Tres años perdidos

Tres años perdidos

Las grandes realizaciones de Peñalosa pertenecen al mundo virtual, no están en la realidad.

13 de diciembre 2018 , 07:03 p.m.

El 30 de diciembre próximo cumple tres años de desgobierno en Bogotá la administración del señor Enrique Peñalosa Londoño. Ha tenido a su favor los vientos del Concejo, con una mayoría del ochenta y cinco por ciento de concejales que le han aprobado al alcalde, sin examen, ni mucho menos crítica, lo que ha querido, desde la financiación para un metro elevado que carece de estudios serios hasta la embutida del TM por la 7.ª, en la que no cabe, ni cabrá, aunque tumben los predios de lado y lado, y que aparte de unos rénderes, tampoco tiene estudios. Aun así, ya abrieron licitación y solo Dios sabe qué le aguarda a Bogotá si ese proyecto espeluznante se deja amarrado a contratos que ninguno de los oferentes estará en capacidad de cumplir. ¿Tenemos gato encerrado?

En estos tres años perdidos, Bogotá se ha deteriorado visiblemente. La ciudad aseada, limpia, amable y humana que dejó la administración anterior está convertida en una urbe sucia, llena de basuras por todas partes, con bolsas plásticas botadas en las esquinas de los barrios, parques y calles céntricas. Chapinero, el otrora elegante y orgulloso Chapinero, es un cuasimuladar. No pudieron terminar en dos años y medio la séptima peatonal. Dicen que en enero reanudan los trabajos. Ya veremos.

Taponaron las calzadas de la ciudad con reductores de velocidad, pero no pudieron modernizar la semaforización, anunciada por la Alcaldía con bombos y platillos como uno de los hitos en la seguridad vial y el ordenamiento de la movilidad, es decir, su agilización, porque la red actual es la causante principal de los trancones. Los contratistas de la nueva era de semáforos inteligentes resultaron igual de inteligentes que los de la séptima peatonal.

Medellín tiene metro elevado, tranvía eléctrico y acaba de inaugurar la segunda línea de su metrocable, además de su primer tren ligero eléctrico, que hará el recorrido de Medellín a Rionegro y viceversa. El alcalde Peñalosa anuló el metrocable de San Cristóbal, demoró dos años y medio para terminar el metrocable de Ciudad Bolívar, que inauguró hace tres meses y no ha conseguido poner a funcionar. ¿Por qué no le pide ayuda a Medellín?

Las grandes realizaciones de la administración Peñalosa pertenecen al mundo virtual, no están en la realidad. El alcalde se ha gastado, de los dineros públicos, grandes sumas en publicidad para divulgar las maravillas de su gobierno. Si vamos a ver esas maravillas por fuera de las pautas de publicidad en prensa, radio y televisión, o de los rénderes, no las vemos por ninguna parte.

En estos tres años perdidos, la Administración logró terminar el proyecto del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Bogotá. Tengo a mi lado una copia. Consta de 380 páginas apretadas, incluidos los índices. He tratado de leerlo, pero me asusta terminar indigestado. Observo cuadros, recuadros, cientos de artículos, parágrafos e incisos que parecen no llevar a ninguna parte y sin duda son el sumun de la sabiduría. Esa lectura amena es mejor dejarla para que la disfruten los expertos de la CAR, del Consejo Territorial de Planeación Distrital y del Concejo de Bogotá. Yo me limito por ahora a mirar un solo punto de los que expone el doctor Ortiz en sus declaraciones (‘El Espectador’,10/12/2018), referente a los aspectos del POT que la Administración Distrital considera inamovibles.

Según el doctor Ortiz, son: “Uno: que la densificación sea donde hay transporte público masivo y espacio público disponible. Dos: la trascendencia que se le está dando al espacio público como sitio donde se ejerce el derecho a la ciudad”. Habrá que aclarar, doctor Ortiz, por qué el derecho a la ciudad se ejerce únicamente en el espacio público y no en toda la ciudad, o, mejor, en cualquier espacio de la ciudad. “Tres: que la capital sea de uso múltiple”. ¿Qué significa eso? ¿Acaso Bogotá no ha sido, desde la Colonia, una ciudad multiuso? Lo que debe pensarse es en reglamentar el multiuso urbano de una manera científica. Que no se permita, al lado de una escuela, una universidad o una iglesia, por ejemplo, la ubicación de un taller de mecánica o un burdel. “Cuatro: no queremos volver al tema de parqueaderos mínimos exigidos. Cinco: cualquier edificio nuevo deberá dejar los jardines públicos”.

Bueno, perfecto. Esos son los inamovibles de la Administración. Los ciudadanos también tenemos cinco inamovibles y esperamos que formen parte de la discusión cuando se analice el proyecto. Uno: no al TransMilenio por la séptima, sí al tranvía eléctrico. Dos: no al metro elevado, sí al metro subterráneo. Tres: no a la expansión del TM por la ciudad, sí al Sistema Multimodal de Transporte Público (SMTT) y abolición del SITP y de los articulados diésel. Cuatro: no a la urbanización de la reserva ecológica Thomas van Der Hammen; Cinco: Protección prioritaria de los humedales de la ciudad y prohibición de construir en sus alrededores inmediatos.

Sobre un posible hundimiento del POT, dice el doctor Andrés Ortiz: “Para mí sería muy doloroso, después de haber trabajado tres años, no lograr su aprobación”. Doloroso, no hay duda, pero ¿qué quiere usted, doctor Ortiz? Tres años perdidos son tres años perdidos. Recuperarlos nos costará a los bogotanos mucho más tiempo que eso.

Sal de la rutina

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