La segunda marcha

La segunda marcha

¿Qué se le puede sugerir al Presidente? Que escuche la voz de los ciudadanos.

05 de diciembre 2019 , 07:02 p.m.

Si la primera marcha más grande de Colombia, la del 21N, fue gigantesca, la segunda marcha, la del 4D, estuvo más grande, y completamente pacífica, gracias a que las autoridades tuvieron, de milagro, el tino de mantener al Esmad lejos de la marcha, en Bogotá. En Medellín, elementos de ese cuerpo policial agresivo, cuya disolución exigen millones de ciudadanos, gasearon sin motivo alguno a manifestantes que marchaban tranquilos por las calles de la capital antioqueña. En el resto del país la movilización multitudinaria del 4D transcurrió sin la menor alteración del orden público.

Pregunta un artículo en El Espectador si el diálogo entre el Gobierno y el Comité Nacional del Paro “¿es un diálogo de sordos?”. No. Aquí solo hay un sordo: el Gobierno, que tiene la obligación de escuchar a los ciudadanos, y que se niega a escucharlos, como si no poseyeran ellos el derecho constitucional y la legitimidad natural para exponer sus reclamos al Gobierno que eligieron.

El espectáculo del 4D en la plaza de Bolívar no podremos olvidarlo quienes lo presenciamos, primero por la cobertura impecable de Citynoticias y después por la trasmisión en directo de EL TIEMPO por Twitter. La plaza llena de gentes que vinieron de todos los puntos de la capital y de sus alrededores se colmó de manifestantes, que no cupieron en el recinto y se extendieron con lleno completo de las cuadras hasta la calle 24. Nunca antes se había visto nada semejante en Bogotá, pero lo volveremos a ver muchas veces más en el futuro, mientras el desgobierno siga ahí, ciego, sordo y mudo a las voces de los ciudadanos.

No es aconsejable, y ojalá tengan esto en cuenta los medios muy respetables, que son proclives al establecimiento, y que están en su derecho de serlo, no es aconsejable, digo, tratar de minimizar, desconocer, invisibilizar o tergiversar un movimiento de masas como el que vimos el 21N y el 4D. Una fuerza desconocida de ciudadanas y ciudadanos, estudiantes, trabajadores de los oficios más variados, afros, indígenas, blancos, que en una cantidad no inferior a diez millones de personas recorren el país ordenadamente, en coordinación perfecta de mentes y aspiraciones, cantando, bailando y expresando sus consignas, sin odio ni amargura, sino con convicción irrevocable; una fuerza, por ejemplo en Bogotá, de centenares de miles de ciudadanos, que marchan por muchos kilómetros, desde tempranas horas del día, que permanecen cuatro o cinco horas en la plaza de Bolívar, bajo un sol ardiente, y que después hacen un cacerolazo general, a las diez de la noche, es una fuerza indomable que no retrocede, que no se asusta por más amenazas que le hagan con la Fuerza Pública (que esos mismos ciudadanos pagan de su bolsillo). Ignorar esa fuerza civil, menospreciarla, es tan peligroso como ignorar una avalancha que se nos viene encima.

Cecilia Orozco, en su columna valerosa de El Espectador (4/12/2019, ‘Un gobierno que se autoderroca’) escribe sin ambigüedades: “Si Nancy Patricia Gutiérrez, la ministra de quien depende la seguridad y la tranquilidad, dice en público que no ‘queda duda’ de que hay una ‘estrategia para derrocar al gobierno’, razón por la cual se desarrolla, según ella, ‘un paro basado en mentiras’, la convocatoria a la conversación nacional’ que hizo el presidente Duque para encontrarle salidas a la conmoción social que vive el país, simplemente es una farsa”.

Esta aserción de la columnista no necesita más comentarios. A la hora en que inscribo (2:46 p.m.) se inicia o está a punto de iniciarse una nueva reunión entre el Gobierno y el Comité Nacional del Paro. ¿Qué se le puede sugerir al Presidente? Que escuche la voz de los ciudadanos, que no tienen ningún interés en tumbarlo, sino en ayudarle a encontrar las soluciones justas y adecuadas para salir de la crisis provocada por los desaciertos de sus funcionarios que le han dado tan mal cariz al gobierno de la economía naranja. Escuche a los ciudadanos, presidente Duque, conéctese con ellos, deponga la soberbia. Un tris de humildad le sienta bien a un gobernante y puede ser su mejor consejera.

Los ciudadanos no piensan que el Gobierno sobra, y esperan que el Gobierno no crea que los ciudadanos sobran. Como le dijo el senador Petro al agreste (segunda acepción) senador Mejía, en Colombia no sobra nadie. Todos hacemos parte de un conglomerado nacional (el Estado) que ni más ni menos aspira a consolidar la democracia con equidad, igualdad, libertad, justicia y paz. No es otra la causa de las marchas cívicas más grandes que ha vivido Colombia.

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