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Los jóvenes y el poder

Los jóvenes y el poder

Ante la fatiga del mundo de la política, grupo de jóvenes impulsan candidatura de Alejandro Gaviria.

A lo largo de la historia, los jóvenes han tenido la capacidad de visualizar el derrotero del mundo.

Para parafrasear a Álvaro Mutis, ellos son lo gavieros que, subidos en el palo más alto de la embarcación, vislumbran cuándo una sociedad está en crisis y cuándo es la hora de dar un cambio de timonel para que la sociedad no naufrague.

Los ejemplos son múltiples. Basta con señalar el movimiento juvenil que se desarrolló en Estados Unidos para oponerse a la guerra de Vietnam; el movimiento estudiantil en París, de mayo del 68; y en Colombia, el movimiento de la séptima papeleta, que dio pie a la Constitución del 91.

Hoy, ante la fatiga del mundo de la política, un grupo de jóvenes colombianos viene impulsando la candidatura de Alejandro Gaviria, exministro de Salud y rector de la Universidad de los Andes. Gaviria es un economista, docente, pero, ante todo, es un humanista a carta cabal.

Su candidatura, que aún no ha sido consultada con él, es el resultado de una juventud que en los últimos años no se ve representada en la clase política. Es la respuesta a un cúmulo de frustraciones en las que los jóvenes ven limitados sus espacios que les garanticen su libre desarrollo personal.

La política ya no es la polis que está al servicio de sus ciudadanos. En un mundo globalizado, penetrado por las mafias criollas e internacionales, ya no existen fronteras entre el político honesto que le sirve a la sociedad y aquel que utiliza el poder para hacer sus contratos oscuros y enriquecerse a costa del erario.

La política en nuestro país hoy está en cuidados intensivos. La guerra, las masacres cuyas víctimas han sido principalmente jóvenes y los feminicidios son apenas algunos síntomas graves de una sociedad enferma.

La polarización entre la derecha y la izquierda, en vez de dar luces de navegación, lo único que hace es generar una guerra mediática y perpetuar el statu quo.

Los maestros son los encargados de formar y educar a la sociedad, incluyendo a los políticos. Pero estos últimos, apenas ejercen el servicio público, se deforman.

El diagnóstico de los jóvenes que impulsan el nombre de Alejandro Gaviria es claro. Ellos no ven en sus dirigentes un espíritu de transformación y cambio que les permita abandonar los lastres y vicios premodernos. No ven una voluntad por fortalecer y ampliar una democracia que ya está debilitada.

No sé si el doctor Alejandro Gaviria acepte la propuesta que hoy le hacen los jóvenes. Lo cierto es que sería maravilloso tener en la próxima contienda electoral a un hombre como él, discutiendo con argumentos, y no con insultos o falacias.

Ante el fiasco de muchos políticos que hoy le venden el alma al diablo, sería bueno tener al frente del país a un maestro y a un humanista.

Así nos ahorraríamos cuatro años de una polarización ciega; y de paso, les pondría freno a los pichones de candidatos, y a los políticos mafiosos que hoy representan a las élites emergentes del país.

La palabra la tiene Alejandro Gaviria.

Fabio Martínez
www.fabiomartinezescritor.org

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