‘Falta de conciencia’

‘Falta de conciencia’

No se nota ninguna conciencia, por parte del Gobierno, sobre las necesidades vitales de ciudadanos.

18 de junio 2020 , 09:25 p.m.

“El Gobierno, preocupado por la falta de conciencia sobre la pandemia” (EL TIEMPO, 17/6/2020). Es bueno saber que el desgobierno se preocupa por algo. En contraste también es bueno dar a conocer la preocupación de los ciudadanos por “la falta de conciencia” del Gobierno sobre el estrago social y económico de que –además del virus, y con pretexto del mismo– son víctimas miles y miles de familias de modestos o de ningunos recursos.

El desgobierno supone que la falta de conciencia es por capricho o por indisciplina de los ciudadanos “inconscientes” que, por salir de rumba y a divertirse con el coronavirus covid-19, Sars-Cov-2, desacatan las medidas rígidas de confinamiento y se exponen al contagio. No presumen, esos servidores públicos, elegidos por los ciudadanos para servirle a la comunidad, que parte de sus obligaciones –parte insoslayable—, por ejemplo, frente a una emergencia sanitaria como la presente es la de estudiar las consecuencias adversas de diverso orden que se desprenderán (que ya se están desprendiendo) de medidas preventivas necesarias y temporales como el confinamiento obligatorio y el distanciamiento social.

Nuestro Estado social de derecho, consagrado en la Constitución vigente, estipula que los derechos físicos elementales de los ciudadanos, es decir, de obligatorio cumplimiento para los gobiernos, son el derecho a la salud, el derecho al trabajo y a la vivienda.

En el caso del derecho a la salud, el Estado constitucional ordena que los gobiernos ejecuten, mantengan y mejoren constantemente una política de salud basada en la prevención, o en la que se conoce como medicina preventiva, que mantenga los índices de morbilidad en sus niveles mínimos, o incluso inexistentes, y que permita sortear sin traumatismos una emergencia como la que ha ocasionado el covid-19. La medicina preventiva le permitió a China superar de inmediato un primer brote de covid-19, con mortalidad muy baja, que hubiera podido dejar varios millones de víctimas fatales si el sistema chino de salud hubiera sido como el colombiano.

Europa tuvo más problemas y más mortalidad gracias a que el neoliberalismo dejó deteriorar los excelentes sistemas de salud que obraron en los tiempos del Estado de bienestar. Sin embargo, los gobiernos europeos no encerraron a los ciudadanos para abandonarlos a su suerte. Los trabajadores que perdieron sus ingresos por la cuarentena recibieron un subsidio mensual para su sostenimiento, y a los desempleados no dejó de pagárseles el subsidio habitual. En esas condiciones, el confinamiento es una medida que salva vidas y minimiza los contagios. Así lo comprendieron y aceptaron los ciudadanos de Europa.

En Colombia no tenemos nada semejante. ¿Medicina preventiva? ¿Eso con qué se come? preguntan nuestros gobernantes narcisos. La salud aquí es un negocio de unos cuantos, y punto. No estábamos en absoluto preparados para una emergencia pequeña, y mucho menos para una del tamaño de la que padecemos. La alcaldesa de Bogotá chilla porque no le mandan los respiradores que le prometieron y se desquita paseando por la ciudad en camionetas con megáfonos estridentes que amenazan a los ciudadanos con multas y cárcel si no se quedan en casa. De varias fuentes me dicen que la doctora López trata a sus subalternos a punta de gritos. Malgeniada. Con razón está con alta favorabilidad en las encuestas. A mucha gente ese tipo de funcionarios le parecen lo máximo.

Retomando el cuento de la falta de conciencia, dicha falta es enorme en el Gobierno. No se nota ninguna conciencia sobre las necesidades vitales de los ciudadanos. Las personas (que no son cuerpos gloriosos) tienen que alimentarse a diario, pagar arriendo, servicios, deudas, impuestos. Los acreedores son implacables en cualquier circunstancia y siempre tienen a los jueces en su favor, mientras que a los deudores nadie los ampara. El gota a gota (actividad criminal) se ha incrementado con la pandemia. Ello indica el estado de desesperación al que están llegando en no pocos sectores ciudadanos. La inseguridad galopa a sus anchas. ¿Tiene el Gobierno conciencia de esos y otros fenómenos sociales que está en la obligación de atender y solucionar? ¿O solo tiene oídos para los berridos del senador Uribe Vélez que exige “bombardear de día y de noche” a los campesinos inermes?

Habrá en pocos meses una emergencia alimentaria mundial (léase hambruna), que comienza a sentirse. ¿Qué medidas se están tomando para prevenirla y enfrentarla en Colombia, el país con mayor capacidad de producción de alimentos de calidad en el continente? No repitamos la fábula de los que por codicia se dejan morir de hambre en medio de la abundancia de comida.

Enrique Santos Molano

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