Doble rasero

Doble rasero

La promesa de la mano dura para solucionar los problemas es insuficiente.

05 de abril 2019 , 07:00 p.m.

El inesperado regaño del presidente norteamericano, Donald Trump, al gobierno del presidente Iván Duque por el envío ilegal de cocaína por las mafias hacia Estados Unidos sacudió todos los sectores de la política colombiana. Aquella cercana relación entre los dos países, de la que tanto se ufanan muchos líderes políticos colombianos, más que una amistad es una alianza sujeta a intereses concretos. Pero, también, algunas respuestas a Trump en defensa del presidente Duque despiertan inquietudes por su cambio de tono en meses recientes.

Lo anterior si se tiene en cuenta que hasta hace pocos meses, los momentos de tensión entre su antecesor, el presidente Santos, y el gobierno norteamericano habían sido recibidos de una manera diametralmente opuesta desde sectores opositores a su gobierno, los cuales encontraron en el discurso del borde del abismo una oportunidad perfecta para regresar al poder.

Sin ir más lejos, cabe recordar que en otros tiempos, no muy lejanos del presente, varios líderes del ahora partido de gobierno se embarcaron en extensas giras internacionales para advertir sobre catástrofes en suelo colombiano debidas a las políticas del gobierno Santos y el acuerdo de paz. El intento de los expresidentes Pastrana y Uribe de contarle sus quejas al presidente Trump antes de su primera reunión oficial con el presidente Santos se quedó en la memoria de los colombianos como uno de los momentos más bochornosos del empleo de esa estrategia cuestionable.

¿Qué tan diferente habría sido la reacción del ahora partido del gobierno si semejante crisis hubiera tenido lugar durante el gobierno anterior?

“Colombia está nadando en coca”, era la premisa de ese sector que nunca se apenó por hacer política a costa de afectar la imagen internacional del país y la inversión extranjera, muchas veces valiéndose de exageraciones e imprecisiones, con un único objetivo: minar el apoyo masivo de la comunidad internacional al acuerdo de paz, al que en gran parte le atribuían el evidente crecimiento de los cultivos de coca.

Es inmensa la diferencia de aquellos planteamientos radicales con la posición que líderes como el expresidente Uribe y varios de los miembros de su bancada han asumido ahora en defensa del presidente Duque. En este caso, para ellos ya no se trata –como en otro contexto habían señalado con contundencia– de la incapacidad de un gobierno de imponer el orden y frenar el crecimiento de los cultivos ilícitos, invitando ahora a tener en cuenta otros factores como la demanda creciente en el mercado ilegal de la cocaína y la falta de un mayor apoyo internacional en la lucha antidrogas. Pedir comprensión y tiempo para un gobierno amigo, luego de haber empleado una oposición radical y cerrada contra un gobierno contrincante, deja en evidencia un doble rasero éticamente inaceptable.

No muy diferentes son los casos de otros asuntos de interés nacional que tampoco parecen mejorar luego de ocho meses de la instalación del nuevo gobierno. La estrategia del Gobierno colombiano para cercar diplomáticamente la dictadura de Maduro está lejos de alcanzar la prometida solución, aunque en un comienzo se hablara de que llegaría en días. El fin de los diálogos con el Eln y el regreso a la ofensiva militar contra ese grupo armado tampoco ha conducido a una disminución de la violencia de esa guerrilla. De otro lado, la crisis social en el departamento del Cauca hace evidente que la promesa de la mano dura para solucionar los problemas de orden público es insuficiente. ¿Qué tan diferente habría sido la reacción del ahora partido del gobierno si semejante crisis hubiera tenido lugar durante el gobierno anterior?

A estas alturas, es posible llegar a dos conclusiones. En primer lugar, que tal vez no estábamos tan mal como la campaña del partido Centro Democrático se empeñó en hacer creer al país para pavimentar su regreso al poder. De otro lado, es claro que el nuevo gobierno demuestra hoy, desde sus propias dificultades y problemas, que muchas de sus promesas y críticas como partido de oposición eran insuficientes para recuperar el control de las situaciones más difíciles que enfrenta el país. El regaño de Trump hace pensar que devolver el poder al sector que ha abanderado la mano dura como estilo y fórmula para solucionar los problemas del país quizás no era suficiente.

@fernandoposada_

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