Hollman en Bogotá

Hollman en Bogotá

Es el candidato alternativo a la tradición, el que mejor conoce a Bogotá y tiene las soluciones.

17 de octubre 2019 , 07:51 p.m.

Del domingo en ocho, Colombia decide su futuro en las urnas. Veremos si triunfa (fraude aparte) la ultraderecha neoliberal o neofeudal corruptísima que desde 1998 se ha tomado y corrompido las instituciones democráticas, especialmente alcaldías, concejos, asambleas y Congreso, mediante mecanismos varios: compra o venta de votos, trasteo de los mismos, compra de jurados, escrutinios poco claros, encuestas manipuladas, amenazas a electores y candidatos, asesinato de líderes sociales y de candidatos y candidatas.

Para las elecciones del 27 de octubre, organismos oficiales y privados que ejercen vigilancia sobre el proceso preelectoral han denunciado riesgos graves en cerca de 227 municipios, y sospechas de posibles fraudes en otros trescientos, casi la mitad de los municipios del país. Don dinero sigue siendo el gran elector (‘poderoso caballero’), y como lo demostró el senador Gustavo Bolívar en una serie de debates recientes, los dueños de las grandes firmas encuestadoras tienen múltiples intereses creados. En consecuencia, los resultados de las encuestas que arrojan al público parecen más destinados a marcar tendencias que a reflejarlas realmente.

Las últimas encuestas en Bogotá, hechas por empresas independientes (Gauss de Colombia S. A. S. y Mosqueteros la W.), arrojan resultados similares. En la de Gauss encabeza Claudia López con 24,44 %, seguida por Hollman Morris con 23,37 %, Carlos Fernando Galán con 22,86 % y Miguel Uribe Turbay con 10,98 %; en la de Mosqueteros, unos días antes a la de Gauss, Galán encabeza con 29,1, lo siguen Claudia con 23,2, Hollman con 22,6 y Uribe con 10,8. En un ejercicio de carácter privado, posterior a las dos encuestas citadas, entre cien ciudadanos de ambos sexos al norte, centro y sur, noroccidente, centroccidente y suroccidente, los resultados fueron semejantes a la encuesta de Gauss: Hollman, 21; Claudia, 18; Galán, 15; Uribe, 5; voto en blanco, 5, y abstenciones, 36. Si esas encuestas recogen una tendencia, la alcaldía mayor de Bogotá estaría por definirse entre Hollman Morris, de Colombia Humana-Unión Patriótica-Mais, y Claudia López, de Alianza Verde.

Los candidatos Carlos Fernando Galán y Miguel Uribe Turbay, ambos de la derecha, patrocinados por una alianza abigarrada de comerciantes, constructores, bancos y universidades, se han desinflado porque sus programas son de índole peñalosista inocultable (metro elevado, TransMilenio por la 7.ª, urbanización de la Van der Hammen, obras a la loca, etc.). Galán, en particular, no ha sabido o no ha querido explicar lo del contrato de 11.000 millones de la alcaldía de Bogotá, con una fundación (Escuela Galán para la Democracia) que opera la familia Galán, además de tener a uno de sus hermanos como cónsul en París.

Miguel Uribe Turbay ha exagerado de tal manera la ostentación publicitaria, y el obvio e insultante despilfarro de dinero en ella, que le produjo el efecto contrario: le ganó la antipatía de la gente.

La declarada inclinación de Claudia López por el metro elevado de Peñalosa y su pasividad ante los despilfarros del erario bogotano y los errores urbanísticos garrafales en la administración presente le han enajenado parte sustancial de la simpatía que despertó al principio entre los ciudadanos del común; pero Claudia conserva el apoyo febril de muchos columnistas eminentes. Ramiro Bejarano y Daniel García-Peña, por ejemplo, le han dedicado en El Espectador odas sublimes de amor que la sitúan como la mesías que Bogotá aguarda para ver resueltas sus desdichas. Ojalá. La reconocida comandante del club feminista, Florence Thomas, en su columna de EL TIEMPO, no se les queda atrás a sus colegas varones (EL TIEMPO. 18/10/2019, ‘Yo sí sé quién es Claudia López’).

No tengo duda alguna de que Claudia López merece esos elogios y muchos más. Yo, en su carácter de figura pública, siento por ella la admiración más grande; pero hay conceptos en la columna de Florence Thomas que no pueden ni deben pasar de agache.

