El mundo que vendrá

El mundo que vendrá

La primera lección que debemos sacar de esta crisis es que el mundo no debe abandonar la naturaleza.

29 de abril 2020 , 07:21 p.m.

Durante el período de aislamiento social, el mundo ha visto cómo los animales han comenzado a salir de sus madrigueras. Por las calles de las ciudades, la cámara del celular ha detectado osos, focas, linces, pájaros y leones marinos. Las montañas y volcanes están despejados, los mares han recobrado su color azul, y los ríos corren limpios y cristalinos.

Es un espectáculo maravilloso que no se veía en muchos años. Mientras el ser humano está confinado luchando contra una pandemia, la naturaleza ha vuelto a salir entre las cenizas.

Aquí surgen más preguntas que respuestas: ¿qué pasó con el ser humano? ¿Será que sobramos en el mundo? ¿Por qué no fuimos capaces de prever una catástrofe de estas dimensiones? La respuesta es una sola: nos hemos olvidado de la naturaleza.

En los últimos cincuenta años, el ser humano se ha dedicado a crear un mundo material, de producción y consumo exacerbados, dejando a un lado la naturaleza. Los descubrimientos científicos y tecnológicos, en muchos casos, no apuntan a resolver los problemas humanos, ni mucho menos a cuidar y proteger su ecosistema. La ambición desenfrenada y la voracidad de los mercados han separado al ser humano de su entorno natural.

Desde el virus del SARS (síndrome respiratorio agudo grave), que se detectó en Asia en febrero de 2003 y mató a unas setecientas personas, ya se preveía la llegada de una pandemia de proporciones mayores. Pero los dirigentes políticos, en vez de fortalecer sus sistemas de salud, corrieron a privatizarlos, convirtiendo la salud en una mercancía.

Es una verdad de Perogrullo que después del covid-19 el mundo será otro. La primera lección que debemos sacar de esta crisis es que el mundo no debe abandonar la naturaleza.

Los esfuerzos científicos y tecnológicos no deben apuntar a explotar la selva, los bosques, los ríos, las montañas y los animales, sino que cualquier acción de intervención debe tener en cuenta el equilibrio entre el ser humano con el ecosistema. ¿Qué sacamos con tener más petróleo, y por lo tanto más autos y más aviones, si luego la naturaleza nos cobra esto con creces?

Después de la experiencia del covid -19, el mundo debe ser más humano y solidario. Necesitamos volver a una filosofía humanista, y menos individualista. Los desarrollos científicos y tecnológicos deben ir encaminados a la preservación del ser humano, y no a su destrucción. La ciencia y la tecnología deben estar del lado de la naturaleza, y no contra ella.

El mundo ha realizado interesantes inventos en el campo de la inteligencia artificial y las comunicaciones, pero adolece de un sistema de detección de pandemias, que nos hubiera ahorrado este encierro kafkiano.

El covid -19 mostró que ante la naturaleza, la humanidad es vulnerable y puso al descubierto la arrogancia del hombre del siglo XXI, que se cree un dios en medio de un mundo frágil y volátil.

El siglo XX comenzó en 1914, cuando estalló la Primera Guerra Mundial. El siglo XXI se inició el 11 de marzo de 2020, cuando la OMS (Organización Mundial de la Salud) declaró el covid-19 como una pandemia.

Fabio Martínez
www.fabiomartinezescritor.com

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