Domingo Humano

Domingo Humano

Cambiar la historia no se trata de revanchismo o venganza, sino de equilibrar la sociedad.

15 de junio 2018 , 12:00 a.m.

Estamos a un paso de cambiar la historia. Este domingo podremos hacerlo con la voluntad de los electores de la Gran Coalición por la Paz (Colombia Humana, Mais, Unión Patriótica, Fuerza Ciudadana, Alianza Verde, Polo Democrático Alternativo y Nuestro Partido es Colombia) que respalda las candidaturas de Gustavo Petro a la presidencia y Ángela María Robledo a la vicepresidencia de la república para el cuatrienio constitucional 2018-2022. Esa gran coalición de colombianas y de colombianos es una fuerza electoral formidable capaz de sumar más de doce millones de votos en favor de la democracia real, del ejercicio pleno de los Derechos Humanos, de la justicia social y de la paz.

¿Qué significa cambiar la historia? Una suma de complejidades. La historia de Colombia podría ser otra si a lo largo de sus ya casi doscientos años de vida republicana los recursos humanos y los recursos naturales del país no hubieran sido tan mal utilizados (para su enriquecimiento exclusivo) por una élite gobernante corrupta, avariciosa, mediocre y miope. Si esos dirigentes de la élite hubieran tenido la visión humanista y la praxis desinteresada de unos patriotas, hoy estaríamos entre las naciones más pujantes y equitativas del mundo, y no, como estamos, entre las más inequitativas e injustas de la tierra.

Una nación donde los privilegios de la vida están acaparados por un tres por ciento de habitantes parásitos que consumen la riqueza que produce el noventa y siete por ciento. Ese desequilibrio abismal de nuestra sociedad ha tenido como defectos congénitos la corrupción inmensa y la violencia ejercida por los opresores para enriquecerse y para callar la protesta de los oprimidos.

Cambiar la historia no se trata de revanchismo, ni de saciar resentimientos o venganzas, sino de equilibrar la sociedad, garantizar la protección correcta y cabal de las garantías constitucionales, poner en práctica el Estado Social de Derecho, implantar la equidad de oportunidades (más oportunidades para los más débiles), factores indispensables para drenar el pus de la corrupción hasta conseguir la asepsia social completa. Una nación integrada en su totalidad por personas honestas y decentes. En resumen, convertir la Colombia Inhumana en que hoy vivimos, en una Colombia Humana.

Ese desequilibrio abismal de nuestra sociedad ha tenido como defectos la corrupción inmensa y la violencia ejercida por los opresores para enriquecerse y para callar la protesta de los oprimidos.

En el curso de su historia, Colombia ha tenido gobernantes próvidos que intentaron deshacerse de la tara colonial que las oligarquías herederas del régimen feudal, han mantenido hasta hoy, acomodándolo a las modalidades de la tecnología. Contra aquellos buenos gobernantes, el poder de la clase dominante desató siempre feroces campañas de difamación y de descrédito.

A Antonio Nariño, que propuso hacer propietario de la tierra al campesino que la trabaja, le inventaron que se había robado la plata del Tesoro de Diezmos; a Simón Bolívar, que impuso la protección de los recursos naturales y del trabajo nacional, intentaron asesinarlo; a los presidentes Mosquera, Núñez y Reyes que introdujeron reformas económicas antifeudales, intentaron asesinarlos; a Alfonso López Pumarejo, que inició una revolución en marcha para acabar de una vez por todas con el reinado feudal, lo atacaron con una saña sin ejemplo; a Ernesto Samper le montaron el proceso ocho mil por la herejía de apartarse del consenso de Washington y proponer la creación de un millón y medio de empleos nuevos productivos; al presidente Santos lo han estigmatizado y calificado de traidor por atreverse a buscar y conseguir la Paz, después de una guerra de setenta años que arrojó más de seis millones de víctimas.

Gustavo Petro no ha sido ni será la excepción ante el arsenal de calumnias y de ataques arteros de que dispone la ultraderecha feudal (que no es la misma derecha democrática, importa aclararlo); pero a diferencia de sus antecesores en el empeño de cambiar la historia, cuenta con el respaldo de una opinión madura, que entiende su papel en el cambio y que, gracias a la Paz firmada en los acuerdos de La Habana, ha ido recuperando sus capacidades de reflexión y de aquilatamiento de las ideas. No de otro modo podría entenderse que la Colombia Humana, explicada por Gustavo Petro de modo exhaustivo y didáctico, en cientos de plazas públicas repletas de mujeres y de hombres que ya respiran el cambio, haya calado tan hondo en esas colombianas y en esos colombianos que le van a dar un vuelco a nuestra historia.

No pudimos ver el gran debate que todos esperábamos entre el candidato del Centro Democrático, Iván Duque y el candidato de Colombia Humana, Gustavo Petro. Aquél se negó en redondo, y creo que hizo bien. El debate habría puesto en evidencia su inferioridad ante Petro. Duque no tiene ninguna experiencia administrativa, su capacidad intelectual, como la hemos visto en sus presentaciones por TV, es mediocre, carece de ideas propias, habla, sí, con fluidez, pero no dice nada importante. Como reza el refrán popular “Le falta pelo pal moño”. Le falta mucho por aprender del arte de gobernar, y si llegara a ser elegido presidente, ¡que el Señor nos coja confesados!

Pero el Señor está con la Colombia Humana y este domingo cambiaremos la historia.

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Se ha hablado mucho de un posible fraude, incluso hay expectativa internacional al respecto, como lo vemos en un boletín emitido el pasado 11 de junio por France Amérique Latine, que expresa:

“Frente a las numerosas denuncias de fraude respecto a la primera vuelta de las elecciones, llamamos al gobierno y a las instituciones a dar pruebas de imparcialidad, y excitamos a la ciudadanía a permanecer vigilante y a movilizarse para denunciar las anomalías”. El texto completo del comunicado de France Amérique Latíne, en francés y en español, puede leerse en el siguiente enlace:
http://www.franceameriquelatine.org/colombie-la-paix-au-centre-des-enjeux-communique-de-france-amerique-latine/

ENRIQUE SANTOS MOLANO

Columnistas

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