Historia de la séptima (3)

Historia de la séptima (3)

Esa Bogotá antigua, que fue creciendo a imagen de la séptima, estaba integrada por ocho barrios.

29 de octubre 2020 , 09:25 p. m.

Bogotá se configuró alrededor de lo que hoy es el tramo histórico de la carrera séptima, entre calles 1 y 24 de sur a norte, y carreras 1 a 17, de oriente a occidente, sector que conforma el centro histórico de la capital, o como, con razón, dirían los centenaristas, “la Bogotá antigua”, o la City de las capitales europeas y algunas latinoamericanas, entre ellas Buenos Aires.

Esa Bogotá antigua o colonial, que fue creciendo curiosamente a imagen y semejanza de la séptima, estaba integrada por ocho barrios. La Catedral, Santa Bárbara, (centro sur), Del Príncipe, San Jorge (centro norte), oriental de Las Nieves, occidental de Las Nieves (norte), Del Palacio (centro, entre actuales carrera 7ª y carrera 8ª, y desde la plaza Mayor, hoy de Bolívar, hasta el río San Agustín); y San Victorino (occidente).

Tal estructura urbana y administrativa se conservó intacta durante la Colonia, con una característica demográfica ondulante. La población crecía o disminuía según quien hiciera el censo. El más preciso parece ser el del padre Oviedo, sacerdote jesuita, que en 1766 empadronó casa por casa y computó, en números redondos, un total de 33.000 habitantes. En otro censo realizado poco antes del 20 de julio de 1810, cuarenta y cuatro años después del censo Oviedo, la población de Bogotá apenas alcanzaba a los 20.000 habitantes. Fluctuaciones semejantes se repitieron a lo largo de los siglos diecinueve y veinte y continúan en nuestros días. La cifra exacta de la población de Bogotá es uno de los grandes enigmas de la estadística; pero sí hay unanimidad en la apreciación de que la zona de mayor movimiento y densidad poblacional ha sido siempre la situada a lado y lado de la carrera séptima y sus zonas circundantes al oriente y al occidente.

En los años iniciales de la República (primera mitad del siglo diecinueve) no hubo modificaciones sustantivas en la estructura urbana heredada de la Colonia, caracterizada por el diseño de la cuadra española, que después contribuimos a desmejorar con trazados arbitrarios, acomodados al interés de los dueños de la finca raíz, razados que han sido muy útiles para entorpecer al máximo la movilidad. El único cambio notable en esa época republicana inicial fue el de la unificación de los barrios La Catedral, del Príncipe y San Jorge, en uno solo con el nombre de barrio de La Candelaria.

El nacimiento de la nueva Bogotá (calle 24 al norte) se da al comenzar la segunda mitad del siglo diecinueve. Muchas familias acomodadas de la capital descubren que el vecino poblado de Chapinero es un sitio paradisiaco. Lleno de árboles frondosos de distintas especies, y bañado por quebradas de agua cristalina que bajan de la montaña y cruzan la séptima, considerada como el camino a Tunja que abrieron los mwiskas. Los bogotanos afortunados compran en torno del poblado, entre las actuales calles 61 y 67, lotes en los que construyen numerosas quintas veraniegas, aunque el uso residencial, para quien tenía sus negocios y su casa en Bogotá, era escaso por las condiciones pésimas del camino entre Bogotá y Chapinero. En noviembre y diciembre las familias bogotanas que poseían quinta en el paraíso de Chapinero (“el paraíso perdido”) se iban allí a celebrar el aguinaldo y se divertían de lo lindo en unas fiestas gloriosas que Eugenio Díaz describe en su novela encantadora Los aguinaldos en Chapinero.

El auge de Chapinero como sitio ideal para descansar sugirió a muchos el pensamiento de que también podría ser un lugar ideal para vivir, hasta que por fin dieron con la manera de tirarse el paraíso. En la alcaldía de Higinio Cualla, por la presión de los ciudadanos pudientes e influyentes, se construyó e inauguró el tranvía de mulas a Chapinero, por concesión a una empresa estadounidense. El tranvía de mulas de Bogotá era de completa propiedad del ciudadano gringo Mister Martin. Lo único bogotano del tranvía de mulas, que se desplazaba desde San Francisco, por la carrera séptima, hasta la calle 67, eran las mulas y los pasajeros.

Enrique Santos Molano

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