ETB, una historia bogotana, y mucho más

ETB, una historia bogotana, y mucho más

Una empresa que nos pertenece a todos y a todas, y que estamos en el deber de conservar y apoyar.

13 de agosto 2020 , 09:25 p. m.

(Continuación de la anterior)

El dolor de cabeza de la ETB, en la posautomatización telefónica, era el exceso de demanda ciudadana de nuevas líneas y la escasez de oferta de las mismas por parte de la empresa. A principios de los cincuenta apareció el primer directorio telefónico, con poco menos de cuarenta y cinco mil suscriptores. A mediados de la década, la marcación de cinco números pasó a seis al superarse las cien mil líneas activas. La demanda siguió superando la oferta, problema que afectaba a la mayoría de las capitales latinoamericanas. En un número de ‘La Nación’ de Buenos Aires, de 1961, puede leerse la carta de un ciudadano optimista en la que invita a la fiesta que dará para celebrar el primer aniversario de solicitud insatisfecha de su línea telefónica. Confiaba en que al año siguiente celebraría el nacimiento de su teléfono.

Ese año, el presidente Alberto Lleras nombró alcalde de Bogotá al concejal Jorge Gaitán Cortés, arquitecto urbanista, uno de los pocos profesionales suramericanos que habían estudiado a fondo el urbanismo científico, es decir, el urbanismo que se ocupa, no en hacer negocios particulares, sino en mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Sin hacer bulla, Gaitán Cortés emprendió la tercera, y la más profunda, de las transformaciones progresistas que ha tenido Bogotá. Las dos anteriores fueron la de Higinio Cualla (1884-1896, período de la Regeneración) y la de la República Liberal (1930-1946, con el plan urbanístico de Karl Brunner).

Una de las preocupaciones más acuciantes de Gaitán Cortés fue la de cumplir al máximo posible la demanda de líneas telefónicas. La oferta empezó a acelerarse, mas no con la velocidad que Gaitán Cortés deseaba. El alcalde llegó a la conclusión de la necesidad de un equipo de profesionales especialistas en telefonía. En 1964, la administración distrital le dio vía libre a la creación de la Asociación Nacional de Técnicos en Telefonía y Comunicaciones Afines (Atelca), que se encargó del mejoramiento en la calidad del servicio y la atención eficiente de la demanda de líneas para una ciudad que, según datos del propio alcalde Gaitán Cortés, venía creciendo, de diez años atrás, a un promedio de trescientos mil habitantes por año.

Gaitán Cortés permaneció cinco años como alcalde. Le entregó el cargo a su sucesor, Virgilio Barco Vargas, en agosto de 1966. Si queremos apreciar el cambio asombroso que tuvo la capital en aquel quinquenio (1961-1966) basta comparar el directorio telefónico de 1961 con el de 1966, para entender cómo funciona una buena administración y cómo las comunicaciones, en su calidad de servicio público, jalonan el desarrollo de una ciudad. El avance, claro, no se detuvo con la salida de Gaitán Cortés. Para los años noventa, el boletín modesto y flaquito de suscriptores de 1950 se había convertido en un grandulón de dos volúmenes de dos mil páginas y pico cada uno. El primero de ‘páginas blancas’ contenía la lista de abonados; el segundo, ‘páginas amarillas’ con anuncios de todo género, en orden alfabético.

Pero en la década de los ochenta estalló la tercera revolución industrial y comenzó la era digital. Todo cambió con tal rapidez que muchos de los que usamos el teléfono de discado, por más de cuarenta años, demoramos demasiado en asimilar el nuevo orden tecnológico y nos negamos neciamente a aceptar que, de repente, los teléfonos de discado se habían vuelto una reliquia del pasado, tal vez como nosotros mismos, y que la digitalización gatopardista “lo modificaría todo para dejarlo todo igual”; pero distinto, como una ilusión a la que nos vamos acostumbrando.

La ETB, y Atelca, su hija mayor, estaban alertas del gran cambio ‘ad portas’, y ya en los ochenta se prepararon para asumirlo. En febrero de 1992, la Empresa de Teléfonos de Bogotá (ETB), parte inseparable de la historia bogotana de más de un siglo, cambió su razón social por Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB). En la nueva etapa fue decisiva la acción de Atelca para sostener la ETB a la vanguardia de la revolución digital, como veremos en la tercera y última columna de esta serie sobre una empresa que nos pertenece a todos y a todas, y que estamos en el deber de conservar y apoyar.

Enrique Santos Molano

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