Elogio a la vejez

Elogio a la vejez

Hoy, a la sociedad no le interesa la vejez. Le interesa la juventud, así sea ayudada por el bótox.

28 de enero 2019 , 07:00 p.m.

Hasta un poco antes de la Segunda Guerra Mundial, la vejez era símbolo de respeto y sabiduría. La experiencia, a lo largo de su vida, le garantizaba al anciano ocupar uno de los peldaños más altos de la sociedad, quizás el más alto, y era considerado como un modelo de vida.

En su ‘Carta a Lucilio’, Séneca valoró la vejez al afirmar que en esta etapa de la vida, al irse apagando los deseos y las pasiones, esta era la mejor edad que podía servir de ejemplo para las edades anteriores.

Desde la antigüedad, los ancianos han sido los sabios consejeros de las comunidades indígenas y negras, y han sido símbolo de la familia.

Como en el pasaje bíblico sobre Abraham y su hijo Isaac, a lo largo de la historia, los jóvenes eran enviados a la guerra y sacrificados en honor a la patria.

La sociedad no acepta ser vieja, ni jubilada ni muerta. Quiere ser joven y eterna, así sea por un segundo de fama en las redes sociales.

Este paradigma cambió cuando después de la guerra comenzó a reinar en el mundo la sociedad de consumo.

El consumo es lo requerido que uno necesita para poder vivir. Pero, también, es la necesidad de lo que uno desea. Hasta el punto, que el consumo se ha convertido hoy en día en una ansiedad loca y desenfrenada del deseo.

Esta ansiedad del consumo centró su clientela en la juventud. Los viejos ya no tenían la misma importancia que antes. Como están cercanos a la muerte, no tenía sentido invertir en ellos.

Ahora lo que importaban eran los jóvenes que ya no tenían necesidad de ser sacrificados como Isaac ni de ir a la guerra. El campo de batalla de Vietnam, Irak o Afganistán fue reemplazado por el centro comercial, las clínicas estéticas y los gimnasios.

Así surgió lo que el ensayista francés Alain Finkielkraut llama el jovenismo, que no es otra cosa que la idolatría por la juventud en detrimento de la vejez.

Hoy, a la sociedad no le interesa la vejez. Le interesa la juventud, así sea ayudado por el bótox, las cirugías plásticas letales y el gimnasio.

Ante el terror que produce esta sociedad infantil del goce eterno, algunos viejos han perdido su dignidad, y comienzan a vestirse con camisas y pantalones estrechos comprados en almacenes para niños, se untan cremas antiarrugas y se aplican bótox, como las presentadoras de televisión.

La sociedad no acepta ser vieja, ni jubilada ni muerta. Quiere ser joven y eterna, así sea por un segundo de fama en las redes sociales.

¿Los viejos? Se han convertido en un desecho más de la sociedad de consumo.

El consumo produce millones de mercancías, pero así mismo genera millones de productos desechables como el plástico, las baterías, las ojivas nucleares y los ancianos.

Debido a que está cercano a la muerte, el viejo ya no representa nada para la sociedad. Por esto, se lo licencia del trabajo, se lo encierra en un centro geriátrico y se le grava su pensión para que muera rápido, y de paso a la juventud eterna, que, como Peter Pan, nunca creció y vivió en la inmadurez de su adolescencia.

www.fabiomartinezescritor.com

Sal de la rutina

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