Felices al garete

Felices al garete

El Gobierno, nada de nada. Firme en su sordera, con el Presidente atrincherado en la Casa de Nariño.

28 de marzo 2019 , 07:14 p.m.

El optimismo es una pastilla sedante muy recomendada a los pueblos por su clase dirigente cuando la ciudadanía comienza a impacientarse con las promesas no cumplidas, los engaños reiterados, la farsa interminable de las cortinas de humo y demás trucos de magia con que los gobiernos populistas de ultraderecha, de ahora y de siempre, buscan disimular el enriquecimiento de unos pocos y el empobrecimiento de los más. A eso no hay que darle tantas vueltas. Es así de simple.

Lo que digo no es invención de opositores del gobierno de turno. Sale publicado a diario en los periódicos y en los noticieros televisivos y radiales más prestigiosos, la mayoría de los cuales simpatiza con el régimen, pero no pueden evitar informar sobre una realidad que está a los ojos de los ciudadanos del común.

Hay una situación desesperada en Cúcuta y en Norte de Santander, originada por el famoso concierto en la frontera, que ocasionó su cierre total por parte del gobierno bolivariano y constitucional que preside Nicolás Maduro. Tal medida está ocasionando la ruina del comercio de Cúcuta y un desempleo escalofriante, y se acercan días de hambruna peligrosa. ¿Qué hace el Gobierno? Nada. ¿En dónde están las voces sonoras de Vives y de Juanes para denunciar la situación en Cúcuta? ¿En dónde alguna iniciativa del autoproclamado Juan Guaidó para promover ayuda humanitaria que alivie a los atribulados habitantes de la capital nortesantandereana? No creo que a Guaidó le importe un pito la suerte de los cucuteños. ¿El gobierno del señor Trump enviará algunas cajas con alimentos para socorrer a Cúcuta?

No es solamente Cúcuta. En el departamento del archipiélago la situación es igual de grave, y lo mismo puede decirse de por los menos otros veinte departamentos de la República. Más de cuatro ataques contra las autoridades en 48 horas en Norte de Santander y el Cauca. Bogotá acorralada por la ola de hurtos. Estos datos negativos, entre cientos más, los extraigo, como dije, de informaciones que salen a diario en los periódicos de Bogotá y de las capitales departamentales, y que corren replicadas por las redes sociales. El Gobierno es el único que no se entera. Está demasiado ocupado en arreglar la situación en Venezuela.

La Minga indígena que tiene bloqueada, hace quince días, la carretera Panamericana, tratando de hacerse escuchar, no lo ha logrado. Está comenzando a generarse un desabastecimiento inquietante de alimentos y otros productos, con la carestía consiguiente y las alzas especulativas. El Gobierno, nada de nada. Firme en su sordera, con el Presidente atrincherado en la Casa de Nariño, negándose al diálogo.

Vamos felices al garete. El jefe de Estado toca guitarra y chupa naranjas, y el coro de los aduladores farsantes entona dulces melodías de optimismo mientras la barca nacional se hunde. Al respecto, encuentro unas reflexiones del jurista y escritor Héctor Peña Díaz, en su blog, que resumen las perspectivas de un futuro inmediato si nuestra clase dirigente no adivina que, de no corregirse los errores sistémicos, la situación se le hará insostenible.

“El hecho de que haya fracasado la vía armada, no entraña que muchas de las razones de los que se alzaron (y están alzados) en armas contra el Estado no sean válidas y no impliquen la transformación del orden social injusto impuesto al pueblo colombiano. Esta constatación histórica debería concentrar la acción de las autoridades públicas en remover las causas del atraso y la desigualdad reinantes mediante una política consistente y sistemática de redistribución del ingreso, con acento en la superación de la pobreza y el desempleo. Si ello no es así, los reparos a los acuerdos de paz por parte del propio Gobierno se convierten en excusas para mantener un statu quo y prolongar una situación de fragmentación e injusticia social que puede derivar en nuevas violencias”. Véase texto del blog: Lo inobjetable.

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Recomendado de la semana. La entrevista de Alex Morris con Alexandria Ocasio-Cortez en el número de marzo de la revista Rolling Stone. La estrella demócrata, que milita en el ala progresista de Bernie Sanders, nos ofrece una visión precisa de quiénes son los millennials, cómo redefinir el cambio climático, o cómo la nueva generación de estadounidenses le va a marcar el rumbo a la gran potencia en un futuro inmediato. La entrevista es brillante y en las respuestas sin ambigüedad de la representante demócrata progresista no hay palabra desperdiciada.

Sobre si ella está polarizando al país, Alexandria Ocasio-Cortez responde: “Creo que está mal decir que lo que estoy proponiendo es polarizar el país. Lo que estamos viendo es una clase gobernante de empresas y una élite muy pequeña que ha capturado el gobierno. Los hermanos Koch son dueños de todos los republicanos en el Senado, y ellos no votan por nada menos que sus sugar daddies (mantenedores) les digan. Pero el 70 % de los estadounidenses está a favor del Medicare for All [propuesta de ley de Bernie Sanders]; el 90 % cree que debemos quitarles dinero a los políticos; el 80 % cree que el cambio climático es un problema real, sistemático y urgente; y el 67 % cree que los inmigrantes son una fuerza positiva en los Estados Unidos. Yo creo que estoy luchando por el consenso estadounidense”.

Alexandria Ocasio-Cortez tiene 29 años y todavía está pagando la deuda que contrajo para terminar sus estudios.

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