La nanoeconomía y el mundo de hoy y de mañana (3)

La nanoeconomía y el mundo de hoy y de mañana (3)

La pandemia ha servido para esconder la crisis financiera y la catástrofe social del mundo de hoy.

07 de mayo 2020 , 07:30 p.m.

¿Cómo está el mundo de hoy? No podría estar peor. Veámoslo en una seguidilla de hechos recientes:

7 de diciembre del 2019. El analista económico Michael Snyder avisa que “cada vez más analistas económicos se acuerdan de la crisis financiera de 2008 y advierten que las burbujas pueden volver a estallar en cualquier momento. Si hace más de 10 años fue la burbuja del mercado inmobiliario, ahora hay otra bomba de relojería: la deuda corporativa”.

Para Snyder la burbuja nueva es “la más aterradora de la historia”. En solo Estados Unidos, la deuda corporativa alcanza los diez billones de dólares; pero si se suma la deuda de las medianas y pequeñas empresas, y de las famiempresas, hay que añadir cinco billones; y si se agrega la deuda de Europa y de los países asiáticos, africanos y latinoamericanos, la cosa puede pasar de los 30 billones de dólares.

Señala Snyder: “Todo el mundo puede ver que se avecina un gran desastre de deuda corporativa, pero nadie parece saber cómo detenerlo” (mundo.sputniknews.com).

En la misma fecha, el portal citado toma del diario ruso ‘Vesti Finance’ ‘Las 5 señales de la inminente llegada de una recesión económica’. Antes de enumerarlas advierte: “La economía mundial ya se encuentra en la peor situación desde 2008 y parece que la desaceleración (recesión) solo está cobrando impulso…”. Las cinco señales que la pronostican, según ‘Vesti Finance’, son: 1. Las ventas de autos están cayendo; 2. El comercio mundial sigue menguando; 3. Los beneficios de las empresas chinas están decreciendo; 4. La confianza del consumidor está disminuyendo en Estados Unidos; 5. La gente rica empieza a ahorrar dinero (debido a que sus ganancia se debilitan). Lo de “ahorrar dinero” puede traducirse en el despido masivo de empleados, no simplemente en que los ricos disminuyan sus gastos personales ingentes (que tampoco lo hacen).

En ese diciembre del 2019 se dio otro fenómeno en apariencia ajeno a la recesión económica en marcha. Un nuevo coronavirus (del que todavía se discute si su origen es natural o de laboratorio) saltó a los murciélagos, cuya carne es muy apetecida en el menú de los chinos de la región de Hubei, cuya capital es Wuhan, una gran ciudad de once millones de habitantes. El virus, denominado SARS-CoV-2, saltó o mutó de los murciélagos a las personas, y comenzó un contagio de persona a persona (en Wuhan) que generó una epidemia mortal. Alarmadas las autoridades chinas, cerraron la ciudad de Wuhan y pusieron a la población en cuarentena.

En el resto del mundo, a la gente del común le pareció cómico. ¿Una ciudad entera en cuarentena? A nadie, aparte de los chinos, se le ocurriría algo semejante. Nadie imaginó que tres meses después la mitad de los habitantes del planeta estaría en una cuarentena que al día de hoy no parece tener un fin próximo. La estiran como un caucho; pero no hay caucho que no se reviente ni cuarentena que aguante dos años.

22 de enero del 2020. El foro del mundo capitalista neoliberal en Davos celebra sus cincuenta años “en un clima de apocalipsis”. Asustados con la recesión que les pisa los talones, y con los movimientos de protesta ciudadana que emergen en numerosos países (entre ellos Chile y Colombia), los grandes empresarios, y la misma presidenta del FMI, cuestionan al capitalismo neoliberal como creador de desigualdad y de inequidad, al que es necesario “reformar”. Sin embargo, no presentan solución alguna. Tampoco le paran bolas al asunto del cambio climático ni al llamado dramático de “la loquita” Greta Thunberg, a la que escuchan por cortesía. Sí les llama la atención el manejo que China le está dando a “su problema” con el coronavirus. Hasta ese momento, el virus, que se sepa, no ha salido de China. Pronto, al igual que la recesión económica, se convertiría en personaje mundial, e incluso la opacaría gracias al pánico que la peligrosidad del contagio infundiría en los ciudadanos, prisioneros en sus domicilios.

Así lo sostiene en una entrevista del 27 de abril el médico alemán, y coronel del ejército de su país, doctor Heiko Schoning, quien dice: “Se ha demostrado que este pánico que estamos pasando no es necesario y que es de gran irresponsabilidad esparcirlo de esta forma mediática. Esta situación se parece a la de un estado de guerra y es en casi todo el mundo. Las medidas que se han tomado tienen el efecto en derechos de guerra aplicados”.

A la población le aconseja el doctor Schoning: “Traten esta epidemia como lo hacen en cualquier epidemia de gripe. La diferencia esta vez es que, con tanto miedo, el sistema inmunológico de las personas baja muchísimo…”.

“Toda la actual situación con reglas bélicas, toque de queda, no reunirse, no tocarse, mantener la distancia, cerrar las fronteras, invalidar las constituciones nacionales, etc., esto solo se hace en situaciones de guerra. Tengo la sospecha, y hay indicios, que es para capear una quiebra del sistema financiero de una manera controlada…”.

Me abstengo de comentarios a las opiniones del doctor Schoning, que transcribo a título informativo. Los lectores sacarán sus conclusiones.

Lo cierto, lo real y tangible, es que la pandemia ha servido para esconder la crisis financiera y la catástrofe social en que está envuelto el mundo de hoy, 2020, y para culpar de ello al coronavirus, cuando, como lo he dicho varias veces en esta columna, lo han advertido en diferentes medios economistas respetables, nacionales e internacionales, y queda expuesto al comienzo de la presente nota, el virus económico (ecovid 20) arrancó en el 2008 y ahora se encuentra en su fase más peligrosa: el final del capitalismo neoliberal.

Así está el mundo de hoy, con los ciudadanos atrapados en su casas, acorralados por el pánico a un virus normal, mientras que otro virus peor destruye millones de empleos, arruina empresas, arruina países, y prepara, según lo anunció la ONU, la mayor hambruna de la historia, que se pronostica para finales de este año terrorífico, y como consecuencia de la cual morirían por hambre trescientos millones de personas. Cinco veces más que las fallecidas por la Segunda Guerra Mundial y mil veces más que las que podrían perecer en la actual pandemia del coronavirus.

¿Cómo será el mundo de mañana? ¿Caeremos de nuevo en el gatopardismo, y todo cambiará para que nada cambie? ¿O cambiará el sistema neoliberal por un sistema basado en la nanoeconomía y en el empleo de la inteligencia artificial al servicio de todos? ¿Será la cuarta revolución industrial la que al fin redima al género humano de esas plagas milenarias nacidas de la codicia, la avaricia y el egoísmo, como la pobreza, la ignorancia y la falta de oportunidades para todos? En la columna siguiente entraremos en materia.

Enrique Santos Molano

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