La nanoeconomía y el mundo de hoy de mañana (4)

La nanoeconomía y el mundo de hoy de mañana (4)

El mayor modelo se dio durante el gobierno de Roosevelt y la Gran Depresión de los años 30.

14 de mayo 2020 , 10:39 p.m.

Hace treinta años, al comenzar las décadas de transición del siglo veinte al veintiuno, que este año terminan de manera tan abrupta y tan poco misericordiosa, casi nadie, salvo los científicos que trabajaban en ellas, había oído hablar de nanotecnología y nanociencia, bases de la IV Revolución Industrial con la que se inaugura el siglo veintiuno.

No es mi propósito entrar en la explicación de esos avances asombrosos y complejos de la ciencia y la tecnología, gestados con el lanzamiento del primer satélite orbital artificial, el Sputnik, por la Unión Soviética en octubre de 1957. Solamente, para ilustrar mi teoría, acudo a uno de los aspectos de dichas tecnociencias, como es la capacidad de almacenar en un aparato pequeño (un celular, por ejemplo) millones de archivos y otras miles de funciones, prodigio que hoy vemos como cosa normal, y que, tres décadas atrás, cuando apenas manoseábamos el computador personal, aún situábamos en los dominios de la ciencia ficción, más propio de series como 'Archivos X', que de la vida real. La virtualidad que, al inicio de los noventa no tocaba nuestras imaginaciones, hoy es algo así como una realidad paralela que nos invita a los ciudadanos del mundo a ser los protagonistas de la vida en el siglo veintiuno, y no simples esclavos de los dioses del poder, y de la corrupción pandémica del narcotráfico.

La nanoeconomía es un concepto que emulsiona la macroeconomía en la microeconomía, para originar un orden económico diferente que atienda el interés de los ciudadanos, por encima del afán de lucro de las empresas y de las corporaciones. Es parte del ideal democrático y progresista, todavía sito en el terreno de la utopía, pero cada vez más cerca de materializarse. De hecho, ya han existido, y sobreviven a los ataques del régimen económico neoliberal, ensayos nanoeconómicos, como el cooperativismo, las medianas y pequeñas empresas (pymes) y las famiempresas, nanounidades de producción que generan el setenta por ciento del empleo y de la riqueza nacional, pero a las que se desconoce a la hora de repartir ganancias y beneficios. El mayor modelo de nanoeconomía se dio durante el gobierno de Franklin D. Roosevelt (calificado de “comunista” por los orangutanes de la ultraderecha). La Gran Depresión de los años 30 fue enfrentada exitosamente por Roosevelt con programas destinados a sacar de la pobreza a millones de estadounidenses a los que el mal manejo financiero posterior a la Primera Guerra Mundial, y la especulación corrupta bursátil, dejaron en la ruina y sin empleo. La conversión del agro en granjas (miles y miles de granjas pequeñas a lo largo y ancho de la Unión) les devolvió el manejo de la tierra a los campesinos y creó una nueva era de prosperidad inmensa, tanto en lo rural como en lo urbano.

Por desgracia, con la muerte de Roosevelt y la defenestración del vicepresidente progresista Henry Wallace, por el derechista demócrata Harry S. Truman, el capitalismo salvaje se apropió de la riqueza creada por la nanoeconomía de los granjeros y de las pequeñas empresas, e instauró el régimen neoliberal que ha llevado al mundo al mayor desastre económico de la historia, peor que la Gran Depresión, y al que intentan paliar con una pandemia de coronavirus.

Por cierto, hablando de coronavirus, dice la Organización Mundial de la Salud (OMS) que este virus covid 19 o SARS CoV-2, “posiblemente no desaparecerá nunca”. Una afirmación sin duda estólida y anticientífica. No hay mal, ni ninguna otra cosa, que dure para siempre. Al contrario de la OMS, el virólogo italiano Giuseppe Ramuzzi, director del Instituto de Investigaciones Farmacológicas de Milán, dijo en una conferencia esta semana que “el nuevo coronavirus podría perder su potencia y desaparecer incluso antes de que se desarrolle una vacuna efectiva”. Como la OMS ha sido señalada muchas veces de tener más interés en el negocio de las vacunas que en la salud de los humanos, me inclino a creer que el doctor Ramuzzi está más próximo a la verdad.

Los ciudadanos se hastiaron con el terrorismo coronaviral y quieren salir a la calle. Como en Suecia, hay que guardar protocolos estrictos de higiene y trato social (distanciamiento, ‘ma non tropo’) para evitar el contagio; pero la prisión domiciliaria masiva ya no da más. La cuarentena perdió su encanto y los ciudadanos necesitan salir a ponerle el pecho a la crisis económica, de la que el gobierno del joven e inexperto (para decirlo suave) presidente Duque parece no estar enterado. Él como que prefiere jugar a la guerra.

En la siguiente columna concluiré esta nanoserie sobre la nanoeconomía. Cómo funcionaría en el mundo de mañana, en una transición que podría completarse en los veinte años venideros. Por lo pronto, veo en Colombia avanzadas alentadoras de iniciativa ciudadana, como la granja agrícola que ha organizado en Subachoque (Cundinamarca) la reconocida ambientalista Elizabeth Grijalba de Rodado, y el programa de agricultura urbana que adelantan con entusiasmo enorme los habitantes de Popayán. También en el departamento de Córdoba adelantan proyectos similares.

Enrique Santos Molano

Empodera tu conocimiento

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.