El sofisma de la igualdad

El sofisma de la igualdad

La equidad encara las asimetrías en forma realista. Eso no resulta atractivo para los poderosos.

23 de julio 2020 , 09:25 p. m.

Los pobres aman la riqueza, pero no pueden ser ricos porque los ricos aman la pobreza y se esmeran en fomentarla, pues en la pobreza encuentran la fuente inagotable de su lucro. En este axioma sencillo podemos observar con claridad el conflicto entre igualdad y desigualdad. Un conflicto sofístico. Mientras que la desigualdad es, científica y socialmente, un fenómeno natural, la igualdad es un ideal, y como todos los ideales, por fuera de la realidad.

No hay en el mundo ser viviente que se parezca a otro, ni río que pase jamás dos veces por el mismo sitio. La desigualdad, o su sinónimo, la diversidad, está en todas partes. La igualdad solo en el lema de la Revolución francesa, en los cementerios y en la boca de los demagogos astutos que la emplean para engatusar a los tontos. Para ilusionar a los pobres con el cuentazo de que algún día tocarán la igualdad de oportunidades y podrán llegar a ricos, si se sacrifican una y otra vez para conseguirlo.

Esos mismos demagogos que predican la igualdad a nombre de la filantropía de los magnates se cuidan de promocionar la equidad. La equidad, como herramienta para erradicar los desequilibrios económicos entre ricos y pobres, implantar la justicia social y servir al bien común, es muy peligrosa. Encara las asimetrías en forma realista. Eso no resulta atractivo para los poderosos amos del planeta, que prefieren mantener las asimetrías y la inequidad como están, e incluso profundizarlas.

Es lo que se deduce de un informe analítico realizado por el Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). “Explica cómo los costos de la depresión económica del primer semestre del año fueron trasladados a las clases trabajadoras, mientras que el gran capital aumentó sus ganancias en plena crisis” (mundosputniknews, ‘Los grandes ganadores de la pandemia’, y ‘una auténtica guerra mundial contra los pobres’). Léase bien, el análisis del CAM no habla de una ‘auténtica guerra mundial contra la pobreza’ sino contra los pobres. Esos humanistas de las Universidades Nacionales, ¡siempre aguando la fiesta! ¿Por qué extrañarnos de que la ultraderecha haga lo posible por sacar las humanidades de los estudios académicos, y concentrarlos nada más en las tecnologías?

Cuando el detestado Gustavo Petro era alcalde de Bogotá, quiso ejercer la equidad, estableció el mínimo vital y gratuito de agua para los estratos uno dos y tres. Enseguida brincaron los estratos cinco y seis y acusaron al alcalde abusivo de estarles violando su derecho a la igualdad y exigieron que el mínimo vital de agua gratuito se aplicara también para ellos, pero no ofrecieron en contraprestación equitativa compartir sus salarios jugosos con el paupérrimo salario mínimo de aquellos estratos. Como diría don Antonio Nariño, “dulce y sabrosa igualdad”.

Por supuesto, son muchas las personas que de buena fe creen en la posibilidad de alcanzar la igualdad. Este diario, en su edición de ayer jueves, publica el informe de “las cabezas de la Cepal, la OIT y la Oficina de la ONU en Ginebra sobre la ruta que sigue para reparar el daño de la pandemia” (‘La igualdad es central para la reconstrucción’, EL TIEMPO, 23/7/2020). No se refiere al daño sanitario ocasionado por la pandemia, sino al daño económico y social. Desde ahí el enfoque está viciado y conduce a la palabrería de siempre, a las obviedades usuales y a conclusiones erróneas. Culpar a la pandemia de la crisis económica es como culpar a un temblor porque se caigan unas casas que estaban a punto de caerse por su mala construcción o su cimentación defectuosa. “El coronavirus –dice el economista Peter Schoff– no es sino el alfiler que pinchó la enorme burbuja económica”.

