Unidad, la opción mágica (2)

Unidad, la opción mágica (2)

El llamado de Simón Bolívar a la unidad debe resonar hoy, clamoroso, incesante, en los corazones.

19 de noviembre 2020 , 09:25 p. m.

Michael Moore, famoso humorista político y documentalista cinematográfico estadounidense, envió una carta a Joe Biden, presidente electo de los Estados Unidos. El texto de la carta, que circula por las redes, traducido a varios idiomas, ha causado conmoción en el mundo y puesto a reflexionar a la gente pensante, que no es poca.

Moore, duro crítico de los Bush, los Clinton y Obama, recuerda de entrada cómo conoció en la convención demócrata del 2004 en Boston al hoy presidente electo, y cómo de su charla con él llegó a la conclusión de que, detrás de la perfección de los dientes de Biden se esconde un hombre profundamente y sinceramente preocupado por la suerte de los humildes y los desposeídos, que en su país son millones, y en el resto del mundo ni se diga. Moore confirmó esa primera impresión sobre Biden con algunas anécdotas posteriores, de apariencia venial, pero muy significativas para conocer y calibrar el carácter de una persona. Ello le da pie a Moore para decirle al presidente electo algo de suma importancia y que, en mi opinión, es el eje de su epístola:

“Al final de nuestra charla (del 2004) estaba convencido de que había algo bastante real y muy bueno en usted, aunque quizá un poco escondido por dentro. ¿Saldría alguna vez para que el público pudiera conocerlo? Al reflexionar hoy sobre eso y sobre usted, espero con sinceridad que gobierne como presidente de la clase trabajadora. Usted, uno de nosotros, en la Casa Blanca. Así es como debería sentirse. Sus acciones, si son audaces y valientes, lo harán realidad.”

Moore analiza más de doscientos aspectos para realizar en los cuatro años venideros un programa social que saque a los Estados Unidos de la crisis (multicrisis) más grave de su historia. Quizá haya un exceso de optimismo por parte del documentalista satírico inimitable, al creer que una crisis de la magnitud de la actual pueda resolverse en cuatrienio, aun sin contar con la mala voluntad y la oposición de los plutócratas que han triplicado sus fortunas con el desastre provocado por ellos mismos, que miran a la clase trabajadora como material de desecho y no les interesa preocuparse por nada que beneficie a los trabajadores, como hemos podido comprobarlo en esta crisis.

Pero hoy existe una fuerza política internacional nueva y decidida a dar la gran batalla por los derechos de la clase trabajadora, por los derechos humanos, por la restauración de la democracia, como la definió Lincoln. Esa fuerza es el progresismo, el poder ciudadano, de mujeres y de hombres, en todas partes, resueltos a luchar hombro a hombro para asegurar una vida decente y asegurársela a las siguientes generaciones. Una vida donde el trabajo sea, de acuerdo a la conclusión científica de Adam Smith, la fuente de la riqueza, de la felicidad y del progreso.

¿Qué esperamos los latinoamericanos del gobierno de Joe Biden? No mucho en cantidad, sí en calidad. Esperamos que él comprenda que Estados Unidos necesita de América Latina tanto como América Latina necesita de los Estados Unidos. En tal sentido esperamos que la vieja relación imperio-colonias se modifique en una relación mutuamente respetuosa, de democracia-democracia. Esperamos que consecuentemente desaparezca la diplomacia imperialista. No más intervención en los asuntos internos de los países, no más golpes de Estado prefabricados para liquidar gobiernos que se nieguen a arrodillarse ante Washington. Los latinoamericanos con dignidad no esperamos más ni esperamos menos del gobierno de Joe Biden. Ese cambio de relación inmortalizará su nombre y será un factor trascendental para el futuro de todos.

Sabemos, claro, que la decisión de ese cambio chocará con los halcones de ultraderecha. Tampoco alcanzará con el apoyo interno de las fuerzas progresistas que lidera Bernie Sanders, millones de jóvenes y de adultos que con su voto hicieron posible la victoria. Los halcones de Washington y del deep State (Estado profundo) se negarán a aceptar que América Latina ya no es su patio trasero.

La pieza clave aquí, la palabra mágica, la opción milagrosa es la unidad de las naciones latinoamericanas, tantas veces intentada y otras tantas frustrada por los colonialistas estadounidenses. En esta ocasión, los latinoamericanos no podemos fracasar. Somos pueblos hermanos que lo tienen todo en común. Mientras no integremos los cerca de cincuenta países latinoamericanos y del Caribe, una comunidad geopolítica sólida que no grite a nadie ni se deje gritar de nadie, tampoco tendremos el respeto de nadie. El llamado de Simón Bolívar a la unidad en 1826 debe resonar hoy, clamoroso, incesante, en todos los corazones, desde México hasta la Patagonia.

Enrique Santos Molano

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