La vida es sagrada

La vida es sagrada

Es intolerable que Colombia retorne a ser una vergüenza en el panorama internacional.

07 de septiembre 2018 , 12:00 a.m.

Por fin vimos un Congreso de la República como quisiéramos verlo actuar siempre. Haciendo control político, denunciando, pidiendo explicaciones a las autoridades, buscando soluciones a problemas graves, hablando claro.

El debate del miércoles pasado, 5 de septiembre, en la Cámara de Representantes, transmitido al país por el Canal Institucional, con altísima sintonía, barras presenciales llenas y más de diez mil personas en la Plaza de Bolívar pendientes de las palabras de los senadores invitados y de los representantes inscritos para participar en la discusión, será memorable, tanto más si lo dicho por los oradores de distintos partidos se concreta en resultados, por parte del gobierno nacional, de las autoridades militares, judiciales y de policía: poner fin de raíz al asesinato sistematizado de líderes sociales, de docentes, de defensores de los derechos humanos, y acabar con las bandas criminales y paramilitares que cometen esos crímenes, auspiciadas y financiadas por terratenientes, narcotraficantes y otros especímenes que se han propuesto el plan siniestro de liquidar el sistema democrático en Colombia.

Estuvieron presentes en el debate la señora ministra del Interior, el señor ministro de Defensa, la señora vicefiscal de la Nación, el señor director general de la Policía, y varios altos funcionarios del Gobierno.

De unos días para acá circula por los medios digitales, y en hojas volantes, un “comunicado” de la organización fantasma “Águilas negras” en el que se amenaza de muerte a más de doscientas personas, entre líderes sociales, sindicales, docentes, periodistas, parlamentarios y activistas de Derechos Humanos, con la coincidencia sugestiva de que los amenazados por las “Águilas Negras” son inequívocamente personalidades progresistas. No se incluye en la lista a un solo personaje de la derecha o de la extrema derecha. Sin duda las misteriosas “Águilas negras” son asesinos selectivos. La hoja amenazadora dio origen al debate que comento.

Los oradores sin excepción declararon inadmisible, bajo ningún concepto y por ningún motivo, que el asesinato sea argumento para silenciar al contrario.

Los oradores sin excepción declararon inadmisible, bajo ningún concepto y por ningún motivo, que el asesinato sea argumento para silenciar al contrario; que la seguridad de cada colombiano debe estar garantizada por las autoridades que tienen el deber constitucional insoslayable de proteger “la vida, la honra y los bienes de los ciudadanos”, de todos y de cada uno, y que cuentan con los instrumentos necesarios y suficientes para hacerlo, respaldados en un presupuesto billonario. La violencia, mansamente tolerada por las autoridades –por desidia o por complicidad— no puede seguir, expresaron los parlamentarios. Es intolerable que Colombia retorne a ser una vergüenza en el panorama internacional, en el que por muchas décadas se nos clasificó como “un país de asesinos”, con indiscutible razón.

Los parlamentarios que intervinieron, elocuentes, pero sin rodeos, delinearon el mapa del crimen en el país. En 14 departamentos el asesinato de líderes sociales es casi diario y las amenazas están originando nuevos desplazamientos masivos de población.

¿Qué hacen las autoridades? Preguntaron los oradores. ¿No saben quiénes son las “Águilas Negras”? Difícil de creer. La obligación de las autoridades, en la lucha contra el crimen, es saberlo todo; sin embargo, en más de trescientos casos de asesinatos de líderes y lideresas sociales cometidos en el último año, no se ha capturado a un solo responsable. Como negligencia de las autoridades, este récord de impunidad e ineficiencia es para ponernos los pelos de punta. Nadie está a salvo. El representante conservador Nicolás Albeiro Echeverry hizo en el debate una revelación aterradora.

Contó el caso de un colega suyo que estaba en Medellín en una reunión con líderes sociales. Uno de ellos había recibido amenazas de muerte. En plena conversación los sicarios entraron al local, asesinaron al amenazado, hirieron a otros cinco, y escaparon frescos. Así de grave está la situación.

El presidente Duque es un hombre y un mandatario bien intencionado, pero necesitamos ver esas buenas intenciones convertidas en hechos.

Otro representante dijo que el gobierno del presidente Iván Duque llevaba apenas un mes de instalado y aseguro que el presidente es un apasionado en la defensa de los Derechos Humanos, de la Vida y de la Democracia. No tenemos por qué dudarlo. El presidente Duque es un hombre y un mandatario bien intencionado, pero necesitamos ver esas buenas intenciones convertidas en hechos palpables y concretos.

Parar la violencia y desmantelar las organizaciones criminales que la ejecutan, es lo que esperamos del gobierno, y no bellas palabras. A la policía no hay que hacerla perder el tiempo en decomisar dosis personales de marihuana. Eso únicamente generará más corrupción y más delito. Si se quiere combatir el microtráfico y el macrotráfico, debe emplearse la inteligencia del Estado en ponerles la mano a los dueños del negocio, por un lado; y por otro invertir recursos ingentes en una política educativa que abarque conocimiento, cultura, ciencia, investigación, en consonancia con los inventos que están transformando a la humanidad, para brindarles a los jóvenes la oportunidad de realizarse como personas y de ejercer actividades creativas y productivas que los alejen de las drogas o de cualquier vicio.

El título del debate, que exhibió constantemente la pantalla del Canal Institucional, era “La Vida es Sagrada”. Los oradores instaron al gobierno a hacer de ese lema un propósito real, que afiance la paz con tantas dificultades lograda en el gobierno anterior, y que le ponga fin a la violencia empeñada en destruirla y en mostrarnos a los colombianos como la vergüenza del mundo, cuando son unos pocos elementos criminales los causantes verdaderos de la tragedia.

La vida humana es sagrada. Lo es también la de los animales, las plantas y los árboles. Los árboles, que nos dan buena sombra, nos oxigenan el ambiente y nos ayudan a respirar un aire mejor, señor alcalde mayor de Bogotá.

ENRIQUE SANTOS MOLANO

Columnistas

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