Defensa de la universalidad

Defensa de la universalidad

Deben ser espacios de debate desde el pluralismo y a la distancia de los dogmas de la política.

21 de febrero 2019 , 02:52 p.m.

La inmensa controversia causada por la presencia de la exguerrillera Victoria Sandino en un salón de la Universidad de los Andes reabre discusiones fundamentales sobre el rol de la educación en la construcción de la paz. Sandino, una de las antiguas jefes de las Farc y ahora senadora por el partido político que lleva el mismo nombre, asistió a un curso electivo sobre la historia de las Farc ofrecido por el departamento de Ciencia Política y mientras varios jóvenes decidieron escucharla, otros prefirieron denunciar públicamente su presencia en la universidad.

Los más críticos no dieron tiempo de espera. Los argumentos eran los mismos, o al menos similares, a los que habitualmente utilizan quienes se oponen a la presencia de excombatientes de la guerrilla en ámbitos políticos o académicos. Decían que la presencia de Sandino era indebida e inmoral, teniendo en cuenta los cientos de crímenes cometidos por la guerrilla de la cual hizo parte durante años. Hasta ahí, se trata de una posición válida y respetable. Pero también a la discusión se sumaron varias mentiras que buscaban masificar la indignación, tergiversando por completo el debate.

Varios líderes de la política y la opinión pública aseguraron que el profesor Sergio Lizarazo había amenazado a sus alumnos con rajarlos en caso de no asistir al conversatorio con Victoria Sandino, cuando la verdad es que semejante insensatez nunca fue planteada por él. Al consultar fuentes de la Universidad de los Andes sobre este punto, me fue confirmado que el profesor Lizarazo, como una inmensa mayoría de maestros universitarios, llama a lista a sus estudiantes durante cada sesión, siendo la acumulación de faltas injustificadas un causal de pérdida de la materia. Es mucha la distancia entre un llamado a lista y la intimidación denunciada equívocamente por tantos.

Pero la intención de esta columna no es solamente desmentir las falsas tesis que tantos repitieron a raíz de la invitación de Lizarazo a la senadora Sandino como parte de un conversatorio en clase sobre un capítulo doloroso de nuestra historia del cual ella hizo parte y sobre el cual debe al país muchas respuestas. Lo que resulta fundamental en esta discusión es defender el carácter universal de las universidades como espacios de debate desde el pluralismo y a la distancia –a kilómetros– de los dogmas propios de la política.

En primer lugar porque desde el punto de vista jurídico, la senadora Victoria Sandino hace parte de un proceso de paz a través del cual le han sido garantizados una serie de derechos políticos y judiciales –que no excluyen la participación en foros públicos– a cambio de acogerse a la Jurisdicción Especial de Paz. Pero sobre todo porque el espíritu liberal de las universidades, en el sentido más filosófico del término, debe estar a la vanguardia de los procesos de construcción de paz que enfrenta el país. Y eso implica, desde luego, abrir espacios democráticos a todos los actores involucrados en el conflicto que hayan decidido dar un paso hacia la legalidad. En discusiones como estas, los estudiantes cuentan además con la opción de preguntar, debatir y cuestionar a los expositores, una oportunidad que pocos colombianos han tenido a la hora de entender el conflicto armado.

Siendo un joven estudiante de Ciencia Política en esas mismas aulas tuve la posibilidad de participar en conversatorios en diferentes cursos con excombatientes y desmovilizados de grupos armados como las Farc y las Auc, así como también con víctimas del conflicto y líderes políticos de izquierda y derecha. Pero, lejos de ser visto como un asunto de ‘adoctrinamiento’, ese confuso término que tantos utilizan a la hora de cuestionar la presencia de un discurso contrario e incómodo para el propio, debe considerarse como una oportunidad necesaria para conocer de primera mano, desde la voz de muchos de sus protagonistas, narrativas diversas y contrarias sobre desastroso conflicto armado colombiano, sus dinámicas y consecuencias. Un recordatorio de la inmensa complejidad de nuestro conflicto y de la multiplicidad de factores que a su vez lo hicieron cada vez más complejo.

Lo que sí queda claro una vez más, a raíz de esta discusión tantas veces repetida en diferentes arenas del debate público, es que un proyecto de universidad liberal y moderno como el planteado desde el momento de su creación por la Universidad de los Andes debe mantener sus puertas abiertas a todas las voces frente al conflicto armado. Cerrar selectivamente las puertas a nuevas narrativas es un camino hacia la oscuridad y el dogmatismo. Si alguien ingresa a las aulas de una universidad liberal buscando reforzar sus creencias y dogmas, sin una dosis mínima de cuestionamiento o de exposición a las tesis contrarias, debe tener claro que ha llegado al lugar equivocado.

En Twitter: @fernandoposada_

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