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El Laberinto de Afganistán

El Laberinto de Afganistán

Demuestra dos cosas: uno, el fracaso de las invasiones extranjeras, y dos, el fracaso de la guerra.

23 de agosto 2021 , 08:00 p. m.

En Afganistán han fracasado en sus intentos de invasión Alejandro Magno, los mongoles, los rusos y, ahora, los Estos Unidos y sus aliados europeos.

Situada en una zona montañosa del Medio Oriente asiático, que perteneció a los antiguos persas, el país está sustentado en una población organizada en tribus, con un fuerte fanatismo religioso, que además de violar sistemáticamente los derechos humanos de las mujeres no ha permitido consolidarse como una nación.

A raíz del ataque del World Trade Center de Nueva York por parte del grupo terrorista Al Qaeda, hace veinte años, los gringos ocuparon militarmente su territorio porque se decía que Osama Bin Laden se escondía en las montañas de Afganistán, por donde pasó la ruta de la seda, y ahora pasa la ruta del opio.

En 2011, Bin Laden, el máximo cerebro del atentado de Nueva York, fue muerto en una pequeña población de Pakistán.

Con el apoyo de la Otán y los países europeos, en principio los estadounidenses apoyaron a un gobierno que se opuso al estado islámico talibán, persiguieron a los grupos terroristas y lucharon por establecer una democracia al estilo occidental.

Pero las democracias no se decretan, ni mucho menos se imponen por la fuerza. Si bien es cierto, existía un acuerdo entre Estados Unidos y el gobierno de Asraf Ghani, que huyó a los Emiratos Árabes, los talibanes, bajo la ley del Corán, ante la inminente retirada de las tropas estadounidenses, estaban al acecho, y en once días se tomaron Kabul, la capital.

El acuerdo de retiro de las tropas gringas, que fue firmado el año pasado entre el gobierno de Donald Trump y los talibanes, se rompió al día siguiente cuando el gobierno de Joe Biden pensó en sacar sus tropas del territorio así como a miles de traductores, guías y secretarios que colaboraron con ellos durante dos décadas.

Pero las democracias no se decretan, ni mucho menos se imponen por la fuerza.

Las escenas del avance de los talibanes subidos en potentes camionetas con el armamento gringo que le quitaron al ejército afgano son patéticas. Los episodios en Kabul por parte de miles afganos desesperados intentando alcanzar el aeropuerto son desalentadores. El drama de miles de mujeres afganas, que temen las represalias brutales del nuevo régimen, quieren educarse y se niegan a usar la burka, son sencillamente tristes.

El responsable de cómo se planificó el retiro de las tropas y sus colaboradores afganos recae en el presidente Joe Biden y sus altos mandos militares del Pentágono. En una de sus últimas declaraciones, Biden afirmaba: “No puedo prometer cómo acabaré la evacuación, pero usaré todos los medios”.

El laberinto de Afganistán demuestra dos cosas: uno, el fracaso de las invasiones extranjeras, y dos, el fracaso de la guerra.

Para recuperar su imagen deteriorada, mal haría Biden en usar, en este momento, la fuerza militar para rescatar a sus compatriotas y colaboradores. En medio de una situación tan compleja, se trata de que Estados Unidos y el grupo de países europeos que estuvieron en Afganistán busquen mecanismos ágiles y expeditos que permitan la evacuación de miles de soldados extranjeros y sus colaboradores, y garantizar la paz en Kabul.

De lo contrario, como en toda guerra, Afganistán seguirá vomitando miles de refugiados hacia otros países y continentes.

FABIO MARTÍNEZ
hector.f.martinez@correounivalle.edu.co

(Lea todas las columnas de Fabio Martínez en EL TIEMPO, aquí)

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