El juego de la Séptima

El juego de la Séptima

Sería incorrecto decir, o suponer, que el Procurador y el juez procedieron a la ligera.

25 de abril 2019 , 07:43 p.m.

En lo que atañe a la troncal TM7 y a la primera línea del metro de Bogotá (elevado), así como a la solicitud de suspensión del proceso de adjudicación de la troncal, formulada a la alcaldía por la Procuraduría General, no se puede opinar con base en sentimientos personales o intereses particulares, sino teniendo en cuenta qué les conviene a Bogotá y a sus habitantes, que son el alma y la vida de la ciudad. Aquí el interés de los contratos, de los contratistas, de los urbanizadores, de los operadores, de los vendedores de buses, no puede estar por encima del interés supremo de los ciudadanos.

He leído con el mayor respeto y suma atención el artículo de la doctora Yaneth Mantilla, directora del IDU (EL TIEMPO 21/4/2019, ‘Obras más que palabras en Bogotá’) y la nota editorial de este diario (25/4/2029 ‘El Procurador y la Séptima’). En cuanto al editorial noté un sesgo de disgusto por la acción del Procurador, que “a ocho días de abrirse la licitación sorprendió” con pedido de suspensión del proceso adjudicatorio de los contratos de la troncal TM7, acción que podría ser la causante del fracaso de “un proyecto crucial” para la ciudad.

No veo en que pudo ser sorpresiva la acción del Procurador, si tenemos en cuenta que el 3 de marzo la representante María José Pizarro, y el 7 de marzo el senador Rodrigo Lara, radicaron en la Procuraduría General sendas solicitudes de investigación de una serie de posibles irregularidades en el proyecto troncal TM7. La solicitud de la representante Pizarro consta de diez páginas y la del senador Lara de otras tantas. Era de esperar que en cualquier momento el Procurador tenía que pronunciarse sobre ambas solicitudes, y tenía que hacerlo antes y no después de que se abriera el proceso adjudicatorio de contratos multibillonarios.

Sería incorrecto decir, o suponer, que el Procurador, y el juez, que han detenido la adjudicación de dichos contratos, procedieron a la ligera al priorizar un proyecto parcial denominado El Pedregal, “un desarrollo urbanístico de origen privado que lleva varios años en ejecución”, o “las dudas de los vecinos sobre el impacto vial” que pueda causarles la obra. Pienso que tanto la Procuraduria como el juez no actuaron sin tener fundamentos sólidos para haber tomado la determinación que tomaron.

El proyecto parcial El Pedregal no es un desarrollo urbanístico sobre un pedregal, y aunque sea de origen privado, es un proyecto fundamental de renovación urbana parcial ubicado en la avenida carrera 7ª con la Avenida 100. ¿Por qué es importante? Porque además del complejo de viviendas, oficinas, parques, centros comerciales, etc., constituye (o debería constituir) una plataforma intermodal de transporte, a la cual confluyen el metro subterráneo, el tranvía eléctrico, y demás sistemas de transporte público destinados a movilizar más del triple de pasajeros que el proyecto troncal TM7, y a originarle al distrito un ingreso de más de dos billones de pesos, además de la autofinanciación del metro subterráneo, y sin ninguno de los inconvenientes irremediables que le hemos visto al TM, día por día, en los casi veinte años que lleva de mal funcionamiento, y que podemos encontrar puntualmente descritos en los archivos de prensa, hasta hoy.

Los seudo estudios presentados para el proyecto troncal TM7 no armonizaron tal proyecto con el proyecto parcial de renovación urbana que se adelantó de acuerdo con la plataforma intermodal de transporte, plataforma que no fue tenida en cuenta por el TM7 y que en consecuencia desarmoniza por completo con el desarrollo urbanístico renovador de El Pedregal, destinado a solucionar definitivamente los problemas de movilidad de la franja oriental del Distrito Capital, desde la calle 26 hasta la 200 y desde la carrera 7ª hasta la carrera 13. Y no únicamente del tramo que abarca la parte arquitectónica de El Pedregal. La Troncal TM7, y todo el proyecto fantasioso de atiborrar la ciudad de articulados diésel (chimeneas de alta capacidad contaminadora) no mejorará la movilidad en Bogotá, como no la mejoró la troncal TM de la Caracas, que el señor Peñalosa nos vendió en su momento en calidad de “sustituta ventajosa del metro subterráneo”. Desechar un sistema de transporte multimodal por uno unimodal, es tanto como asegurar que con una pierna podemos caminar mejor y más rápido que con las dos.

La decisión de la Procuraduría de abrir investigación a las presuntas irregularidades del proyecto TM7 no se refiere únicamente a la falta de armonización de ese proyecto con lo planificado para el proyecto de renovación urbanística parcial de El Pedregal. “La Procuraduría también tomó medida disciplinaria contra la directora del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) Yaneth Rocío mantilla Barón, y otros siete funcionarios, a los que abrió investigaciones por presuntas irregularidades en la licitación LP-SGL-014 de 2018 por más de dos billones de pesos para la construcción de la troncal de TransMilenio por la carrera 7ª de Bogotá”.

Pueden patalear lo que quieran los amigos (muy pocos) del proyecto TM7, pero el procurador y el juez que adoptaron la medida no han procedido sin un conocimiento de causa profundo, y con toda probabilidad contribuirán a salvar la capital de un desastre del que tardaría el resto del siglo en reponerse. El juz requirió en varias ocasiones a la alcaldía para que presentara los diseños de ingeniería que garantizan los estudios de suelos de ladera, la construcción de muros de contención en puntos críticos donde la escorrentía es permanente, y en los que un movimiento inusitado de tierras podría generar el deslizamiento y derrumbe de múltiples edificaciones a lo largo de la carrera 7ª. No obtuvo ninguna respuesta por parte del IDU ni de la administración. ¿Podía tomar determinación distinta a la que prudentemente adoptó, basado en la amplia documentación técnica y científica que presentaron los demandantes?

El metro elevado presenta tantas, o más, irregularidades que el TM7. A ellas, así como al artículo de la doctora Mantilla, me referiré en próximas columnas, Dios mediante, porque el tema no se agota y lo que está en juego es la suerte de Bogotá.

Dice EL TIEMPO en su editorial citado, y con razón: “Confiamos en que este impasse que surge a último momento esté inspirado en razones ciertas y de fondo. Y no sobra recordar a ciertos actores el enorme daño que pueden ocasionar aquellas denuncias sin fundamento hechas al calor del debate electoral y en perjuicio de la ciudadanía”. Compartiendo la sensatez de esta observación, repito que ni el Procurador General de la Nación (que por fortuna ya no se llama Ordóñez), ni un juez de la república, tomarán una medida como la que comentamos sin razones “ciertas y de fondo”. Ojalá la alcaldía tuviera, y pudiera mostrarle a la ciudadanía, esas mismas razones “ciertas y de fondos” para insistir en un proyecto tan dañino como el TM7. Por otra parte, ni el procurador, ni el juez están en campaña electoral, ni tampoco lo estamos quienes hace más de tres años hemos venido insistiendo (¡que tipos tan cansones!) con argumentos macizos, en la inconveniencia de convertir la Avenida Séptima en una troncal. Será peor que la hoy menguada Avenida Caracas.

Sal de la rutina

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