Al alabar la lucha de Claudia contra la corrupción (lucha que todos aplaudimos y cuya derrota estilo plebiscito por la paz deploramos igualmente), dice Florence Thomas: “Y no solo contra la corrupción, sino contra las empresas criminales que en este país se callan por miedo y ella supo denunciar en su momento, cuando participó de frente en los debates de la ‘parapolítica’ de este país”. Eso es fiel a la verdad; sin embargo, en su fanatismo feminista, a Florence se le olvida que fue Gustavo Petro quien —voz solitaria— enfrentó en el Senado al gobierno de Uribe Vélez y denunció los ‘falsos positivos’ y la corrupción imperante.

Agrega la columnista que “Claudia no tiene apellidos de cuna. Ya eso en este país es mucha cosa (…). Claudia no proviene de familias tradicionales de la política, con ella se rompen los lazos seculares con las familias que creen saber cómo se hacen los asuntos de la política en Colombia, por simple transmisión familiar. Confío más en los méritos propios y en la gente que la rodea: Antanas Mockus, Lucho Garzón, Juanita Goebertus, Antonio Navarro, Rafael Pardo, entre otros”. Por favor, si todas esas personas que cita Florence son, unos, miembros de la alcurnia bogotana más antigua y, otros, (Mockus, Navarro, Lucho) hace rato se incorporaron a la nueva élite social excluyente, a la que pertenece la propia Florence. De donde podríamos deducir que Claudia sería una candidata elitista. Estoy seguro de que ella no lo es, pero al que entre la élite anda algo se le prende.

También dice Florence: “En un país que necesita urgentemente cerrar las brechas de género, para estas elecciones tenemos un vergonzoso 10 por ciento de candidatas a alcaldías del país”. De acuerdo en que es urgente cerrar las brechas de género, o incluso voltearlas a favor de las mujeres. No obstante, asoma una contradicción en el enfoque de Florence. Omite mencionar el hecho de que en la lista de Colombia Humana hay veintidós aspirantes, once de ellos mujeres y once hombres, y que ninguna otra lista en el país —aparte de las de Colombia Humana— tiene esa paridad, que es un paso gigante y efectivo en el camino de cerrar las brechas de género.

Nunca he oído a Florence Thomas condenar los maltratos a que son sometidas las indígenas en el Cauca, ni el asesinato de las líderes sociales en distintas regiones de “este país”. No la oímos levantar su voz tonante contra el duro machismo costeño y plutocrático que obligó a renunciar a la candidata de Colombia Humana y la Unión Patriótica en Cartagena, Adelina Covo; tampoco la escuchamos increpar la tramoya que le armaron los machos en Chía a la candidata de Colombia Humana al concejo de esa ciudad cundinamarquesa, Carolina Torres Madrid, para sacarla de la lista; ni las amenazas de que son víctimas constantes las numerosas mujeres que integran en el país las listas de Colombia Humana-Unión Patriótica, y los de los demás movimientos y partidos progresistas.

Quizá para Florence Thomas las mujeres de Colombia Humana, sencillas, humildes, trabajadoras, inteligentes, bellas, progresistas, no son mujeres dignas de ser admitidas en el club feminista. De todos modos, los varones las adoramos.

Termina la columnista veterana de EL TIEMPO con una trivialidad inverosímil: “Entre otros (simpatizantes de Claudia, ESM) la gran Angélica Lozano (con esta primera dama, ¡quién no vota por Claudia López!)”. Con todo respeto, me parece una falta del mismo con Angélica Lozano reducirla al papel de primera dama. Angélica es senadora de la república, y lo hace muy bien. No creo que necesite ser primera dama de nadie, ni creo que a Claudia le agrade la idea de que hay que votar por ella porque Angélica Lozano será su primera dama.

Por esas razones, y por otras más, no votaré por ninguno de los dos candidatos y la candidata que conforman, implícitamente, el ‘trío Peñalosa’. En mi concepto, Hollman Morris es el candidato alternativo a la tradición, es el que mejor conoce a Bogotá y tiene las soluciones, expuestas a lo largo, ancho y profundo de sus correrías por la ciudad, para resolver problemas que han subsistido por más de doscientos años, y sobre los que se han acumulado, década tras década, los nuevos que van surgiendo. Mi voto será por Hollman Morris y por la lista de Colombia Humana, para cerrar las brechas de género.

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