El maestro y el discípulo

El maestro y el discípulo

El neoliberalismo ha privatizado todo, lo único que le falta es privatizar la educación.

13 de diciembre 2018 , 06:17 p.m.

Desde la antigüedad, la educación ha sido pública. Platón, quien fue el discípulo de Sócrates, narra en los ‘Diálogos’ que el maestro solía sentarse en una piedra, en las afueras de Tebas, y allí esperaba a sus contertulios para reflexionar sobre el amor, la justicia o la política. Con la muerte de Sócrates surgieron las primeras escuelas, como la Academia de Platón, el Liceo de Aristóteles y el Jardín de Epicuro.

La relación del maestro y el discípulo viene de la antigüedad, y representa la naturaleza de lo que los griegos definieron como ‘paideia’, que no es otra cosa que la formación de los niños y los jóvenes. A partir de esa bella relación entre el profesor y el alumno es que se han levantado los pilares de todas las sociedades, ya sean medievales o modernas, laicas o religiosas, capitalistas o socialistas.

El futuro de un país está determinado por el nivel de desarrollo de la educación de sus individuos. Los países que se liberaron del yugo de las monarquías comprendieron que el eje de progreso de su país estaba determinado por la educación. De esta manera, fundaron escuelas y universidades laicas y gratuitas para que el conjunto de su población se formara en una profesión y como individuo.

En la relación del maestro y el discípulo, el primero tiene la obligación no solo de impartir un saber al estudiante, sino también de formarlo como ciudadano para el bien de la sociedad. El maestro es aquel que forma a todos los individuos de una sociedad, llámense ingenieros, médicos, abogados o políticos. Solo por esta razón, el maestro debería respetarse y tener un rol preponderante en el conjunto de la sociedad.

Esta relación del maestro y el alumno se respetó hasta cuando existía un capitalismo social, que, sin renunciar a una economía de mercado, velaba por el bienestar y la educación de sus ciudadanos. Fue en este contexto en el que surgieron las universidades públicas de carácter gratuito. Al capitalismo social le interesaba producir riqueza, pero era consciente de que también era necesario educar a los jóvenes para garantizar un desarrollo social. El Estado, así mismo, respetaba el capital, pero sabía que era necesario proteger la educación pública y gratuita por el bien no solo de la juventud, sino también del país.

Hoy, aquel Estado capitalista social se fue al traste y se plegó a las políticas del capitalismo salvaje, llamado neoliberalismo, que solo ve la educación como una mercancía. El neoliberalismo ha privatizado todo: la tierra, el amor, la salud, el aire y el agua. Lo único que le falta es privatizar la educación.

Por esto es que están luchando los seiscientos mil jóvenes que se agrupan en las 32 universidades públicas del país. Colombia es uno de los países con los índices más bajos en educación del continente. La pregunta es: ¿cómo reducir esa deuda histórica que tenemos con los jóvenes del país? ¿Privatizando la educación pública a través de proyectos como Ser Pilo Paga o Generación E, que solo satisfacen la demanda del diez por ciento de la población estudiantil? Con el agravante de que el gobierno está comprando la educación privada más cara del mundo. ¿O fortaleciendo las 32 universidades públicas para que los cientos de miles de estudiantes que ahí se agrupan puedan tener un futuro digno?www.fabiomartinezescritor.com

Sal de la rutina

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