Corruptos en su salsa

Corruptos en su salsa

La casa por cárcel, o incluso la cárcel por casa, son castigo benigno.

20 de junio 2019 , 07:29 p.m.

En algún tuit escribí, hará un par de días, que nada en Colombia es sostenible, excepto la corrupción. El Congreso de la República confirmó el miércoles esa hipótesis. En un mundo dominado por la ultraderecha, la corrupción es la reina madre. ¿Imaginan ustedes nada más corrupto y podrido que el régimen nazi de Adolfo Hitler y sus secuaces? ¿O que los gobiernos de Mauricio Macri en Argentina y Jair Bolsonaro en Brasil?

Pues en Colombia no podía ser de otro modo. Estamos bajo el dominio de un régimen de ultraderecha y, en consecuencia, la corrupción impera. Once millones y medio de ciudadanas y ciudadanos colombianos votaron por la lucha contra la corrupción. Por un pico de votos, no se logró el umbral para convertir esa lucha en un mandato de cumplimiento inmediato. Los veinte millones de ciudadanos que se abstuvieron de votar el referendo anticorrupción (ni a favor ni en contra) ¿lo hicieron porque no apoyan la lucha contra la corrupción, o porque les resulta indiferente que el país esté en manos de corruptos o que esté en manos de personas honradas?

La sanción real, la que sí haría temblar a los corruptos, sería obligarlos a devolver el producto de sus actos de corrupción, más una multa por cantidad igual.

Pienso que esos veinte millones de abstencionistas no son ciudadanos corruptos, ni aprueban la corrupción. Son indiferentes. Y la indiferencia, en este caso, es una forma de complicidad, quizá la peor, con la corrupción. Tanto como la de votar a ciegas, movidos por propaganda engañosa y efectiva, para llevar corruptos a los cargos de elección popular o depositar un voto en contra de la paz. No es imaginable un escenario peor que un congreso donde un puñado de corruptos hace leyes. O no las deja hacer, como ha sucedido con el proyecto de ley de lucha contra la corrupción.

¿Continuaremos entonces con el espectáculo edificante de funcionarios corruptos que asaltan el erario y, si son pillados, pasan encerrados en su casa unas largas vacaciones, pero no devuelven lo robado? Ahí está el negocio. Unos años de encierro domiciliario, y después a disfrutar del dinero mal habido. La casa por cárcel, o incluso la cárcel por casa, son castigo benigno. La sanción real, la que sí haría temblar a los corruptos, sería obligarlos a devolver el producto de sus actos de corrupción, más una multa por cantidad igual. Eso los haría pensar tres veces antes de meter la mano en el erario. ¿Quién le pone el cascabel al gato?

De acuerdo con el relato que hace EL TIEMPO (20/6/2019, ‘Congreso hundió eliminación de la casa por cárcel para los corruptos’), la forma como se produjo el hundimiento del proyecto de ley anticorrupción, presentado por la Fiscalía, fue una comedia grotesca en la que el presidente del Senado hizo el papel de payaso principal, aplaudido por sus colegas del Centro Democrático, partido minoritario que, burla burlando, ha hecho lo que le ha dado la gana en esta primera legislatura del gobierno Duque. Muy bien dirigido, eso sí, por el senador en jefe Álvaro Uribe Vélez.

De ese año de legislatura desdichada, lo único que, cosa lamentable, van a recordar los colombianos es que la corrupción quedó en su salsa. Ojalá los electores lo tengan presente en octubre y que en estos cinco meses examinen, con el rigor que exige un acto democrático, la hoja de vida de cada uno de los candidatos a concejos, asambleas, gobernaciones y alcaldías. Que lean y discutan con ojo crítico, línea por línea, los programas de los distintos partidos. Si no somos capaces de escoger a los mejores, a los decentes, a los sabios, seguiremos bajo el imperio de la corrupción. Nos daríamos a nosotros mismos la casa por cárcel. No por corruptos, sino por permitir indolentes que los corruptos saboreen a placer su salsa y nos pongan a pagarles el almuerzo. Recordemos en octubre que el hueco fiscal abierto por los corruptos lo tapan con aumento de impuestos al buen contribuyente.

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