El misterio del metro

El misterio del metro

Desde 1944 ha habido una conspiración reiterada para frustrar la construcción del subte de Bogotá.

05 de marzo 2020 , 08:15 p.m.

Contraté los servicios de cuatro de los más célebres descifradores de misterios indescifrables, la señorita Marple, inglesa, y los señores Sherlock Holmes, inglés, Hercule Poirot, Belga, y el inspector Maigret, francés, (todos jubilados) para ver si eran capaces de solucionar el misterio de por qué la ciudad de Bogotá, capital de la República de Colombia, una urbe suramericana con algo más o algo menos (otro misterio) de diez millones de habitantes, llevaba setenta años tratando de tener un sistema de metro subterráneo como lo disfrutan las grandes ciudades, y que posiblemente tampoco lo tendrá en las siete décadas venideras.

Los cuatro me preguntaron si les estaba tomando el pelo. Juré por la Virgen del Campo que lejos de mí ocurrencia semejante, que el asunto era muy serio, y que necesitaba su ayuda con urgencia. Aceptaron el caso y se pusieron a trabajar en equipo, por primera vez en sus vidas. Después de investigaciones exhaustivas y de un examen minucioso, antropomórfico e idiosincrático de Bogotá, llegaron a una conclusión extraña, inesperada. Como vocero de los cuatro, habló Poirot.

—Poirot, monsieur le journalist, ha llegado con sus honorables colegas a la conclusión unánime de que el misterio del metro de Bogotá es inexplicable.

—Elemental —añadió el señor Holmes.

La señorita Marple y el inspector Maigret se limitaron a corroborar, con movimientos afirmativos de la cabeza, y muecas graciosas de incertidumbre, lo dicho por sus colegas.

Les pedí que se explicaran.

—Voilà —exclamó el detective belga—. Lo que hemos encontrado en nuestras pesquisas es tan… mon Dieu!… absurdo que hemos acordado no divulgarlo, porque nadie nos creería y pondríamos en riesgo nuestra reputación.

—Elemental —repitió el sagaz detective inglés.

Les pedí que me hicieran un resumen de su informe, con carácter confidencial. Poirot se rehusó, avergonzado, y le solicitó a la señorita Marple que hablara ella. La señorita Marple se disculpó de antemano si lo que iba a decir me resultaba extravagante or ridiculous, my dear, but … eso fue lo que encontramos y a lo que nos cuesta trabajo darle crédito.

—La escucho, miss Marple.

—Hemos encontrado que, desde el año de 1944, hasta hace ocho días, ha habido una conspiración reiterada y sistemática para frustrar cualquier intento de construir el subte de Bogotá. ¿Conspiración de quiénes? Transportadores + contratistas + urbanizadores que se apropiaron de las rutas urbanas, y que no querían metro, ni tranvía, ni trole ni ningún tipo de transporte público urbano, es decir, oficial, que le hiciera competencia al transporte público privado. Por eso cada intento de construir metro ha sufrido un saboteo implacable. Para no extenderme, señor, porque esta historia es repetitiva, larga y monótona, un alcalde que había recibido los dineros, a finales del siglo pasado, para hacer el subterráneo, los malversó y se inventó el Trasmilleno, conocido también como TransMilenio, que, según afirmó, ofrecía una capacidad de transporte superior a la del subte y estaba llamado a sustituirlo.

El TM resultó un superfiasco. Eran las mismas busetas de antes, camufladas en buses articulados, con cupo de carga superior, casi el triple de una buseta, pero igualmente atiborrados de pasajeros, como salchichas entre una lata. Para mover esos articulados, de alto poder contaminante por su combustible diésel, se inventaron también unas troncales, con estaciones horribles, que sirven para llenar de pasajeros los articulados con la misma delicadeza con que se mete el ganado a los camiones que lo llevarán al matadero. El plan del alcalde promotor del TM era, y es, convencer a los ciudadanos de que el TM es el único medio de transporte posible para esta ciudad, que no se necesita el transporte multimodal, ni metro, ni tranvías, ni trenes de cercanías, ni Regiotram ni nada que pueda competirle al TM y mermar las ganancias fabulosas de sus operadores. Igual que hicieron los transportadores antiguos.

—Elemental —reiteró el señor Holmes, que ha dejado la pipa por prescripción médica.

—Otro alcalde —prosiguió la señorita Marple— realizó el intento más serio que se ha hecho hasta hoy para dotar a Bogotá de metro subterráneo. Dejó listos los estudios, aprobados por los organismos financieros y estatales competentes, elogiado por los expertos más rigurosos, para que su sucesor hiciera cómodamente la primera línea en tres años, y se llevara los créditos, (como lo haría con el metrocable); pero el sucesor fue el mismo alcalde que veinte años atrás malogró el subte, y que volvió a repetir la hazaña, ahora con el cuento de que en vez del subterráneo, que ya estaba listo para licitar, haría un metro elevado fantástico, que saldría más barato. Cuatro años después, el proyecto del subterráneo está ahí, engavetado (sus estudios tuvieron un coste de ciento setenta mil millones de pesos), y el tal metro elevado resultó de veras fantástico, ni siquiera tiene estudios. La alcaldesa de Bogotá acaba de anunciar que ya no se estrenará en el 2025, sino en el 2028.

—Elemental —dijo mister Holmes— esa es la famosa táctica dilatoria, que se emplea cuando no se quieren hacer las cosas. Empiezan a darles largas y largas, hasta que nadie se acuerde de lo que iban a hacer, y que por supuesto no lo harán. Lo he visto muchas veces en mi vida. Elemental, mi querida Marple.

—Le escribimos —apuntó finalmente la señorita Marple— a nuestro admirado amigo, el gran urbanista londinense Norman Foster, para comentarle el caso. Respondió que si estábamos borrachos. Que no le pasaba por la cabeza que pudiera existir una ciudad en el mundo donde ocurrieran semejantes atrocidades contra el urbanismo y contra los ciudadanos.

—Elemental —concluyó Holmes.

Los cuatro se despidieron y al salir clavaron una mirada compasiva sobre el plano de Bogotá que tengo en la pared de mi escritorio, y menearon la cabeza dubitativamente. El señor Poirot se acercó y me dijo en voz casi inaudible: “Ahí tiene su misterio. Son demasiado poderosos y mezquinos los intereses que se mueven contra el metro subterráneo y el transporte multimodal de Bogotá. Auvoir, monsieur”.

‘Elemental’, pensé.

Enrique Santos Molano

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