¿Y quién no es él?

¿Y quién no es él?

Petro no apela al juego sucio, ni les miente a los colombianos (como sí lo hacen sus adversarios).

01 de junio 2018 , 12:00 a.m.

Se agita una indignación creciente en las redes sociales por el asunto del fraude electoral efectuado tanto en las elecciones parlamentarias del 11 de marzo como en las de la primera vuelta presidencial el 27 de mayo, y se teme que para el 17 de junio pueda repetirse la dosis en favor del candidato de la ultraderecha.

Incluso, el candidato de Colombia Humana, Gustavo Petro, quien se ha referido a este asunto con la debida prudencia, ha tenido que admitir que las evidentes irregularidades en muchos de los formularios E14 no dejan de ser extrañas. Tales irregularidades, comprobables a simple vista, consisten en que en el formulario original se registran, en la parte superior (por ejemplo, en uno que tengo a la vista de una mesa instalada en el colegio Santa Librada de Cali), 243 votos depositados, 243 contabilizados; pero la suma de los votos es inferior, da solo 163 votos depositados y contabilizados, entre todos los candidatos, siendo el de la ultraderecha el que obtuvo menos votos.

La diferencia entre los votos anotados por los jurados y la suma de los votos recibidos entre los siete candidatos que figuran en el tarjetón, más los de los promotores del voto en blanco, y el voto en blanco, es de 80 votos, que milagrosamente, en el escrutinio (“el que escruta elige"), le aparecen abonados al candidato de la extrema derecha o Centro Democrático. Si ahí el señor Registrador no ve irregularidad ninguna, padece de dislexia visual, y muy respetuosamente le aconsejo que visite al oftalmólogo y al neurólogo.

La propuesta de Colombia Humana no es la de hacer un socialismo del siglo XXI, ni cosa que se le parezca, sino realizar la tarea urgente de sacar el país del neofeudalismo.

Pero no voy a tratar de eso en esta columna. Ya el gobierno del presidente Santos ha convocado al Comité Nacional de Garantías Electorales para examinar las denuncias de fraude, y debemos esperar sus conclusiones. Solo quiero agregar que en las votaciones en el exterior, el candidato de Colombia Humana, Gustavo Petro, ganó ampliamente, con altas mayorías en el noventa por ciento de los consulados colombianos en donde nuestros compatriotas residentes en el extranjero acudieron a sufragar. Los medios colombianos se han abstenido de dar cuenta de este detalle, no poco significativo. No queda claro si en el cómputo global del resultado de las elecciones está incluido el voto de los colombianos en el exterior.

Como acostumbra preguntar a sus entrevistados el profesor Gerardo Ardila en el programa radial espléndido ‘Desbordes, una puerta abierta con América Latina’ del Centro de Estudios Sociales de la Universidad Nacional, “¿quién es Fulano?”, yo me pregunto, para responderles a los lectores, ¿quién es Gustavo Petro? La pregunta parece superflua. Gustavo Petro es una figura nacional suficientemente conocida desde la época en que, como senador de la república, hizo los célebres debates que le dieron a conocer al país la realidad espantosa de los ‘falsos positivos’, eufemismo con el que se bautizaron la serie de crímenes perpetrados durante el gobierno del hoy senador Uribe Vélez, jefe del Centro Democrático y de la ultraderecha colombiana.

La pregunta no es superflua si tomamos en cuenta que Gustavo Petro, candidato de Colombia Humana en la primera vuelta, y ahora de una coalición de todas las personas decentes de nuestra sociedad (que lo son la gran mayoría), está a un paso de convertirse en el próximo presidente de Colombia.

La pregunta, tal vez, no debería ser ¿quién es Gustavo Petro?, sino ¿quién no es Gustavo Petro?

Gustavo Petro Urrego no es, ni ha sido nunca, ‘castrochavista’. Primero porque el castrochavismo no existe sino como una ficción creada por la extrema derecha para desprestigiar electoralmente a los sectores más progresistas y humanistas que actúan en la política colombiana. Gustavo Petro no apela al juego sucio, no les miente jamás a los colombianos (como sí lo hacen con descaro sin igual sus adversarios), no se ha robado un peso del erario público, ni de nadie, y la acusación más grave y verdadera que le han hecho ha sido la de haber rebajado las tarifas del TransMilenio para beneficiar el bolsillo de los usuarios. Semejante atentado “populista” contra los intereses de las familias dueñas de TransMilenio, pobrecitas, les valió al alcalde Petro y muchos de sus colaboradores la sanción de multas astronómicas, pero la Procuraduría General de la Nación acaba de fallar que la rebaja de las tarifas del transporte no es ningún delito, y declaró absueltos al exalcalde y a los demás condenados por los ilustres defensores del interés personal en contra del interés común.

Gustavo Petro tampoco es, hoy, comunista ni socialista. Es un lector atento de Carlos Marx, como deberíamos serlo todos, y gracias al método de análisis dialéctico del gran pensador y filósofo alemán, Petro ha entendido las circunstancias que vive actualmente el mundo, y las de Colombia en particular. El socialismo es aún una utopía, lejana de alcanzar. En consecuencia, la propuesta de Colombia Humana no es la de hacer un socialismo del siglo XXI, ni cosa que se le parezca, sino realizar la tarea urgente de sacar el país del neofeudalismo, liberarlo de la mentalidad colonial en la que estamos atrapados y poner en marcha un capitalismo avanzado, como en Europa y en Estados Unidos, en el cual tengan pleno desarrollo la economía productiva destinada a aumentar la calidad y la cantidad del empleo para proporcionarles a los colombianos ingresos equitativos que les permitan llevar una vida cómoda y gozar de los privilegios de que hoy disfrutan unos pocos, poquísimos, consolidando así la democracia y el ejercicio real de los derechos humanos.

“Nosotros –dice Petro en sus entrevistas reveladoras con Julio Sánchez Cristo y Patricia Janiot– no estamos proponiendo empobrecer a los ricos, sino enriquecer a los pobres”.

Como quedan dos semanas para hablar con más amplitud de los programas de la Colombia Humana que propone su candidato, creo que con lo dicho basta para entender que Gustavo Petro no es nada de lo que sus enemigos inescrupulosos dicen que es.

ENRIQUE SANTOS MOLANO

Columnistas

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