El despilfarrador

El despilfarrador

Gastar semejante suma en destruir un parque bellísimo es un acto de detrimento urbano.

14 de junio 2019 , 07:00 p.m.

Pasé hace unos días por donde queda –o quedaba—el Parque del Japón, en la calle 87 con carrera 11. La sensación, primero, fue de estupor ante el contraste grotesco de lo que allí había y de lo que hay ahora. En seguida, un sentimiento de ira ciudadana por la destrucción de un bien público, de una propiedad pública, a manos de quien, primero que todos, está en la obligación de proteger y conservar los bienes públicos: el alcalde.

En el lugar mencionado había permanecido, por más de ochenta años, el Parque del Japón, un parque de barrio, del barrio La Cabrera. Un jardín inaugurado, si no me equivoco, en 1937, y donado por el Gobierno del Japón para contribuir al embellecimiento y ornato de la ciudad de Bogotá. Aunque estuviera situado en el barrio La Cabrera, ese parque nos pertenecía a todos. No lo rodeaban rejas, ni muros que restringieran el paso ni obstruyeran la vista. Solo un CAI discreto ocupaba parte menor de ese espacio público. Cualquier ciudadano podía cruzar sus senderos, rodeados de árboles (ya tumbaron algunos y quizá no dejarán uno en pie), o sentarse en un banco a respirar aire fresco y oxigenar sus pulmones, sin que nadie lo molestara. Visualmente, el Parque del Japón reconfortaba con su verdor espléndido y refrescante.

Hoy, el ciudadano solo encuentra allí una cerca de plástico azul mugriento que rodea y tapa por completo el área del parque y que, incluso, invade parte de la calzada de la 11A, sobre la que se eleva una valla cínica que informa: “Estamos construyendo el nuevo Parque del Japón”.

La obra de la cancha sintética del parque esfumado costará 3.950 millones de pesos. ¿Se necesitaba esa cancha? ¿Era de urgencias suprema?

Otra mentira, como todo lo que dice el señor Peñalosa, desde su título chimbo de doctor hasta su amor rechimbo por los árboles y el medioambiente. Ama tanto los árboles que adelanta acelerado su programa talador; y es tal su devoción por el medioambiente que está renovando la flota de articulados viejos a diésel, que han contaminado a niveles peligrosísimos el aire que respiramos los bogotanos, por buses nuevos a diésel y a gas, que seguirán contaminando con la misma eficacia que lo hacían los viejos. A eso, el señor Peñalosa, llama “nuevo”.

Como el ‘nuevo’ Parque del Japón; pero no habrá ningún parque nuevo. El viejo parque, entrañable e irreemplazable, desaparecerá –ya desapareció— y en su lugar tendremos una cancha sintética de fútbol, en la que nadie jugará fútbol, ni básquet ni nada. Constituirá un adefesio insoportable. Insoportable y costosísimo. La obra de la cancha sintética del parque esfumado costará 3.950 millones de pesos. ¿Se necesitaba esa cancha? ¿Era de urgencias suprema? ¿No hay otras obras prioritarias en las cuales invertir el dinero que los ciudadanos le aportan al erario con tanto esfuerzo pecuniario para sus bolsillos maltratados?

Gastar semejante suma en destruir un parque bellísimo, que todos amábamos y añoramos, (acabando, de paso, con un pulmón del sector), para cambiarlo por una cancha sintética que nadie pidió, que nadie quiere, es un acto de detrimento urbano y económico que debería, cuando menos, despertar la curiosidad de los entes de control.

Las dos únicas obras importantes que ha entregado el alcalde Peñalosa, el metrocable de Ciudad Bolívar y la Cinemateca Distrital de Las Aguas, son las que le dejó financiadas, diseñadas y listas para ejecutar la administración Petro.

Alguien de los entes de control debería pedirle al alcalde Peñalosa que rinda cuentas, al detal, de en qué se ha gastado, en este cuatrienio, el dinero de la ciudad.

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Está tomando fuerza incontenible la candidatura de Adelina Covo para la alcaldía de Cartagena, por la alianza de Colombia Humana-Unión Patriótica. Adelina Covo, escritora e historiadora, autora de best seller como Una historia tenebrosa, novela sobre el asesinato de Rafael Uribe Uribe, es también abogada, ha desempeñado diversos cargos públicos, con una hoja de vida ejemplar. Conoce su ciudad como pocos. Ha dado batallas frontales contra la corrupción y en Cartagena goza del afecto ciudadano general y del desafecto de los corruptos. Gustavo Petro le ha expresado su respaldo, convencido de que una personalidad como Adelina Covo está capacitada para enfrentar los desafíos que representa gobernar una ciudad tan importante como Cartagena, agobiada por tantas y tan diversas complicaciones.

Adelina Covo no es figura que haga campaña electoral diagnosticando problemas ya sobrediagnosticados. Adelina hace campaña proponiendo soluciones. Si llega a la alcaldía, tiene la fuerza de voluntad, la disciplina y el conocimiento para aplicar esas soluciones en colaboración estrecha con los ciudadanos.

Adelina Covo, si sus conterráneos la eligen, será la alcaldesa heroica de la Ciudad Heroica.

Sal de la rutina

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