Qué está cambiando

Qué está cambiando

La pandemia lo que ha hecho es desenmascarar la supercrisis global del viejo orden económico.

02 de abril 2020 , 08:19 p.m.

Me late que los expertos economistas de la U. de los Andes, y otros sabios como ellos, no están entendiendo la realidad de la crisis que hoy vive el planeta. La globalización económica postiza, tan postiza como el libre cambio, llevó a la globalización real de la crisis. No es la pandemia del coronavirus la causante. Esa crisis comenzó en el 2008, y la pandemia covid-19 la mostró en su magnitud verdadera.

“La Universidad de los Andes ha analizado este y otros escenarios y ha emitido conceptos en su serie ‘Nota macroeconómica’. Aquí el equipo de ecónomos (sic) hizo un llamado: “No hay antecedentes de una coyuntura en que se haya dado la orden generalizada de semiparalizar las economías a lo largo y ancho del planeta (…) y ‘la gente por encima de la economía’ es una falsa dicotomía a la que no nos debemos dejar arrastrar. La economía es de la gente y para la gente. La pérdida de empleos y negocios que viene en una recesión significa familias sin ingresos. Las consecuencias son más fuertes sobre los más pobres y sobre los informales y los cuentapropistas…”, y otras obviedades propias de la ortodoxia académica. (EL TIEMPO, 1/4/2020, Bogotá Metropolitana. ‘¿Qué le espera a la ciudad si se apaga su economía?’)

El aforismo uniandino de que “la economía es de la gente y para la gente” está bueno como chiste, pero se sale de la realidad. En los doscientos años en que el feudalismo pasó de su fase primaria a su fase superior, el neoliberalismo, o capital feudalismo, o capitalismo salvaje, la economía nunca ha sido para la gente, si por gente se entiende a los trabajadores y al común de los ciudadanos. La economía ha sido, hasta hoy (y quizá lo siga siendo por los pocos años que habrá de transición hacia el capitalismo progresista), para los dueños del dinero y los acumuladores de capital; y ‘la gente´, la mano de obra de los trabajadores, el instrumento indispensable para el enriquecimiento y la construcción del poder político y económico de aquellos.

Tampoco es cierto que la encerrona mundial de la gente en sus casas para prevenir el contagio sea la causa de la semiparálisis de la economía. La pandemia lo que ha hecho es desenmascarar la supercrisis global del viejo orden económico. Culpar a la pandemia es culpar al mensajero por las noticias malas que nos trae.

Volver la mirada tanto al pasado remoto como al reciente resulta condición sine qua non para entender lo que nos está ocurriendo. Comencemos por un paseo breve a la mitad del siglo XVI, en que una serie de inventos mecánicos dan lugar a la primera Revolución Industrial, y al mejorar la calidad y la rapidez en la producción permite prescindir del setenta por ciento de la mano de obra humana. Entre 1750 y 1800, miles y miles de trabajadores perdieron sus empleos, sustituidos por las máquinas, situación que se mantuvo a lo largo del siglo diecinueve y que dio lugar a levantamientos sociales, destrucción de máquinas, revueltas y guerras.

La segunda revolución industrial (1885-1920), marcada por inventos como el cine, el avión, los automóviles, y sobre todo, la telegrafía sin hilos (TSH) de la que se desprenden la radio y la televisión, al contrario de la primera revolución, generó empleo y mejoró sustancialmente la condición de los trabajadores, hasta que vino la Gran Depresión (1928-1935) y los trabajadores volvieron a pagar los platos rotos. Gracias al gobierno progresista de F. D. Roosevelt, y a las fórmulas económicas de Keynes, la situación pudo superarse.

En octubre de 1957, con el lanzamiento al espacio del primer satélite orbital artificial (Sputnik) por la Unión Soviética, nació la tercera revolución Industrial, tan asombrosa como la segunda. Trajo la comunicación satelital, que conectó al planeta como nunca antes, y originó la Revolución Tecno Científica (RTC). Se crearon miles de empleos nuevos y los trabajadores lograron mayores conquistas en materia salarial y de garantías laborales.

Ese panorama jubiloso comenzó a esfumarse con el nacimiento de una etapa azarosa de auge neoliberal. Aparecieron los computadores industriales y personales y nació la era digital, precursora de la inteligencia artificial (IA) o robótica, vislumbrada por series célebres de TV como Viaje a las estrellas y Perdidos en el espacio, en las que los robots son figuras inteligentes de primera línea. La era digital fue desastrosa para los derechos de los trabajadores, pues hizo cada vez menos necesaria la mano de obra humana en muchos trabajos. Lo que antes realizaban cuatro personas, ahora, con la herramienta digital, podía hacerlo una sola. De modo que sobraban tres. El neoliberalismo inventó toda suerte de eufemismos para justificar la masacre laboral. El eufemismo es una de las armas intelectuales favoritas de la clase dominante.

¿Qué hacer para sobrevivir, no solo al coronavirus, que es el problema menos grave, sino a la pandemia de desempleo y hambruna que ya estamos viendo? ¿Cómo pueden defenderse los ciudadanos de los efectos negativos que para ellos trae la cuarta revolución industrial, la de la inteligencia artificial, y voltearla a favor de los varios millones de ciudadanos trabajadores que hoy solo contemplan un futuro recargado de sombras?

En la columna siguiente trataremos de encontrar respuesta a estos interrogantes.

Enrique Santos Molano

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