Yo Claudia, una paradoja

Yo Claudia, una paradoja

La reacción de la alcaldesa ante el informe de auditoría tiene un toque de displicencia peñalosista.

09 de enero 2020 , 07:38 p.m.

La primera rana que le salta a la alcaldesa de Bogotá es el asunto inflamable del metro elevado. La confirmación en su cargo del gerente anterior de un metro que no existe, y por cuya gerencia ha devengado durante cuatro años, y seguirá devengando, un sueldo jugoso, que se paga con los impuestos del ciudadano, no cayó bien entre la ciudadanía. Y de ñapa se divulga por La W una auditoría hecha por la Contraloría General de la Nación a la Empresa Metro de Bogotá (EMB), que revela seis hallazgos de irregularidades administrativas, “uno de ellos con incidencia disciplinaria y uno para indagación preliminar”.

En resumen, el ente de control ha abierto una investigación a fondo sobre las irregularidades administrativas en la EMB. La auditoría es el primer paso en el destape de una posible trama de corrupción en un proyecto de metro, del que solo se conocen unos ‘renders’ y una adjudicación furtiva a última hora, otorgada a una empresa china que tal vez sea más experta en cazar contratos que en construir metros, o en construir ninguna cosa, como ya lo demostró en Hidroituango, y en otros países donde les han formulado críticas serias a las obras en que dicha empresa ha intervenido.

Ahí tuvo la burgomaestra bogotana su primer dolor de cabeza. Yo no voté por ella, pero creo que aún no es tiempo de atacarla ni de ahogarla en críticas. Apenas lleva diez días en su misión de servidora pública ejecutiva. Las dos medidas polémicas que ha tomado requieren reacción ciudadana y mediática menos emocional y más serena y analítica. La ratificación del antiguo gerente de la EMB tiene sentido si el propósito es el de que responda por las irregularidades en su gestión, como las que ya encontró la Contraloría General.

La reacción de la alcaldesa ante el informe de auditoría tiene un toque preocupante de displicencia peñalosista, cuando los informes no satisfacen al funcionario o a la funcionaria, y está lejos de la humildad que la doctora Claudia ha predicado en varias ocasiones desde cuando fue elegida, y que reiteró sin ambages en su discurso de posesión.

Dijo en ese discurso, notable por estar lleno de buenas intenciones: “El gobierno que hoy empezamos es, por encima de todas las cosas, un gobierno de coalición ciudadana. Hoy llega la ciudadanía a la Alcaldía Mayor de Bogotá”.

Pues ninguna oportunidad mejor para poner esas palabras en práctica que la cuestión trascendental del metro de Bogotá. El metro le compete a la ciudadanía como ninguna otra obra pública. No es algo que pueda dejarse en manos de ‘tres expertos’, que harán un informe sin intervención alguna de los ciudadanos. El metro de Bogotá es el metro de los habitantes, en él no se van a movilizar tres expertos, sino millones de ciudadanos cada día. Y con ellos corresponde discutir el sistema de metro más útil y más conveniente para Bogotá.

Tal decisión solo puede ser tomada mediante un gran debate ciudadano, público, frente a dos proyectos que están sobre el tapete. Un metro elevado del que ni siquiera hay estudios conocidos de detalle de ingeniería, y un metro subterráneo (de uso universal) del que ya están listos los estudios necesarios, aprobados por las entidades técnicas y financieras pertinentes. Mientras que el elevado, si todo le sale bien, no sería inaugurado antes del 2026, el subte, iniciándolo este año, podría estrenar su primera línea en el 2023.

También dijo la alcaldesa mayor en su discurso de posesión: “Soy plenamente consciente de que ese anhelo de cambio es continuo y le pertenece a la ciudadanía, no a los gobiernos”. Pues a ello, doctora Claudia. Pasemos de las palabras a los hechos.

Afirma en su discurso nuestra alcaldesa: “El pasado 27 de octubre, Bogotá eligió el cambio, no solo el cambio de gobierno, de prioridades, de estilo, de liderazgo, sino el cambio de historia… parece que al fin estamos dejando el siglo XX”. No, doctora Claudia. Con ilusiones no se puede gobernar ni hacer cambios. No estamos dejando el siglo XX. Ni siquiera hemos podido dejar la Colonia. Seguimos viviendo en un país feudal, nuestros campos son propiedad de un puñado de terratenientes, y nuestras ciudades son feudos urbanos al servicio de un puñado de urbanizadores, constructores, transportadores, casatenientes, cada uno dueño y señor de su feudo, pero no al servicio de la ciudadanía.

Tenemos un problema grande. Los estadistas de la República Liberal intentaron resolverlo, intentaron el gran cambio que nos sacara del atraso en el tiempo, del oscurantismo colonial, y casi, casi lo conquistan; pero las fuerzas que se oponen al cambio son archipoderosas. Echaron abajo los grandes avances sociales, económicos y políticos logrados en la República Liberal, y se esmerarán en impedir que usted, alcaldesa Claudia López, pueda enderezar sus buenas intenciones en empedrarles a los ciudadanos un camino al cielo.

El peso de su discurso, la gran paradoja, ‘La paradoja de Yo Claudia’, reside en lo siguiente: “Soy plenamente consciente de que gané en una ciudad, y hoy, apenas unos meses después, me posesiono en otra, y que cada día tendré el desafío de saber interpretar a mi ciudad para gobernarla bien. Tengo también la profunda convicción de que este año en Bogotá y en Colombia los ciudadanos no solo votaron y se movilizaron por un cambio de gobierno, sino sobre todo por un cambio de era”. ¿Cómo interpretar esa paradoja, de la que dice estar consciente: ganó en una ciudad y se posesiona para gobernar en otra? ¿Quiere decir que ganó con un millón y medio de votos la alcaldía de una ciudad de diez millones de habitantes, y va a gobernar para otra ciudad donde mandan e imponen sus intereses cuarenta bacanes? Si es así, no veo cómo en su gobierno tendremos un cambio de era ni de nada.

Quiero equivocarme, deseo estar por completo fallido, y pensar optimista que con la alcaldesa Claudia López iremos por buen camino y que andando lento, llegaremos lejos (‘chi va piano va sano e va lontano’). No piense la alcaldesa Claudia que si la elogiamos somos sus amigos, ni imagine que si la criticamos somos sus enemigos. Somos simples ciudadanos periodistas que deseamos ayudarla, que le deseamos lo mejor por el bien de nuestra ciudad.

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