No pongo en duda que los expertos cepalinos y demás cabezas que suscriben el informe, proceden con la mejor intención de avocar las soluciones adecuadas para resolver la situación “poscovid”. Esa situación será, si ya no lo es, peor que la situación “en covid”.

Nos tienen engolosinados con la vacuna, que ya va a salir la de Oxford, que están listas las de Rusia y China, que las probaron con éxito del cien por ciento; y la volátil OMS nos da la bella noticia de que no habrá vacuna antes del primer trimestre del 2021, si acaso.

Entre tanto, la cifra de empleos destruidos en el semestre anterior rompe topes inimaginables. Más de ciento cincuenta millones de trabajadores han perdido sus empleos; la pobreza crece a ritmos de vértigo, y la inseguridad cunde en los centros urbanos. ¿Y la hambruna? El informe del CAM revela que en el mundo están muriendo por hambre diariamente cuarenta y cinco mil personas. ¡Veinte veces más de las que mata el covid en una semana! ¿Será para paliar el hambre que en Colombia gastan miles de millones en unas tanquetas ultraeficaces para el Esmad, y no hay un peso para atender los gravísimos problemas sociales?

Asusta el simplismo con que los expertos de la Cepal, la OIT y la ONU plantean su hoja de ruta para enfrentar el “poscovid”. Cosas elementales (o esenciales) que ya figuraban en las metas del milenio, y que no se han cumplido ni en mínima parte. Por el contrario. “No hay tiempo que perder –dicen— ante la necesidad de tan cruciales esfuerzos.” Tiempo es lo que estamos perdiendo, por desgracia. “La pandemia ha evidenciado las brechas estructurales que presentan las economías de las regiones que actualmente se encuentran en el centro de la crisis, como América Latina y el Caribe”.

Esa evidencia de las brechas estructurales ha sido evidenciada mucho antes de la pandemia y denunciada por múltiples pensadores y economistas. “Continuar como de costumbre no es una opción posible”, afirman, y estamos en acuerdo pleno. Pero las soluciones de nuestros citados expertos para romper esa “costumbre” son las mismas, aunque menos profundas, que las propuestas recurrentemente en los foros de São Paulo y otros eventos sociales, y caerán en el mismo hueco.

No se plantea la única solución posible: cambiar de tajo, de raíz y para siempre, el actual modelo económico, que es verdadero causante de la crisis, no la pandemia. Mientras el capitalismo neoliberal subsista no habrá solución y la “brecha estructural” se agrandará. Todo eso de “la seguridad de ingresos y las oportunidades de empleo que cree la inversión en la recuperación económica, social y ambiental poscovid sentarán los cimientos de un enfoque centrado en las personas, que garantice la justicia social. El trabajo decente, unos sistemas de salud sólidos y la protección social universal de la infraestructura de la vida deben colocarse en el centro”, es poesía idealista, sin asidero en la dura prosa del modelo económico neolibeal, que mientras perviva no permitirá ninguna acción social que amenace sus intereses, así sea la más inofensiva.

¿Pueden hacer algo la América Latina y el Caribe para coadyuvar los buenos deseos de que se hace vocera la doctora Alicia Bárcena? Difícilmente, con gobiernos de ultraderecha apoyados por el gran capital. Los Bolsonaro, los falsos Lenin, los golpistas bolivianos, los Piñera, los Lacalle Pou, y otros ejemplares de la ultraderecha, no permitirán que América Latina se libere del coloniaje al que está sometida, Mientras gobiernen ellos o sus secuaces, las buenas intenciones de la Cepal, la OIT y la ONU no pasarán de ahí.

Desde el Congreso de Angostura (1819) el Libertador Simón Bolívar trazó un mapa de ruta que América Latina y el Caribe tienen pendiente de recorrer y que sigue hoy vigente como entonces. América latina debe actuar como una comunidad continental. Sus naciones enfrentan problemas comunes que solo pueden resolverse con soluciones comunes y adecuadas a su idiosincrasia común.

Enrique Santos Molano

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.