Promesas de campaña, moneda falsa

Promesas de campaña, moneda falsa

La reforma tributaria es típicamente regresiva, neofeudal con las características  del medioevo.

08 de noviembre 2018 , 08:10 p.m.

Circula por las redes sociales un video, tomado en vivo y en directo en su momento, en el que el precandidato del Centro Democrático, Iván Duque, entonces senador de la República, deja constancia de “los diez grandes pecados” que tiene con el pueblo colombiano” la reforma tributaria del gobierno de Juan Manuel Santos, la cual se tramitaba en el senado y a la que se oponía el Centro Democrático. 

Dice el senador Iván Duque, con acento vehemente: “Esta es una reforma fiscalista y alcabalera (…) no puede ser posible que les pasemos la cuenta a la clase media y las clases menos favorecidas (…) Esta reforma afecta de manera categórica la clase media. Un IVA del 19 % para el vestuario, para los electrodomésticos, para los productos de aseo es una infamia”.Eso dice, entre otras cosas llamativas, el senador Duque, mientras que el jefe del Centro Democrático (CD), senador Álvaro Uribe Vélez, lo escucha con gesto aprobatorio.

Durante su campaña como candidato presidencial del CD, Duque reiteró en numerosas ocasiones, con la misma fuerza oratoria convincente, su crítica a la reforma tributaria de Santos y prometió corregir las injusticias que dicha reforma perpetraba contra la economía “de la clase media y de los más empobrecidos del pueblo colombiano, a los que solo se les ofrecía (por el gobierno Santos) “un pírrico aumento del salario mínimo”.

Ignoro si al presidente Duque se le habrán olvidado sus palabras elocuentes de condena en el Senado a “los diez pecados de la reforma tributaria de Santos contra el pueblo colombino” y sus promesas electorales posteriores, que, unidas “al peligro” de que Colombia se convirtiera en “una segunda Venezuela y cayera en manos del castro chavismo”, le dieron los diez millones de votos con que salió electo presidente de Colombia. Curiosamente, su discurso en el Senado podría aplicarse hoy, palabra por palabra, a la reforma tributaria o ley de financiamiento presentada al Senado por el ministro de Hacienda y apoyada resueltamente por el jefe del Estado. Si al senador Duque le pareció una infamia (y lo es sin duda) gravar con el 19 % por ciento los electrodomésticos, el vestuario y los productos de aseo, ¿cómo calificaría hoy el presidente Duque extender ese infame 19 % a toda la canasta familiar?

Que la clase media no pueda estrenar electrodomésticos, vestuario o productos de aseo sino una vez al año, o cada dos años, no parece tan infame ante el hecho aterrador de que, con la reforma tributaria de Duque, no podrá alimentarse, o tendrá que efectuar una reducción drástica de su dieta alimenticia. Ello redundará en el desmejoramiento de la salud física de la clase media y del pueblo colombiano en general, y por consiguiente en el empobrecimiento de su salud mental, ya muy alto, como pudimos comprobarlo en las pasadas elecciones. Reforma tributaria que arroje semejante gravamen sobre la canasta familiar no es apenas una infamia. Es un crimen de lesa humanidad. La canasta familiar debería estar exenta de IVA en su totalidad.

La reforma tributaria Duque-Carrasquilla parece estar plagada de infamias. Es una reforma típicamente regresiva, neofeudal con las características propias del medioevo, cuando la carga tributaria se echaba sobre los pobres y se eximía de impuestos a los ricos señores feudales, dueños tanto de la tierra como de vidas y honras. “Según la Contraloría (2017), el robo por corrupción asciende como mínimo a 50 billones de pesos anuales. En este contexto, Carrasquilla-Minhacienda afirma que le faltan 15 billones para equilibrar ingresos con los gastos proyectados para el 2019 y que este faltante lo conseguirá gravando con IVA la canasta familiar, impactando de muerte a los más pobres y vulnerables, con mayor tributación de la clase media y de los pensionados. Además, plantea deducciones impositivas a las grandes empresas y a las transnacionales”, afirma el economista Juan Manuel Garcés, con la pregunta lógica: ¿por qué no se obtienen los recursos fiscales atacando la corrupción descomunal, en lugar de gravar a la clase media y los pobres?

No dudo de que las promesas electorales del candidato Duque fueron decisivas para obtener los diez millones de votos que lo eligieron presidente en la segunda vuelta. Ahora vemos que hace lo contrario de lo prometido en su campaña. Nunca dijo que nombraría ministro de Hacienda al mismo de los bonos de agua, Alberto Carrasquilla. Nunca dijo que gravaría con “el infame” 19 % (así lo calificó) la canasta familiar. Si lo hubiera dicho, si hubiera sido sincero, no sería hoy presidente.

Atrajo, pues, el candidato Duque a sus electores con promesas falsas, y una mayoría de votantes engañada sufragó por él. No olvidemos, sin embargo, que las promesas falsas son moneda falsa y que, como la moneda falsa, constituyen un fraude.

Columnistas

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