El paro del 21

El paro del 21

Se marcha en procura de que Duque gobierne para los colombianos y no para un grupito minoritario.

14 de noviembre 2019 , 07:11 p.m.

Desde distintas instancias –gubernamentales, gremiales, académicas– se han hecho rogativas a los organizadores del paro nacional y de las marchas que se efectuarán el 21 de noviembre próximo, en el sentido de encarecer que el carácter del paro y su realización sean pacíficos, ordenados, ejemplarmente tranquilos.

Tal reclamo brota de los rumores malintencionados (o bienintencionados, según se mire) que circulan hace varios días y que han sido incluso divulgados en algunos medios de audiencia masiva, de que las protestas serán violentas “como en Ecuador y Chile” y que los manifestantes se proponen destruir las ciudades con la colaboración de encapuchados que harán el trabajo de tirar bombas, bloquear el transporte y cometer desmanes por donde quiera. Ha sido muy publicitado un video asustador en el que un terrorista encapuchado, con voz disimulada por medio electrónico, que lo hace aún más siniestro, da instrucciones sobre los actos criminales que deben ejecutarse el día de la marcha “contra el imperialismo”.

Hasta el mismo prócer bíblico que profetizó en 2017 que apenas asumiera el poder el uribismo “haría trizas los malditos acuerdos de paz de La Habana”, en un artículo en el que trata a su presidente Duque de ignorante profesional, y lo vuelve trizas, señala: “¿No sabe el presidente que la marcha del 21 no es para reclamarle nada, sino para tumbarlo? ¿Y que esa aventura va a terminar muy mal, o para quienes la intentan, o para su objetivo obvio, el presidente?”. (Debate Periódico. 11/11/2019. Fernando Londoño Hoyos:” ¿No lo sabe el presidente?”. RedGes).

Con esas predicciones venenosas, que no tienen fundamento en las intenciones reales de los organizadores del paro, pacifistas ciento por ciento, sino en las de los terroristas contratados para camuflarse de encapuchados en las marchas y provocar la tragedia, es lógico que muchos ciudadanos desprevenidos estén atortolados.

El presidente Duque sabe bien que la marcha del 21 no se hace con el propósito de tumbarlo. Por el contrario. Se marcha en procura de que el doctor Iván Duque gobierne para los colombianos –cuarenta y cinco y pico de millones de seres humanos que habitan este país– y no para un grupito minoritario de terratenientes poderosos, y que se consagre a resolver los miles de problemas que enfrenta nuestra nación, y no a solucionarle al senador Uribe Vélez sus problemas jurídicos. Y también se sale masivamente a las calles a manifestarle al primer mandatario lo que él sabe de sobra: que los ciudadanos rechazan el paquetazo tributario y laboral preparado por la ultraderecha para apoderarse del escaso poder adquisitivo que todavía les resta a los colombianos. Ese es el propósito básico de la marcha ciudadana (estudiantes, trabajadores, educadores, campesinos, indígenas, afrodescendientes, mujeres y hombres) del 21 de noviembre. Aquí no estamos como en Bolivia, donde se da un golpe de Estado contra un presidente demócrata y se abalea sin compasión a sus partidarios que protestan inermes contra ese ataque aleve a la democracia, promovido por un grupúsculo violento de mafiosos atávicos medievales que creen estar viviendo en la época de las Cruzadas.

Las manifestaciones multitudinarias en Ecuador y Chile han sido y son pacíficas. La violencia proviene de la represión policial contra los ciudadanos que no quieren más gobiernos injustos y excluyentes. La violencia proviene de la hipocresía de un presidente, como Piñera, que por un lado pide perdón y promete una constituyente, y por otro les ordena a los carabineros reprimir a los manifestantes como si corrieran las épocas sanguinarias de Pinochet.

Aquí los actos de violencia que se han presentado en algunas de las últimas marchas no pueden atribuirse a los estudiantes y ciudadanos que caminan con la cara descubierta. Los terroristas son los encapuchados, pero el Esmad no persigue, ni captura a ningún encapuchado. Reprime con furia a los que marchan pacíficamente con el rostro visible.

Los vándalos no son los estudiantes ni los que expresan de manera pacífica su descontento con la situación actual. El presidente sabe, bien sabido, quiénes son los vándalos. Está en sus manos, como jefe del gobierno, ordenar a las autoridades que controlen el vandalismo terrorista, que les pongan el ojo y la mano a los encapuchados, y que vigilen a esos autodenominados “grupos antidisturbios”, que suelen ser los que generan los disturbios, como atinadamente lo afirma el brigadier general Eliécer Camacho, comandante de la Policía del Valle de Aburrá, quien rechazó la intervención del grupo antidisturbios formado en Medellín: “iniciativas como estas (los grupos privados antidisturbios) lo que van a generar son más problemas”, afirmó el general Camacho (EL TIEMPO, 14/11/2019).

Empodera tu conocimiento

Más de Enrique Santos Molano

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.