¿Para dónde vas, Bogotá?

¿Para dónde vas, Bogotá?

El PDD de la alcaldesa López lo único que nos permite observar es una ciudad embolatada.

10 de julio 2020 , 09:35 p.m.

Una crónica de ‘El Espectador’ del jueves 10/7/2020 nos cuenta que el “Concejo ve embolatado el corredor verde de la séptima”. No es solo el corredor verde de la 7.ª. Todo el Plan de Desarrollo (PDD) de la alcaldesa Claudia López está embolatado, no por la pandemia de covid-19, sino porque en sí mismo es un plan inservible para las necesidades particulares de una ciudad como Bogotá, de las que ni la burgomaestra ni quienes le colaboraron en la concepción desatinada de su PDD parecen tener el menor conocimiento.

John Mario González, periodista, escritor y estudioso de los problemas urbanos, analizó sesudamente uno por uno los 157 artículos del proyecto de acuerdo 123 de 2020 aprobado por el Concejo de Bogotá el 31 de mayo de 2020 (Plan de Desarrollo) “en plena pandemia” y mientras los ciudadanos estaban encerrados (y lo están todavía) sin posibilidades ni cabeza para enterarse del contenido de un programa que los afectará a ellos directamente. González publicó en EL TIEMPO una columna (‘Pobre Bogotá’, 18/6/2020) que resume las falencias principales del proyecto y lo define como “errático y desfinanciado”. La más protuberante de ellas es la incoherencia del plan y su desconexión integral con las necesidades reales de nuestra ciudad. Todo en el proyecto 123 conduce a un endeudamiento monstruoso de la capital para aplicarlo a unos propósitos de movilidad y renovación urbana inútiles, que no van a mejorar la movilidad ni a renovar las actuales condiciones urbanas, o urbanísticas, de la capital de Colombia.

Si miramos la situación de la ciudad, y la proyectamos hacia la celebración de sus quinientos años (2038) con el lente del PDD de Claudia López, podemos preguntar ¿para dónde va Bogotá? La respuesta inevitable será: “no va para ninguna parte”. No se encuentra nada en el Plan que nos indique una concepción de ciudad para esa fecha, ya tan cercana, como la tuvo, por ejemplo, el plan urbanístico de Karl Brunner que, en cinco años (1933-1938), logró la transformación completa y armónica de Bogotá y la dejó planificada para los veinte años siguientes. El PDD de la alcaldesa López lo único que nos permite observar es una ciudad embolatada. Por la pandemia, sí; por la crisis económica, sí; pero sobre todo por la impreparación evidente de sus gobernantes, el anterior y la actual.

No se puede seguir gobernando la ciudad de espaldas a los ciudadanos, haciendo jugaditas como adjudicar a la madrugada y a la carrera el contrato de un metro elevado que nadie quiere, y que a nadie le sirve, excepto a los que van a ganar con los contratos; como el de la troncal de TM por lo avenida 68, que sus habitantes rechazaban y que la alcaldesa electa se había comprometido a no construir.

Si es verdad que la pandemia nos ha enfrentado a una crisis sanitaria desconocida, y que una crisis paralela, económica y social, de proporciones universales traerá consecuencias peores que la sanitaria, como ya se están viendo, aquí y en todas partes, también lo es que esas crisis nos ofrecen la oportunidad para recomponer la capital y preparar a los ciudadanos para enfrentar con éxito los desafíos dramáticos que ahora nos desconciertan y atemorizan.

Aceptemos la realidad de que la Bogotá donde vivimos hasta febrero pasado ya no existe. La ciudad de hoy, como se repara a simple vista, es una urbe cataléptica, desierta, triste, que sus habitantes, cuando pueden hacerlo, recorren desconcertados, temerosos, como extraviados en un mundo extraño.

No obstante, la querida ciudad en que nacimos conserva sus elementos vitales y para renacer solo necesita un plan orgánico y administrativo que se elabore y se ponga en marcha con la participación activa de los ciudadanos.

Algunas ideas al respecto, que he venido planteando desde mucho antes de la pandemia, las pondré a consideración de los lectores, y de la señora alcaldesa, en las próximas columnas.

Enrique Santos Molano

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