la izquierda.

Esto tiene una explicación desde la comunicación política. Cuando un movimiento político acude a formas tan negativas de campaña, como las amenazas del ‘castrochavismo’ y la muy improbable repetición en Colombia de la tragedia venezolana, valores como la esperanza y la confianza, que deben estar presentes en todas las campañas, son reemplazados por el temor y el miedo. Y si bien el discurso del borde del abismo puede resultar rentable para ganar elecciones –como ocurrió en 2018–, también construye un ambiente de pesimismo que hace mucho más difícil la labor de gobernar. Es ahí cuando el efecto bumerán de las campañas del miedo termina favoreciendo a quien durante años llevan presentando como una amenaza de la cual debe ser salvado el país.

Está más que claro que el cuento del castrochavismo y la ‘venezolanización’ de Colombia está mandado a recoger, teniendo en cuenta que América Latina ha tenido más de veinte gobiernos de izquierda en las últimas dos décadas, y que solo uno de esos llevó a la catástrofe bajo condiciones muy específicas. No le temo a Petro porque pueda convertirnos en una segunda Venezuela: en cambio, le temo a su incapacidad de formar equipos de gobierno estables, a la vocación personalista de su movimiento político y al preocupante trato que en tantas oportunidades le ha dado a la prensa libre.

Es hora de abrir la discusión sobre la responsabilidad histórica de la derecha uribista ante una eventual llegada al poder de Petro, a quien han convertido en su contrincante natural a cambio de mantener el poder por medio de campañas de miedo. Mientras los líderes del uribismo repiten a los cuatro vientos que son la salvación para el país frente a un proyecto de izquierda, lo que demuestran es que necesitan de él para ganar elecciones a falta de un proyecto propio capaz de generar interés. Y tendrán inmensa responsabilidad en caso de que el bumerán del miedo se les devuelva.

Fernando Posada
Twitter: @fernandoposada

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