A los nuevos ídolos

A los nuevos ídolos

Sus seguidores deberían exigirles el mismo rigor que tanto les demandan a los medios de comunicación

26 de junio 2020 , 09:25 p.m.

Son tiempos de nuevos ídolos en las redes sociales, quizás más de carne y hueso ante los ojos del público que los periodistas de mayor visibilidad y reconocimiento que trabajan en los medios de comunicación tradicionales. Unos nuevos ídolos que ‘por fin dicen la verdad’, para muchos inconformes lectores. Pero quedarse con esa fácil narrativa de que los nuevos ídolos resolverán los vacíos naturales del oficio periodístico puede ser realmente nocivo, y en contravía de la siempre necesaria mentalidad crítica de parte de las audiencias.

Varios columnistas de opinión han dedicado páginas enteras a describir a los nuevos ídolos, perdiendo demasiado tiempo en discusiones insulsas sobre sus apariencias físicas, y desviando el debate de su destino fundamental. Ese punto de llegada no es otro que la necesidad de que los nuevos ídolos que ejercen el periodismo tengan el mismo rigor que le reclaman a los medios tradicionales por haberlo perdido, supuestamente, hace años. Igualmente necesaria es una audiencia dispuesta a exigirles el respeto por la verdad, por los hechos y por los procesos a la hora de informar. Que la alternativa de los nuevos ídolos ante los medios tradicionales, a los cuales acusan con frecuencia de ‘manipular’ a la ciudadanía, no sea igual o peor a lo que en tantas oportunidades han cuestionado.

En pocas semanas he leído a cientos de usuarios de las redes sociales decir que los nuevos ídolos –los hay desde muy diversos espectros políticos– tienen el mérito de ser los primeros capaces de enfrentar a los más poderosos políticos, de investigarlos y revelar sus verdades. Es que aquella narrativa de que todos los medios y sus periodistas más conocidos son apenas unos servidores de los intereses de sus jefes es realmente fácil de vender. Pocos discursos son tan rentables políticamente en estos tiempos como cuestionar a las instituciones más tradicionales de cualquier sociedad, no solo en Colombia. Las críticas y las generalizaciones en contra de los medios de comunicación suelen tener un amplio espacio dentro de ese costal de retórica facilista.

El problema es que esos nuevos ídolos no solo están lejos de decir únicamente verdades: esa idea, ahora de moda, de venerarlos como si fueran los precursores de una verdad hasta ahora oculta también ignora que desde tiempos mucho más remotos y difíciles, decenas de periodistas e investigadores lo han arriesgado todo para investigar a los poderosos. Y en ese camino de lucha por la información libre han sufrido las más crudas consecuencias y las más despiadadas venganzas. Pocos países tienen en sus páginas de historia tantos mártires de la libertad de prensa, como para que una ciudadanía sin mucha memoria repita que los nuevos ídolos de las redes son los únicos en atreverse a enfrentar al poder y hacer públicos sus secretos.

Aquella es una tesis infinitamente injusta y alejada de la realidad. ¿No conocen los más acérrimos defensores de esos nuevos ídolos que antes de ellos, y en tiempos mucho más crueles, maestros del periodismo como Guillermo Cano y Jaime Garzón enfrentaron al poder político y sus vínculos con la ilegalidad sin ceder ante las amenazas, siendo asesinados en retaliación por sus labores? ¿No recuerdan las persecuciones infames de las cuales han sido víctimas periodistas como Daniel Coronell, Cecilia Orozco y el equipo de Noticias Uno por ser necesarios contrapesos de los poderosos y enfrentarlos, a pesar de las inmensas asimetrías, de igual a igual?

Para los nuevos ídolos de las redes debe estar claro que el periodismo, una tarea que todos tenemos el derecho a ejercer, requiere un apego estricto a los códigos de la ética profesional. Y sus seguidores, que aún mantienen la ilusión de estar leyendo algo que por primera vez está siendo dicho –y que hace décadas ha sido investigado por decenas de periodistas admirables–, no pueden olvidar que deben exigirles el mismo rigor que tanto les demandan a los medios de comunicación.

Así mismo, los periodistas tradicionales deben alejarse de esa lógica tan común en casi todos los campos laborales de observar a los nuevos, con sus dinámicas innovadoras y su popularidad inédita, desde la envidia y el temor. Todo lo contrario: debe entenderse que las puertas de una profesión tan universal y fundamental para la democracia como el periodismo están abiertas para todos los que desde sus métodos busquen llegar a las verdades. Lo que sí debe ser un imperativo para todos, nuevos y viejos, desde los medios más alternativos hasta los más tradicionales, es el respeto siempre presente por los métodos del periodismo. Y por encima de todo, la obsesión permanente por cumplir con la ética profesional que a todos nos rige.

Por respeto a la memoria es urgente que quienes repiten a los cuatro vientos que los nuevos ídolos son los primeros en ‘decir la verdad’ –como si fuera posible algo así de categórico– sepan que antes que ellos vinieron muchos mártires de la libertad y de la información. A los nuevos ídolos debemos decirles que hay suficiente campo en el periodismo para todos y que quienes ejercemos esta labor estaremos siempre para defender los principios máximos de este oficio. Ningún ídolo, viejo o nuevo, podrá sentirse por encima de esos pilares.

Fernando Posada
En Twitter: @fernandoposada_

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