El virus más letal

El virus más letal

Hay otras plagas más peligrosas que el coronavirus. La más letal es la indiferencia colectiva.

14 de enero 2021 , 09:25 p. m.

No se crea que el coronavirus que causa el covid-19 y sus sucedáneos son la peor plaga que afecta a nuestro planeta. Hay otras más peligrosas, y entre ellas la peor, la más letal es la indiferencia colectiva. Esa indiferencia revierte en permisividad para actos arbitrarios y abusos de poder en los círculos dominantes, cuyas decisiones favorecen sus intereses, pero recaen, casi siempre de manera atroz, sobre la colectividad indiferente.

Acaso pocos recuerden a un pensador colombiano epónimo, que ocupó con brillo cargos públicos importantes —contralor general, gobernador del Tolima, alcalde de Bogotá, ministro de Hacienda— y formó la biblioteca particular más grande de Colombia, y una de las más grandes, en su género, de América Latina (70.000 volúmenes). Alfonso Palacio Rudas (1912-1996) fue el fundador y único miembro de una institución que, sin embargo, arrastró numerosos seguidores mientras vivió el ‘Cofrade’ y mantuvo ‘La Cofradía’, una columna de opinión crítica, incisiva, e incómoda con frecuencia, que escribió en ‘El Espectador’ durante varios años.

La doctrina política, económica y sociológica de ‘La Cofradía’ se sintetiza en un aforismo fisiológico: “El secreto de una buena digestión está en no tragar entero”. De ahí que la columna de Palacio Rudas se conoció como ‘La Cofradía de los que no tragan entero’.

Alfonso Palacio Rudas sostenía que los colombianos son un pueblo con muchas virtudes, malogradas por un defecto capital. Todo se lo tragan entero; no han aprendido a masticar bien los alimentos antes de pasarlos, ni a pensar (que es la forma masticar con la mente) antes de actuar.

Esa, no sé cómo llamarla, digamos costumbre de tragarse enteras las apariencias sin examinarlas, sin cuestionarlas, sin masticarlas, baja al máximo las defensas críticas y facilita la inoculación del virus del indiferentismo. Los efectos de dicho virus dejan a los afectados, individual o colectivamente, a merced de cualquier cuentero, culebrero o embaucador habilidoso, incluso, genial, como Goebbels. No obstante, sus resultados suelen ser trágicos.

En la situación tan grave en todos los órdenes que vive nuestro país, no podemos permanecer indiferentes ante la ola criminal que amenaza con volverse tsunami. En esta primera quincena de enero del 2021 han sido asesinadas en el suroccidente del país (Cauca, Nariño y Valle) y en otras regiones más de treinta personas entre líderes sociales, ambientalistas, excombatientes de las desaparecidas Farc-EP, activistas de Derechos Humanos y educadores, y se han perpetrado veinte feminicidios. ¿Podremos permanecer indiferentes frente a horror semejante, cobijado por absoluta impunidad? ¿Caerán en el vacío de nuestra indiferencia los llamados de la ONU a ponerles fin a la violencia y al narcoterrorismo en Colombia?

Enrique Santos Molano

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